En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución de salud mental o centro
de reinserción social a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio
principal, pregunta por visitar a quién se hace llamar El portador de la lealtad. Si una mirada de orgullo proviene del
trabajador, estás en el lugar correcto. En caso que te mire ferozmente, corre
por tu vida, pues has sido considerado indigno por el Portador del Objeto que
buscas. No te detengas por nada, pues los que vinieron antes que ti no conocen
el significado del descanso, y serás cazado sin tregua hasta que ellos te
encuentren.
Si fuiste
considerado digno por el Portador, serás guiado por un pasillo que no estaba
allí antes. En muchas de tus búsquedas previas has experimentado el engaño de
los Portadores al intentar e intentar perderte y proteger sus objetos. A
medida que el trabajador te conduce hacia tu destino, no debes albergar ningún
recelo a las intenciones del trabajador. Recibirás lo que viniste a buscar, si
y sólo si eres digno y tus pensamientos son puros.
Luego de seguir al
trabajador lo que parecerá una eternidad, llegarás a una puerta plana de
madera. Será abierta para ti y serás dejado allí. Si en cualquier momento
durante tu camino hasta allí tuviste pensamientos sobre un posible engaño, dos
ojos rojo-sangre te mirarán desde la puerta abierta. No servirá de nada gritar
ahora, pues ni siquiera la más poderosa de las fuerzas será capaz de salvarte.
Pero si fuiste leal a tus intenciones, habrá una batalla tomando lugar del otro
lado.
La puerta se
cerrará una vez entres, y te encontrarás en medio del caos. Serás capturado por
soldados, hablando en un lenguaje que no es de este mundo. Será mejor que no te
resistas, pues ellos son capaces de infligir más daño del que te
imaginas.
Luego que te hayan
llevado a su campamento, serás acusado de ser un espía y comenzarán a
torturarte. En este punto, ellos intentarán hacerte confesar y deberás conjurar
toda tu fuerza y tratar de sobrellevar la situación. Entonces lo soldados
se convertirán en toda la gente que alguna vez hayas estafado, dilapidado y
traicionado. Ellos continuarán presionándote no sólo físicamente, sino también
mentalmente, mientras te recuerdan todos los males que les causaste. Muchos se
rinden en esta parte, y ahora están pagando su traición junto al más bajo de
los condenados.
Deberás soportar
hasta que el oficial superior aparezca. Podrás distinguir a la criatura
uniformada y con forma de lobo que lo acompaña, y así también que el oficial
tomará la forma de la persona que más amas. Una vez el Portador se revele, con
toda la energía que te quede, grita… ¿Sospechaste
de mí alguna vez?
En ese momento los
otros soldados se detendrán, y la comandante voz del oficial te narrará cada
traición en la historia, el dolor que causó y la destrucción en la que resultó.
Luego te explicará el verdadero beneficio de la lealtad, junto a la línea
delgada y peligrosa que la separa del fanatismo. Si no te vuelves loco
antes, aquellos que no están destinados a terminar su viaje con seguridad se
quebrarán ante un conocimiento ante el cual el mundo no estará preparado nunca.
Luego que el oficial acabe su historia, preguntará: “¿Comprometes tu lealtad a Él?” Rápidamente y con resolución,
responde, “Yo permanezco fiel sólo a
mí mismo”.
Si el Portador no
te cree, tu tormento anterior continuará, añadiendo a éste a su mascota para
roer tus huesos por toda la eternidad. Pero si eres convincente, entonces él te
golpeará en el estómago, y mientras pierdes la conciencia, le escucharás decir:
“Nos veremos de nuevo”.
Cuando despiertes,
estarás fuera de la institución sin ningún rasguño en tu cuerpo. Durmiendo a tu
lado estará la criatura que acompañó al oficial anteriormente.
Aquel lobo es el
Objeto 131 de 538. No te atreverás a soñar con traicionar la confianza puesta
en ti.
132.
El Portador de la Fama.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de
reinserción social a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio
principal, pregunta si puedes ver a alguien llamado El Portador de la Fama. El trabajador con severidad deberá
negar tener cualquier paciente nombrado como tal, pero después él se asegurará
de que nadie está mirando y discretamente te dará una púa de guitarra y
susurrará: “Salúdalo por mí, ¿quieres? Yo soy un gran fan”.
Acepta con agradecimiento la uñeta y agradece al trabajador, a continuación,
sal de la institución. Te darás cuenta de que ha caído la noche cuando salgas,
sin importar la hora a la que entraste por primera vez.
Al otro lado de la
calle habrá un bar, incluso si nunca estuvo allí antes. Ve allí, y oirás que
tocan música. No le prestes atención, como los que ahora en la audiencia fueron
lo suficientemente tontos como para detenerse y disfrutar de ella. Estos
desafortunados están ahora atormentados por siempre por las melodías que
derriten sus cuerpos, sus almas y hacen sangrar sus oídos, su audición nunca
disminuida frente a esta demoníaca armonía.
Ve tras el
escenario, donde un guardaespaldas estará esperando. Cuando bloquee tu camino,
muéstrale la uñeta que recibiste del trabajador. Si aún así no te deja pasar,
reza por que arranque tu cabeza primero, para que no tengas que sentir el dolor
de ser destripado con sus propias manos. Si te lo permite, serás guiado a una
habitación, que, a diferencia de la decoración del bar que te rodeaba antes, será
una habitación sencilla, con paredes pintadas en color beige y una sola lámpara
que cuelga de arriba.
