En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier
institución mental o a cualquier centro de reinserción social al que tengas
acceso. Alcanza el escritorio principal y pregunta por el paciente conocido
como: El Maestro de los Títeres. No podrás preguntar por este portador, si no
posees El Objeto 2534: La Caja de
Sorpresas y mucho menos pasar su prueba, si no traes contigo El Objeto 147: La Aguja.
La, o el recepcionista, te dirá que no existe alguien
llamado así. Tendrás que pedirle que revise una segunda vez. Si se niega,
ayúdalo o ayúdala, diciéndole que busque el tomo de registros número 2, sección
5, pagina 3, línea 3. La, o el recepcionista, se alzara de súbito, como si unos
hilos invisibles la guiaran. Síguela. Nadie advertirá su extraño
comportamiento.
Mediante avanzas a paso lento, mira fijamente la espalda de
tu guía. A los lados y arriba de ti, las creaciones del Maestro Titiritero te
observan con envidia. Si tus ojos escapan, aunque sea un solo centímetro fuera
del rango de visión que se te es impuesto, cientos de hilos traslucidos te
amarrarán, apretándote hasta que los trozos de tu cuerpo queden esparcidos por
todo el pasillo. Literalmente, si tu curiosidad no te mata, caminaras horas,
pasando entre interminables corredores, puertas secretas, pasadizos escondidos
y escaleras ocultas, hasta llegar a un viejo y destartalado ascensor. Entra y
no voltees, porque el propósito de tu guía ha sido cumplido y ahora servirá de
desahogo para los hijos del Titiritero.
El ascensor te llevara a una planta que parecerá más un
viejo galpón, que un piso de hospital. Del otro lado de esta instancia habrá
una puerta esperándote, pero tu camino estará bloqueado por innumerables
siluetas humanas. Una segunda mirada te hará notar que son cuerpos en
descomposición, pero aun estando en aquel estado estarán trabajando. Cada uno estará encadenado a una
rueca de hilar, maquina de coser o solo en un simple banquillo, cosiendo
silenciosamente. Ese silencio no debe ser perturbado, ya que si alguno de
aquellos pobres bastardos, buscadores que fallaron en esta prueba, cesa su
trabajo, inmediatamente se levantaran y te encadenaran también a ti, para que
les ayudes a crear una nueva prole para el Portador
de los Títeres, según sus demandas. Trabajaras 24 horas, 7 días a la
semana, los 365 días del año sin descanso y pudriéndote poco a poco, hasta que
algún otro buscador logre obtener el objeto de su custodio.
No debo de decirte que debes ser cuidadoso en tu avance por
los estrechos espacios en que estos cautivo se hayan uno del otro. Un solo rose
y serás uno de ellos. Si eres meticuloso, paciente y con nervios de acero,
podrás alcanzar la puerta al otro lado de la instancia. Cuando estés frente a
ella, cierra los ojos y con pensamientos inocentes como los de un niño,
crúzala.
Al oír que la puerta se cierra tras de ti, abre los ojos
con confianza. Te hallaras en un quirófano, completamente lleno de instrumentos
para coser, con agujas de formas conocidas y desconocidas, e hilos de cientos
de colores y texturas muy variadas. En la mesa de operaciones se hallará un
viejo y roído muñeco, con cientos de desgarres que tendrás que zurcir. Clavada
con un alfiler a la cabeza, estará una nota, que dirá: “Escoge la aguja que desees”. Como siempre, hay una trampa. Debes
saber que, si escoges cualquier aguja de las ahí presentes, serás convertido en
el alfiletero personal del portador. Deberás utilizar El Objeto 147: La Aguja, para realizar la labor. En cuanto al hilo,
siéntete libre de utilizar cualquiera de los allí presentes.
Cuando termines, sentirás unos toques a tu espalda. No te
exaltes, es el portador que viene a calificar tu trabajo. Notaras que tiene la
misma forma que el viejo muñeco que acabas de arreglar, solo que del tamaño de
un hombre. Si no le es grato tu trabajo, serás puesto en aquella misma mesa de
operación y comenzara a transformarte en un títere, vaciándote de órganos,
arrancándote los huesos, dejándote solo con tu piel flácida para rellenarte las
entrañas con aserrín. Tus propios tendones serán los hilos que te darán
movimiento y serás el entretenimiento de sus hijos.
Si por otro lado se le es grato tu trabajo, este aplaudirá
dos veces. Será allí donde deberás hacerle esta pregunta: “¿Por qué hay que ser tan meticuloso con ellos?”. El portador
tomara el muñeco que arreglaste y en su espalda abrá un cordón. Lo halara y una
voz vieja y mecánica te contara el porque de las minuciosas, tortuosas y
mortales pruebas que fueron puestas para que fuera literalmente imposible su
reunión. Cuando el muñeco haya terminado su dialogo, y si la culpa de estar
intentando destruir todo aquel esfuerzo para que el mundo continuase girando no
te consume, El Maestro de los Títeres se acercara a ti y de algún lugar de su
cuerpo sacara un alfiler. Te lo tendera, y al momento de poseerlo, el cuerpo
del portador se deshilara completamente, descubriendo un viejo esqueleto humano
que caerá al piso, al igual que tu.
Despertaras en la sala de espera de la institución mental o
centro de reinserción social al que hayas ido. El alfiler estará clavado en
algún lugar de tu piel, pero ahora no lo busques: has acabado con el portador,
pero sus hijos aun están en los alrededores y te buscan; después de todo,
acabas de matar a su padre. Huye
rápidamente del lugar, sin importar el dolor del objeto, perforando alguna
parte de tu cuerpo.
El Alfiler era el objeto 2533, ahora renumerado como el
1995 de los 2000 sellados. Él ha sido paciente y meticuloso en el Eón que ha
esperado volver a ser uno, pero su esbirro, no. ¿Que desastre causara en su
desenfreno por obtener más objetos?
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