La
batalla que dio fin al siglo
H.P.
Lovecraft & R.H. Barlow
(Los miembros del llamado
«Círculo de Lovecraft», principalmente compañeros de escritura, recibieron una
copia impresa de este «capricho» a mediados de 1934. Muchos de ellos están
humorísticamente caricaturizados en esta obra y, aunque Lovecraft negó
solemnemente ser el autor, no cabe duda de que su mano participó de la
escritura. «Es muy raro que un adulto serio quiera volver a sus inicios», le
escribió a Duane W. Rimel el 10 de agosto del mismo año. «Yo… me he divertido
con ello considerablemente. Si lo miras bien, verás que no me han dejado fuera:
“Horse-Power Hateart” (“H.P.” Caballo de fuerza Odiarte) no puede tratarse de
otro que yo mismo. Curiosamente, el único nombre sin deformar es el de Otis
Adelbert Kline. No sé por qué todos están tergiversados menos el suyo, cuando
sería muy fácil escribir algo como Oatmeal Addlepate Crime (Harinadeavena
Cabezapodrida Crimen)». Sin embargo, las referencias se relacionan con
conocimientos íntimos de Lovecraft: la pasión de R. E. Howard por la lucha y
las descripciones de batallas de sus relatos, la larguísima «Saga de Sac
Prairie» de August Derleth, sus propias correcciones de estilo, la estancia de
Robert S. Carr en Rusia, la afición de Seabury Quinn a los funerarios de la
región, y muchas otras)
Manuscrito encontrado en una máquina del tiempo:
En la víspera del año 2001,
una gran multitud de especta dores interesados se hallaban presentes en las
románticas ruinas del Garaje de Cohen, antiguo emplazamiento de Nueva York,
para presenciar el encuentro pugilístico entre los dos renombrados campeones
del firmamento de las historias extrañas:
Bob-Dos-Pistolas, el Terror
de las Llanuras, y «K O.» Bernie, el Lobo Salvaje del Shokán Occidental.
Antes de la batalla, el
venerable lama tibetano Bill Lum Li consultó los augurios invocando al Dios
Serpiente primigenio de Valusia, y encontró signos inequívocos de victoria para
ambos bandos.
Wladislaw Brenryk vendía
distraídamente buñuelos de crema. Los participantes serían atendidos por los
cirujanos oficiales, doctores D. H. «Asesino» y M. «Cervecero» Gin.
El gong sonó a las 39 en
punto, e inmediatamente después el aire se volvió rojo a causa de los despojos
de la batalla, generosamente arrojados por el poderoso «Carnicero de Tejas».
Muy poco después se produjo la primera herida: la pérdida de varios dientes en
ambos participantes. Uno de aquellos, arrojado fuera de la boca del Lobo tras
un golpecito cariñoso por parte de Dos-Pistolas, describió una parábola hacia
Yucatán, siendo recuperado en una rápida expedición por los señores A.
Barrilsecuestrado y G. A. Escocia. El eminente sociólogo y ex poeta Frank
Campasueños Jr. «El Corto» usó este incidente como base para una balada de propaganda
proletaria con tres líneas voluntariamente incompletas. Mientras tanto, un
potentado de un reino vecino, el «Efje de Akkamin« (también conocido por sí
mismo como crítico aficionado), expresó su frenética protesta ante la técnica
empleada por los combatientes, a la vez que vendía fotos de éstos (con él mismo
en segundo plano) a 5 centavos unidad.
En el segundo asalto, la
derecha del «Borrachín del Shokán» atravesó las costillas del tejano y se
enredó entre las vísceras, permitiendo así a Dos-Pistolas conectar varios
golpes decisivos en la desprotegida barbilla de su oponente. Bob se enfadó
mucho ante la delicadeza afeminada mostrada por algunos espectadores cuando
músculos, glándulas, fluidos y trocitos de carne se desparramaron más allá del
ring.
Durante este asalto, la
eminente portadista señora Pifierna retrató a los combatientes como un par de
espiritualizados desnudos tras un delgado velo de humo de tabaco,
convenientemente ensortijado, mientras el difunto señor C.-Mediocentavo produjo
un boceto de tres chinos, vestidos con quimonos y sombreros de seda (tal era su
original concepción del encuentro). Entre los bosquejos de aficionados había
uno hecho por el señor Goofy-Hooey, que más tarde obtuvo fama en una exposición
cubista anual bajo el titulo «Abstracción de un Pudding Desarraigado.»
En el tercer asalto la lucha
se hizo realmente cruda; varias orejas y otros apéndices fueron completa o
parcialmente separados de la zona de combate por el «Golpeador de Shokán». Algo
irritado Dos-Pistolas contestó con algunos golpes de excepcional potencia,
arrancando varios fragmentos de su agresor, que continuó luchando con todos los
miembros que le quedaban.