En medio de la
habitación estará un hombre con aspecto de estrella de rock, con el pelo
ondulado y largo, un físico delgado y jeans ajustados. Estará tocando una
guitarra eléctrica, y a su lado habrá una silla con una segunda guitarra.
Incontables horrores y pesadillas te aguardan si ésta no es la escena que ves
cuando el guardaespaldas te deje entrar.
El guitarrista
tocará la más bella de las melodías. Tocará con tanta habilidad, que será como
si sus dedos se deslizaran como el agua en la playa. Serás hipnotizado por su
habilidad, pero aún más por la música que toca. Luego te percatarás que es una
triste melodía, y su trágico mensaje reverbera en tu alma por cada contacto con
las cuerdas. Muchos son conducidos a la depresión hasta el punto de decidir
acabar con sus vidas, pero si eres firme, deberás sentarte en la silla. Una vez
hagas esto, él dejará de tocar y dirá: “¿Compartirías
esta canción conmigo?” Sólo podrás hacerle una pregunta: ¿Tú eres aquél famoso, cierto?
Si el guitarrista
no responde, entonces te ha considerado indigno de su presencia, y las cuerdas
de su guitarra envolverán tu cuerpo, y arrastrarán tu alma hasta lo más
profundo del infierno. Pero si le agradaste, te dirá: “No es lo único que fue promocionado”. Aquí debes tomar la
guitarra y tocar junto a él. Incluso si no sabes tocar, te darás cuenta que
repentinamente sabrás como hacerlo. Ambos tocarán una canción diferente a la
que escuchaste antes.
Mientras tocas tu
parte, comenzarás a ver otra vez esas imágenes tristes en tu mente, pero
deberás mantener la concentración. El guitarrista no tolerará las metidas de
pata, y no querrás saber qué hizo con los que vinieron antes que tú. En las imágenes
que recorren tu mente como acero caliente siseando en tu piel, verás a cada
persona en la historia que fue cegada por el glamour de las luces de cámara, y
fallar en ver la luz real del sol, cayendo en eterna oscuridad.
Ellos pensaron que
eran especiales, y se alzaron por encima de cualquier persona que vieron sucia
o inadecuada, sólo para darse cuenta que ellos eran peores que aquellos a los
que odiaban tanto, y que eran comunes como todo el mundo. Se olvidaron de la
esencia verdadera de la vida, y por lo tanto, la perdieron.
Luego de tu
actuación, él te dará una palmada en la espalda y te felicitará por tu forma de
tocar. Regresa la guitarra a su lugar, agradece al guitarrista por su tiempo, y
ve por la puerta por la que entraste. Serás cegado por un haz de luz.
Cierra los ojos inmediatamente, ábrelos cuando sientas que tus alrededores se
han oscurecido, y te encontrarás en tu dormitorio.
Cuando hayan
pasado dos semanas, recibirás un paquete por correo, y dentro estará la
guitarra que usaste anteriormente. El guitarrista la habrá autografiado, pero
en un idioma que no existe en este mundo. Recibirás su mensaje de forma
independiente, ya que conoces el verdadero costo de la eminencia.
Esa guitarra es el
Objeto 132 de 538. No hay nada glamoroso en la carga que tienes encima. Muchos
la han llevado antes, y aún quedan más por llevarla todavía.
133.
El Portador de la Compasión.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier refugio para animales y dile a la
primera mujer que veas, “Estoy
aquí por El Portador de
la Compasión
“. No le hables a un hombre, o intentará acabar con tu vida. Si has
llegado en buen momento, la mujer temblará y te guiará a través del edificio
por un increíblemente largo pasillo de concreto alineado con jaulas sucias,
donde habrán desde gatos y perros comunes hasta aves tropicales y monos.
La mujer
continuará caminando delante de ti, pero no hablará ni irá más lento. Se
volverá bastante más aparente que cada animal estará enfermo o herido en cierta
forma, y sus condiciones empeorarán a medida que avanzas. A algunas mascotas
les faltarán ojos o extremidades, otras sangrarán de heridas abiertas. El piso
estará cubierto de pelo y plumas, las jaulas parecerán estar repletas de heces
y moscas zumbando alrededor. El hedor será abrumador, y el aire será abrasador.
Durante el camino irás por una curva cerrada, luego otra, y otra. Tu guía
desaparecerá en la tercera o cuarta vuelta, pero debes continuar,
tranquilamente.
Te darás cuenta
que los animales se vuelven sutilmente más peculiares mientras vas por lo que
ahora será un verdadero laberinto de horas de caminata. Verás animales de
continentes lejanos, roedores de tamaños inusuales y reptiles coloridos que
nunca antes has visto, pero incluso mientras más exóticos sean, sus aflicciones
se volverán mucho más horrendas. Pus caerá de llagas abiertas, garrapatas
hinchadas se pelearán sobre la carne, y la sangre fluirá escabrosa como grandes
ríos en cuerpos pequeños. Algunas criaturas estarán completamente escondidas
tras tumores globulares y quistes.
Los animales te
alcanzarán, pidiéndote con sus ojos (si aún tienen ojos) por terminar con su
existencia, pero no debes tocarlos, o llevarás sus aflicciones contigo de por
vida. No intentes liberar a ninguno, o te matarán sin importar lo indefensos o
pequeños que parezcan. En caso que desees irte, la última curva que tomes te
llevará fuera, pero nunca podrás recuperarte de los patógenos que has estado
respirando. Algunos no fueron pensados para este mundo; contagios terribles
desatarás en los humanos por toda la eternidad.
Si continúas, lo
extraño se intensificará a niveles enloquecedores. Entrañas arrastradas y
órbitas oculares fuera de sus cuencas. Los muros estarán infestados de
parásitos que ningún doctor podría nombrar. Pronto verás peces rodeados de
moscardones y calamares forcejeando indefensos en sus jaulas. Perros jadeando
sin cabeza. Esqueletos cuajados en sangre escarbando en las barras oxidadas.
Verás cosas hace tiempo extintas que nunca evolucionaron, graznando y croando
por comida y agua que nunca llegará.
Eventualmente,
llegarás a una cámara perfectamente redonda, pequeña pero imposiblemente alta.
El techo estará cubierto en oscuridad, pero las jaulas se alinean en los muros
tan lejos como los ojos pueden ver. Mantén tu mirada baja, pues el sufrimiento
del que serás testigo podría destruir tu mente. Concéntrate sólo en la forma
oscura en el centro de la cámara, un indescriptible montón de pelo
negro en una almohada sucia.
Pregunta a esta
criatura sólamente esto: ¿Qué es la
compasión?
Si escuchas: “Estoy esperando a mi familia”, todo
estará perdido, la bestia peluda inmediatamente te desgarrará en pedazos con
garras invisibles. Pero si eres, por otro lado, considerado digno en esta
prueba, responderá a tu pregunta en insoportable detalle. Sé advertido de que
no te gustará para nada este conocimiento.
Cuando termine de
hablar, pregúntale ahora: “¿Puedo
arreglar esto?” Si todavía te lleva a su familia, ahora es un buen
momento para correr. No estabas destinado a estar aquí. Pero si dice “Haz lo que debas”, mátalo de
cualquier forma posible. Si tienes éxito, oirás el eco de sus últimas palabras:
“Fui amado”. Busca en el cuerpo
y encontrarás huesos, pelo y un collar usado, de color rosa con una etiqueta
oxidada en forma de corazón. El aire es ahora limpio, fresco y silencioso. Sólo
huesos blancos y limpios quedarán en las jaulas. Sal de la cámara y estarás
fuera del refugio.
El collar es el
Objeto 133 de 538. La dirección que aparecerá en la antigua etiqueta será
la tuya.
134.
El Portador del Escepticismo.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de
reinserción social a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio
principal, pregunta por visitar a quien se hace llamar El Portador del
Escepticismo. El trabajador te mirará perplejo. Luego de un minuto,
parecerá volverse hacia alguien y gritar algo. Sin embargo, sólo oirás completo
silencio. Un hombre vestido de blanco aparecerá y te agarrará del brazo.
El hombre te
guiará por un largo pasillo y se detendrá en la octava puerta a su izquierda.
Desbloqueará y abrirá la puerta de metal, revelando una habitación oscura y
casi infinitamente grande. Hasta aquí, tu visita ha sido en completo silencio.
El hombre te empujará dentro y cerrará la puerta de un golpe. Producirá un
sonido muy fuerte y te verás inmerso en completa oscuridad. Si te acobardas
ante este sonido, perderás tu línea de pensamiento y nunca podrás abandonar el
lugar. Permanece calmado. Siente los muros a tu alrededor. Luego de un rato, te
darás cuenta que estarás dentro de un laberinto. Para salir de él, deberás
escuchar instrucciones de una voz dentro de tu cabeza. Aunque suene siniestra y
aprehensiva, deberás oír cada palabra, pues si das un paso en falso en este
laberinto, serás guiado a tu perdición.
Luego de lo que
parecerán horas, encontrarás un agujero de 3 pies de altura en la pared
del laberinto con una tenue luz de color naranja brillando fuera de él. Entra
por el agujero y llegarás a una habitación tenuemente iluminada. Un hombre, calvo,
con una larga barba gris, pero con rasgos faciales jóvenes, se sentará con las
piernas cruzadas en el centro de la habitación, con los ojos cerrados.
Si no haces la
pregunta: ¿Por qué los busco?,
en los siguientes segundos, Él abrirá sus ojos blancos y con un
semblante de intenso odio y furia, te despedazará con su mirada. Si has
preguntado exitosamente, te contará una larga y muy detallada historia sobre Su
importancia. Pronto te olvidarás de todo lo que te haya dicho y estarás cada
vez más impaciente. Después, Él preguntará: “¿Es el Objeto que buscas valioso para ti?”. Debes
responder asintiendo con la cabeza, pues Él desprecia a los fieles y
obedientes.
Él indicará una
piedra gris en el suelo. Tómala. Una vez la toques, te sentirás furioso y
desanimado. Comenzarás a preguntarte por el sentido de la vida y por qué has
sufrido tanto en ella. Quizás, la vida es un sueño. ¿No querrás despertar y
terminar con tus pesadillas? Toma un objeto punzante y húndelo en tu
corazón. Sin embargo, apenas dejes caer la piedra para sacar tu daga, tus
sentidos volverán a ti. No tendrás ningún recuerdo de tus pensamientos más
recientes.
La piedra es el
Objeto 134 de 538. Mantente vacilante, ten cuidado con la carta.
135.
El Portador de las Probabilidades.
En cualquier ciudad,
en cualquier país, ve a cualquier hotel casino a donde puedas llegar. Ve al
escritorio principal y di que tienes una reservación para alguien llamado El Portador de las Probabilidades. El recepcionista te dará una mirada
sorpresiva, y se dirigirá a ti como si fueras de la realeza. Te dará una moneda
de oro, donde cada lado tendrá un símbolo bellamente tallado, como si fuera la
letra de un idioma desconocido. Si recibes otra cosa, debes correr. Que ellos
tengan piedad de tu alma. No dejes de moverte, si tus piernas cesan, deberás
arrastrarte, asegurándote que sólo te detendrás debido al agotamiento, que lo
último que hagas sea seguir delante y no mirar hacia atrás. Sabrás que estás
seguro si despiertas en el mismo lugar donde terminaste al día siguiente.