Todo el asunto fue anotado
por W. Talco Lablache, y su original revisado por «H.-P.» (Caballodefuerza) Odiarte.
Durante todo el encuentro, el señor Conde d’Erlette tomó notas para un ciclo
novelado en doscientos volúmenes a la manera de Proust, que llevaría
ilustraciones de la señora Pifierna. El señor Julio César «Verrugas» entrevistó
con frecuencia a ambos batalladores y a los espectadores más importantes, y
obtuvo como recuerdo (tras una terrible lucha con el «Efje») un cuarto de
costilla de Dos-Pistolas, autografiado, en excelentes condiciones de
conservación, y tres auténticas uñas del Lobo Salvaje. Los efectos de
iluminación los proporcionó el Laboratorio Eléctrico Experimental, con la
supervisión de H. «Freno» Kane. El cuarto asalto fue prorrogado durante ocho
horas a petición del artista oficial del encuentro, H. Vagabundo, que deseaba
añadir ciertos detalles de sombreado a su representación de la fisonomía del
Lobo, la cual incluía ciertos detalles supernumerarios proporcionados por la
imaginación del artista.
El clímax llegó en el quinto
asalto, cuando un izquierdazo del «Arrancador Tejano» atravesó completamente la
cara de Bernie «el Batallador» y dio por tierra con ambos luchadores. En este
momento el árbitro (Robertieff Essovitch Karovsky, el Embajador Moscovita)
declaró el final del encuentro ya que, en vista del estado del «Empapador
Shokano», se le podía declarar como esencialmente liquidado de acuerdo a la
ideología marxista. El Lobo Salvaje presentó una protesta oficial, que fue
prontamente denegada, ya que todos los requisitos técnicamente necesarios para
certificar la muerte estaban teóricamente presentes.
Las trompas entonaron una
fanfarria triunfal en honor del vencedor, mientras el técnicamente derrotado
era entregado al cuidado del enterrador oficial, señor «Granodeté» Membrillo.
Durante las ceremonias, el supuesto cadáver salió a dar un paseo para comerse
un bocadillo de mortadela, pero se le sustituyó por un elegante catafalco, que
fue el centro de atención de los ritos. La procesión funeraria estuvo
encabezada por un coche fúnebre elegantemente engalanado conducido por Malik
Taus, el Sultán de los Pavos Reales, quien se sentaba en la cabina vestido con
turbante y uniforme de West Point, y que dirigió una experimentada carrera
sobre varios abismos y muros de piedra. A mitad de camino del cementerio, el
cadáver se reunió con el cortejo y se sentó junto al Sultán en la cabina para
acabar su emparedado de mortadela, ya que su gran barriga le hacía imposible
entrar en él rápidamente seleccionado el ataúd. Un himno apropiado fue
interpretado por el maestro «Canto» Lee Alborotoso: el famoso aria «Nunca
escupas a una mosca» de las señoras De Silva, Brown y Handerson, sacado de la
vieja cantata «Simplemente imagina», fue elegido para la ocasión. El único
detalle omitido en el funeral fue el entierro, que fue interrumpido por las
desconcertantes noticias de que el portero oficial (el famoso financiero Ivar
K. Rodent, Esq.) había huido con toda la recaudación.
El informe del señor Talco
sobre los acontecimientos, ilustrado por el famoso artista Klarkash-Ton (quien
esotérica-mente representó a los luchadores como hongos sin huesos) se imprimió
— tras múltiples rechazos por parte del exigente editor de «El Robabolsas de
Ciudad Ventosa— como folleto, financiado por W. Peter «Chef». Dicho folleto,
gracias a los esfuerzos de Odis Adelbert Kline, fue por último puesto a la
venta en la librería «Embarradura y Llanto», hasta que al fin tres copias y
media fueron vendidas gracias a la tentadora descripción para catálogo
proporcionada por Samuel Filántropo, Esq.
Debido a la gran demanda, el
texto fue finalmente reimpreso por el señor De Mérito en las policromas páginas
del «Semanario Americano de Basura», bajo el título: « ¿Ha sido superada la
ciencia? o Los Moradores del Garaje». Ninguna copia queda a la venta en estos
momentos, ya que las que no fueron atrapadas por los bibliófilos fanáticos las
requisó la policía debido a la acusación de calumnia presentada por Lobo
Salvaje, quien, tras varias apelaciones que culminaron en el Tribunal Mundial,
fue declarado no sólo oficialmente vivo, sino claro vencedor del combate.
Fin

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