Si recibiste la
moneda de oro, será tu última oportunidad de volver atrás. Si así lo quieres,
puedes regresarle la moneda a quién te la dio y retirarte respetuosamente. De
lo contrario, ve al ascensor. Asegúrate de que estás solo cuando lo abordes, y
antes que las puertas se cierren deberás lanzar la moneda. Si fallas, el
elevador se moverá por volición propia. Resígnate a tu destino, mientras ves
cómo desciendes al calor infernal de las profundidades de la Tierra.
Si lo hiciste
bien, te darás cuenta que hay otros dos botones en el panel con un aspecto
similar a los lados de tu moneda. Presiona el botón que tenga el símbolo que se
muestre luego de haber lanzado la moneda. Si tienes suerte, habrás pulsado el
botón correcto y habrás tomado el lado correcto de la moneda. No hay forma de
determinar cuál es el lado correcto, y sólo aquellos destinados a terminar su
búsqueda o que posean una gran suerte lo lograrán. Nadie sabe lo que te
ocurrirá si pulsas el botón incorrecto.
Serás llevado a un
piso en el hotel que se supone que no debería existir. Cuando abras la puerta,
verás la suite más opulenta que hayas conocido. Tendrás una vista de la ciudad
al atardecer, no importa a qué hora hayas entrado. La gran habitación parecerá
la de un rey, con todas las comodidades que siempre quisiste e incluso aquellas
que no sabías que necesitabas.
En medio del
lugar, habrá una mesa de cartas. En la mesa estará un repartidor y cinco
jugadores. Uno de ellos estará vestido de una larga gabardina y un sombrero de
copa; los otros cuatro serán otros Buscadores. Habrá una silla al lado del
jugador con el sombrero de copa. Toma asiento, pues ellos te han estado
esperando.
Ahora estarás
jugando un torneo de Texas Hold’em Poker, y cada jugador tendrá $135
equivalentes en fichas. A quien gane, se le dará cualquier carta del river (la
última carta de la última jugada). Luego que el repartidor y el jugador con
sombrero de copa dejen la habitación, los otros jugadores simplemente
desaparecerán, para experimentar horrores indescriptibles hasta que el
siguiente juego comience. Si ganas, serás dejado solo; podrás abandonar la
habitación en cualquier momento, pero será muy difícil encontrarla de nuevo.
Verás que todo lo
que necesitas estará en esta habitación, te darás cuenta que no hay reloj, y que
el único contacto con el mundo exterior es un teléfono celular que te permitirá
contactar con sólo una persona: la
Novia del Buscador, incluso si no eres el
Elegido. Te servirán las más exquisitas comidas y te tratarán como nunca en
toda tu vida. Luego de siete atardeceres el repartidor y los jugadores
regresarán, y deberás jugar otro torneo. De nuevo, si ganas, tendrás la carta
que esté en el river.
Cada semana,
deberás jugar este juego hasta que hayas obtenido las 52 cartas (sin incluir
los jokers), aunque los diseños de éstas, especialmente las J, Q y K, serán muy
diferentes a las que conoces, y estarán en un lenguaje del más antiguo de los
orígenes.
En caso que
pierdas un juego contra alguno de los otros Buscadores, él será libre para
irse, y tú serás sometido a algo mucho peor que tu más grande
pesadilla: mostrándose completamente y de forma concluyente que al final,
no hay nada a la suerte y todo está predeterminado. Incluso, si ganas cuando el
siguiente Buscador venga, nunca tendrás esperanza otra vez.
Nadie sabe lo que
pasa si el Portador, el sujeto de sombrero de copa, gana. De hecho, aunque esté
jugando bastante bien, una mirada de terror absoluto se ve en su rostro si está
cerca de ganar.
Ningún ser ha
obtenido más de siete seguidas, aunque diferentes cartas han sido documentadas.
Parece que sólo el Buscador Elegido tendrá la suficiente suerte para permanecer
en esto hasta el final.
Este mazo de
cartas es el Objeto 135 de 538. Las probabilidades están en tu contra, y sólo
tú puedes conquistarlos.
136.
El Portador del Hecho.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de
reinserción social donde puedas llegar. Cuando alcances al escritorio
principal, pregunta por visitar a alguien que se hace llamar El Portador del Hecho. Los trabajadores lentamente girarán su cabeza de los
inevitables montones de papeleo en los que estuvieron concentrados, y una
sonrisa de astucia surcará sus rostros, como una mueca silenciosa. Entonces
ellos lentamente se pondrán de pie y te guiarán hasta la entrada. En lugar de
la puerta de ingreso, en su lugar, estará una escalera de estilo gótico.
Mientras subes,
oirás blasfemias insanas pronunciadas por voces murmurantes, y el llanto de
dolor de alguien gritando tu nombre desde abajo, y pidiéndote que abandones
esta locura. Es de vital importancia que continúes, pues sólo horrores te
esperan al pie de las escaleras ahora.
Eventualmente,
llegarás a una gran puerta al final de las escaleras. Toma firmemente el pomo,
cierra los ojos y entra. Sólo mentente caminado. No importa qué escuches, no
importa qué sientas, es crucial que no abras los ojos. Sin importar hacia donde
vayas, deberías pronto estar en un callejón sin salida. Frente a ti habrá un
estante, completamente vacío a excepción de un pequeño y modesto libro con tapa
de cuero. En él hay una imagen de una llave. Levanta la vista otra vez. Estarás
frente a una puerta de piedra, con las palabras Deus ex Insania talladas sobre ella.
Abre la puerta,
con cuidado de no atragantarte cuando el polvo de centurias de antigüedad sople
sobre ti. Agachado en una esquina, casi invisible por la tormenta de polvo
agitado por tu intrusión, estará el Portador. Ella garabatea con locura, el
chirrido del antiguo cincel en sus manos forma palabras en el subconsciente de
tu mente, mientras el Portador las escribe. El cincel te contará de antiguos
horrores, de demencia inmemorable, de la absoluta amargura del indiferente
cosmos, y te contará de tu pequeña e insignificante existencia, como una mera
gota de tinta esparcida en la infinidad del universo, y finalmente, te dirá una
sola pieza de información, que dejó a muchos Buscadores como una cáscara rota
de un ser humano. El cincel te dirá su verdadero nombre.
Ese nombre es el
Objeto 136 de 538. Conócelos para poder conocerlo a Él.
137.
El Portador de la Sumisión.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de
reinserción social donde puedas ir. Cuando alcances el escritorio principal,
pregunta por visitar a quién se hace llamar El Portador de la Sumisión. En
caso que el trabajador se burle de ti en absoluto desprecio, habrás llegado al
lugar indicado.
El trabajador te
llevará por una serie de pasillos. Si intentas mantener cualquier conversación,
invariablemente serás interrumpido por un comentario grosero o un insulto. No
hables, y no trates de discutir. Es mejor permanecer callado.
Eventualmente, el
trabajador te indicará una puerta que no se verá diferente a ninguna otra por
la que hayas pasado antes. Él continuará caminando por la institución sin decir
nada. Ya no hay vuelta atrás; abre la puerta y lánzate antes que tus ojos te
permitan saber qué hay allí dentro.
Caerás casi tres
metros antes de aterrizar sobre una piscina de bolas en un inmenso salón del
trono. Si te quiebras un hueso debido a la caída, no hay nada que pueda
ayudarte. El salón del trono no sólo es enorme, sino lujoso, con pesados
pilares de obsidiana que guían hacia un gran trono cubierto con prendas negras,
con diseños de oro fino. El trono será tan grande que podrá acomodar a las
varias docenas de mujeres, vestidas con ropas ligeras, todas encadenadas por
los tobillos al piso, sentadas junto al rey guerrero.
Él será un
imponente y musculoso hombre con el semblante de un orgulloso, confidente y
depredador guerrero. No viste más que un taparrabos, exponiendo sus ondulantes
músculos e incontables cicatrices de batalla. Su fuerza de voluntad es tan
grande que parece físicamente palpable. Este rey guerrero claramente ha tenido
muchas batallas y posee la fuerza suficiente para matar a mil hombres con
facilidad. Él se fijará en ti con una mirada pétrea de absoluto desprecio.
Sé rápido, ya que tiene poca paciencia. Pregúntale: ¿A qué poder Ellos se someterán?
El rey guerrero
bramará de risa, no de alegría, sino de condescendencia dirigida a ti. Él se
jactará de que no hay entidad más poderosa que él, y que no importa si son los Portadores,
los Objetos o Él. Te dirá que
ceses con tu búsqueda y te vuelvas uno de sus tenientes, que él te proveerá de
todo lo que necesites, sin importar qué tan indignante sea el pedido, con la
condición de que nunca abandones el palacio ni pienses o hables de tu búsqueda
por los Objetos otra vez.
El poder del rey
guerrero es tan grande que incluso el más acérrimo, el más determinado
adversario podría ser convencido a someterse a él. Sin embargo, si estás
realmente decidido a recoger los Objetos, debes mantenerte firme y no ceder
ante su presencia inmensa. En cambio, con firmeza, repite la pregunta.
Esta vez, el rey
guerrero bramará enojado. Sus concubinas serán dispersas y golpeadas contra los
pilares de obsidiana por la fuerza de su ataque de furia, y los cimientos del
salón de trono temblarán con su ira. Seguramente serás tumbado, pero no te
dejes intimidar por su enojo. Esta vez, te llamará como un tonto entre
plebeyos, y que tu única esperanza es abandonar tu búsqueda para volverte su
sirviente, limpiando cualquier desorden que él deje luego de sus violentas
batallas y grandes orgías cada día. Una vez más, lucha contra su aura gritando
la pregunta por última vez.
Ahora él
permanecerá en silencio y te mirará a los ojos. Si te considera indigno de su
respuesta, te paralizará en el acto y te etiquetará como su limpiador de
residuos por toda la eternidad.
Si eres digno, sin
embargo, el rey guerrero te contará, suavemente, porqué le teme, y porqué él
teme su Reunión. Lo que te diga te llenará de terror hasta el núcleo de tu ser,
pues todo lo que teme incluso este poderoso guerrero está más allá de la
comprensión humana. Muchos caen en la demencia al escuchar la respuesta del rey
guerrero, y otros ruegan por una muerte rápida. Si mantienes tu cordura y tu
voluntad de vida, una repentina ráfaga de viento soplará a través del salón,
disolviendo el salón del trono en la nada. Caerás en el vacío por un corto
momento antes de encontrarte en frente del escritorio principal de la
institución. El visiblemente irritado trabajador estará sosteniendo uno de las
cadenas que mantenían a las concubinas del rey guerrero en su trono.
Esas cadenas para
los tobillos son el Objeto 137 de 538. No te rindas ante nadie, pues Ellos
encontrarán una manera de hundirte.
138. El Portador de la Negación.
He trabajado en centros de reinserción social e
instituciones mentales en todo el país, en incontables ciudades y pueblos. El
trabajo no está mal y pagan mejor que en la mayoría de los empleos de baja
categoría que he tenido. He tratado de ser una buena chica, ser amable y cortés
con otros, pero mi trabajo me ha afectado. Para ayudar a los enfermos y a los
arruinados necesitas endurecer tu corazón y aceptar verdades desagradables con
respecto a las personas. Aceptar que algunos adictos no quieren restaurarse.
Parece que la compasión a veces complace las ilusiones de los enfermos,
mientras que a otros hay que restringirlos por su propio bien.
No diré el nombre o la ubicación del lugar en el que
trabajo ahora, sólo que he estado aquí mucho tiempo. Cuando recién fui
contratada, la paga era poca y el horario muy reducido, y no estaba en posición
de quejarme. Había trabajado de recepcionista por una semana o dos cuando un
hombre llega, caminando con determinación hacia mi escritorio y preguntándome
por ver a El Portador de la Negación.
Una mirada de confusión debió formarse en mi rostro, porque él se volvió en
forma muy repentina, bastante impaciente. Me gritó y yo me encogí de hombros,
dio un puñetazo en el escritorio e insistió por ver a El Portador
de la Negación. Aún estaba tratando de calmarlo cuando mi
supervisor llegó. El Sr. Musil miró al hombre y éste se quedó en silencio.
El Sr. Musil se inclinó hacia mi y me dijo “Todo está bien” y
llevó al hombre por un pasillo por el que habré pasado unas cien veces sin
haberlo notado nunca. El hombre me miró con una sonrisa sombría. Me deslumbró,
no había excusa para tanta rudeza como esa y estaba irritada porque fue calmado
muy rápidamente por mi supervisor. Me hizo sentir incompetente.
Otros llegaron después, todos exigiendo ver a El Portador de la Negación, todos gritando y haciendo
la misma escena sólo para que el Sr. Musil llegara y los calmara. Caminé tras
ellos una o dos veces, sólo por curiosidad, por saber qué pasaba. Cada vez, el
Sr. Musil los guiaba a través de una puerta, los encerraba y se iba. Me sonreía
cuando dejaba pasar a esas personas. Una vez dejó la llave puesta en la
cerradura y yo casi abro la puerta. Pero cuando mi mano tocó la llave, sentí
una sensación enfermiza de culpa, una sensación difícil de digerir en mi
interior que ya había sentido antes, cuando hacía algo que provocaba que me
castigaran, donde sólo yo era la culpable. Quité la llave y la dejé sobre el
escritorio del Sr. Musil. Él se fue más temprano esa tarde.
No fue sino hasta el día siguiente cuando me enteré de lo
que le sucedió. El cómo condujo su auto con su esposa e hijos lanzándose desde
un puente. El cómo las ventanas estaban bajadas y los cinturones de seguridad
abrochados, y el cómo parecía que ninguno de ellos intentó salir del auto.
Todos estaban perfectamente sentados cuando la sucia agua del río los precipitó
y los ahogó.
La vez siguiente que alguien llegó demandando ver al Portador,
me escondí. No pude soportar sus gritos, así que corrí a la habitación de atrás
con la esperanza de que la embarazada, de ojos rojos, se fuera a buscar a su “Portador
de la Negación” en otro lugar. Ella estuvo gritando por ocho minutos cuando fui
al escritorio del Sr. Musil y encontré la llave que dejé allí. La guié a través
de la puerta al final del pasillo sin la más mínima señal de malestar. Aunque
me pregunté si el Sr. Musil tenía la costumbre de dejarlos salir más tarde
durante el día. Él siempre bloqueaba la puerta, por lo que seguramente no
estaban saliendo por su cuenta. Debía haber otras salidas en aquél lugar. Era
lo más probable
No te preocupes por eso.
Después de la mujer embarazada, la siguiente persona en
preguntarme por el Portador era un hombre joven, que apenas comenzó a gritar,
le dije tajantemente: “Sólo te llevaré allí si dejas de gritar y me preguntas amablemente”.
Él miró alrededor, desconcertado y repitió su pregunta más cívicamente.
Temblaba mientras lo guiaba a la puerta, así como los siguientes que también
vinieron por el Portador. Todos con miradas perdidas en sus rostros, por unas
pocas palabras que no se habían esperado.
A partir de entonces me hice cargo de aquellos con ojos
tristes, que querían ver al Portador. Eran en mayoría hombres, pero también
llegaron muchas mujeres. Casi todos ellos tenían una mirada seca y aspecto
siniestro en sus caras, y los pocos que no sonreían más brillantemente, me
asustaban. Llevé a los que vestían harapos y trajes a la medida. Llevé a los
con cicatrices y tatuajes, con larga barba y sonrisa tímida, de piel clara u
oscura, y venas que sobresalían a la superficie. Ninguno regresó.
Sentí mucha ternura por aquellos que eran más tranquilos,
de mirada resquebrajada. Me sentía como una madre dejando a un niño enfermo en
su cama. Con los arrogantes, de miradas crueles que guiaba a través de la
puerta, riéndose interiormente, sentía una inexplicable, maliciosa
satisfacción. Por mi vida que no podría decirte por qué; después de todo ellos pedían
que los guiara a traves de esta puerta, ¿no es así?
Esto suena como si esas personas llegaran todos los días,
pero es sólo porque ellos llegaban a través de todos estos años. Raramente
llegaban, y en forma aleatoria. Algunos meses pasaban sin nadie preguntando, a
veces llegaban dos el mismo día, sólo unas horas después. He visto a muchos
sólo porque llevo aquí mucho tiempo. Los malos hábitos que usé para evitar que
me despidieran —llegar tarde, distracciones, mi tendencia a salir y volver y
organizar juntas secretas que me distraían… ninguna de esas cosas molestó a
nadie mientras continuaba guiando a los Buscadores por la puerta. Me tomaba
horas. La gente me cubría de mis errores y comenzaron a mirarme curiosamente,
la misma forma en que miraba al Sr. Musil.
Poco a poco me surgía una duda. Me preguntaba; ¿Qué tal
si no hay una segunda puerta o una salida de esa habitación? Nunca había visto
nada más que oscuridad ahí adentro, nunca tomé más de unos segundos en mirar
accidentalmente. ¿Qué tan grande puede ser? Toda esa gente iba y nunca
regresaba, debe estarse llenando el lugar. Podría haber sido mejor si poca
gente hubiera entrado allí.
Durante el tiempo que me entretenían esos pensamientos me
di cuenta de la existencia de un botón bajo el escritorio. No sé si ya estaba
de antes allí, duro, con joyas y de color ámbar, pero si lo presiono cuando un
Buscador viene, las luces en la habitación parpadean y empiezan a brillar. Y
cuando estaba cegada, sentía algo suave recorrerme y un olor fétido, y cuando
las luces regresaban a la normalidad, todo se iba, y el Buscador desaparecía. A
veces dejaban un desgarro en la alfombra o una mancha oscura que debía limpiar,
pero al menos no tenía que enviarlos a todos por el pasillo.
Presionaba el botón con los Buscadores que no aprendían
que yo valoro la compostura y en aquellos que no se comportaban cortésmente.
Cuando veía desdén y burla en los ojos del Buscador, presionaba el botón tan
fuerte que rompía la piel de mi mano. Comencé a confortarme con la blancura de
las luces y los apagados gritos que sonaban como una canción. Usé cualquier
excusa para presionar el botón y no enviar a un Buscador al pasillo. Ellos
todavía no regresan…
…Hasta que un día, un hombre regresó. No me gustó desde
que llegó, con su vestimenta y mirada fuertes, y ojos vacíos. Iba a presionar
el botón antes que alcanzara el escritorio, pero algo detuvo mi mano. Se
inclinó y me preguntó, de forma muy cortés, por ver al Portador. Algunas
personas temblaban con miedo visible, otros la escondían, y muy pocos eran
capaces de aguantarla. Pero este hombre carecía de eso, como una historia
carece de final. Me heló la sangre.
Sentí un gran alivio al enviarlo por la puerta. Me dio
una gran sonrisa y guiñó un ojo, luego desapareció entre la oscuridad. Lo
encerré, tropezando fuera y fumé hasta que una pequeña excusa que me calmara
regresó a mí, cuando volví a mi escritorio y pretendí estar ocupada con algo de
papeleo.
Oí pasos provenir del pasillo por el que tantas veces
crucé sin duda, y el hombre de ojos vacíos regresó. Llevaba algo en sus manos.
Algo cubierto de pelo o lo que parecían largas tiras de pelo húmedo arrastrado
a través de sus dedos. Traté de presionar el botón que trae la
luz blanca y limpia, la luz que era pura, para que cubriera esa
fealdad. Él me detuvo. Él se movió más rápido que lo que
mis ojos podían seguirlo y me detuvo, manteniendo
mi mano en la suya, sonriendo con una
sonrisa diabólica y chasqueando la lengua. Su sonrisa era
demasiado amplia. Estaba segura de que me tragaría.
Aterrorizada, sólo le hice una pregunta: ¿Qué vas
a hacer conmigo ahora?
Creí que me mataría. Pero hizo algo mucho peor, me
explicó algunas cosas. Me dijo lo que le pasaba a cada persona que enviaba por
el pasillo. Me dijo, en gran detalle, las pruebas que los demás habían
fracasado y las torturas que ellos sufrieron. Me dijo lo que le pasaba a los
Buscadores bajo la cegadora luz que me impedía ver los que les ocurría, cómo
eran despedazados y arrastrados hacia los calientes filamentos de cada
ampolleta encendida. Me contó sobre el Objeto que he estado ayudando a guardar,
y sobre la cosa extraña que me ayudaba también a protegerlo. Me hizo ver todo
lo que había estado haciendo.
Se fue. Yo no lo hice
Los Buscadores aún me preguntan por el Portador de la
Negación. A veces los guío por la puerta, otras enciendo el botón. No sé si hay
algo exactamente que ellos estén buscando. Nadie más ha regresado. He tratado
de ser una buena chica, ser amable y cortés con otros, pero mi trabajo me ha
afectado. Para ayudar a los enfermos y a los arruinados necesitas endurecer tu
corazón y aceptar verdades desagradables con respecto a las personas. Para
atar tus pensamientos por tu propio bien.
El tricobezoar que el hombre llevaba es el Objeto 138 de
538. Y yo soy la última de las pruebas que debes enfrentar para encontrarlo.
139.
El Portador del Entretenimiento.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier cine a donde puedas ir. Debes ir
conduciendo un vehículo, pues si fallas, tendrás que irte del lugar lo más
rápido que puedas para escapar de los horrores que te perseguirán. Ve a la
oficina y pregunta por un film llamado El
Portador del Entretenimiento.
Si el trabajador llama a seguridad, entonces corre a tu auto y conduce fuera de
la ciudad, y no regreses en al menos un mes. Sólo así será seguro regresar. Si
ella (y sólo una mujer) se dirige a ti y te da un boleto azul, ve dentro y
verás que el cine ya no se verá como al que fuiste. No debería ser difícil de
hallar.
Entra y
encontrarás un asiento solitario. Siéntate allí, y espera por veinte minutos.
Si no pasa nada, entonces estarás atrapado allí por toda la eternidad, y será
como si nunca hubieras existido. Sin embargo, si una película comienza a
reproducirse, entonces lo has logrado. La pantalla te mostrará cada guerra,
cada hombre usado con el único propósito de la destrucción para el
entretenimiento de otros. El film durará horas, días, quizás semanas. Mantén tu
cordura, y tu mirada fija en la pantalla. Entonces, cuando termine, simplemente
vete del cine. Conduce a tu casa, y vive tu vida. Mantén el boleto azul
contigo.
Luego de tres
días, siéntate en tu cama a medianoche. Espera tranquilamente, apaga el
celular, la TV ,
todo. Cuando escuches un gruñido, toma el boleto. El gruñido se hará cada vez
más fuerte, y pronto verás una criatura extraña ante ti. Intentará embestirte,
pero antes que lo haga, rompe el boleto. Rómpelo enfrente de su cara, y soltará
un horrible chillido, muriendo luego de pocos minutos, y desaparecerá, junto al
boleto roto. En su lugar, la criatura dejará un talonario de boletos.
El talonario es el
Objeto 139 de 538. Escrito en él habrá una simple palabra, recuérdala. Podría
ser tu única posibilidad de sobrevivir.
140. El Portador de la Realidad Abandonada.
En cualquier
ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de
reinserción social a donde puedas ir por ti mismo. Cuando alcances el
escritorio principal, pregunta a los recepcionistas si ellos son capaces de
comprender la realidad. Uno de ellos debería mirarte con una expresión conmocionada,
y retroceder rápidamente. Ellos se apegarán contra el muro opuesto al
mostrador, estremeciéndose de dolor. Serás incapaz de moverte mientras los
muros crujen, se astillan y finalmente se despedazan. Los recepcionistas
caerán, gritando. Cuando te sientas listo, ve por la entrada.
Hacia el
precipicio, verás que el espacio más allá del muro es una caída vertical
masiva. En el fondo esperarán monstruosidades como las que plagaban tus
sueños cuando dormías, seres que no recuerdas ya que llevarlos en tu mente te
reducirían a restos farfullantes.
Los horribles
gritos de esas criaturas te empujarán a querer arrancarte las orejas, a
extirpar tus propios nervios, pero debes luchar por retomar el control de ti
mismo. Tu objetivo es simple, sin embargo, casi infranqueable para muchos:
Debes dar un paso fuera de la orilla. Quizás tus sentidos estén completamente
bloqueados por los horrores que abajo esperan. Cierra tus ojos, cubre tus
oídos, haz lo que sea para que no pienses en ellos.
Si tienes éxito,
no caerás, pero tus pies pisarán tierra firme. Ahora, aún bloqueando a las
bestias fuera de tu mente, deberás caminar. Si fallas en tu absoluta creencia
sobre la no existencia de las criaturas, aunque sea por un momento, te
desplomarás, y ellos harán su camino para llegar a ti. Una vez hayas caminado
lo que parecerán kilómetros, sentirás que un pedazo de papel es empujado a tu
mano. Es la señal que indica que estás seguro, o al menos más de lo que
estabas, mientras no mires el papel.
Te encontrarás en
una habitación húmeda. Serás incapaz de distinguir tus alrededores, ya que la
única fuente de luz está sobre el techo. Será una antorcha, pero invertida. La
parte de madera estará adherida al techo, y las llamas quemarán hacia abajo,
fuera de la antorcha. Que sepas que no es ningún tipo de magia, ni una ilusión;
es científicamente posible que el fuego pueda combustionar hacia abajo. El cómo
es posible esto se ha perdido, y es uno de los dos secretos que sólo el Portador
conoce. Sin embargo, mientras estás aquí, te darás cuenta cómo es esto posible.
A este punto, deberás luchar con todas tus fuerzas contra esta revelación.
Deberás, una vez más, bloquear tus pensamientos de cómo el fuego puede
combustionar hacia abajo. Este conocimiento es prohibido, y si lo aprendes, te
convertirás en el nuevo Portador, esperando perversamente por la siguiente alma
desafortunada para relegar el secreto antes de tu dolorosa desaparición.
Deberás luchar
contra estos pensamientos por un tiempo indefinido hasta que la antorcha se
apague. Ahora, deberás gritar a la oscuridad: ¿Por qué Ellos fueron negados?
Mientras estás de
pie, serás asaltado por visiones de personas que negaron la realidad para
escapar de ella. Cada rechazo de la verdad, ya sea por simple ignorancia, desde
la negación hasta la extrema esquizofrenia será soltada dolorosamente para que
la veas. Será mucho, mucho peor de como suena, pero también te darás cuenta de
lo que podría haber sucedido si ellos no hubieran ignorado la
verdad. Finalmente, cuando ya no quede nada más que contar o caigas
inconsciente, despertarás en el piso de la institución mental a donde fuiste.
En tu mano estará el pedazo de papel, el cual ahora puedes mirar.
Escrito en ese
papel estará el segundo secreto del Portador: es un número. Este número es
especial, sin embargo, por varias razones. Primero, porque es un número de
conteo regular que nunca se incluyó en el sistema de numeración actual. Sin
embargo, es obvio que este número es una parte increíblemente importante, tan
importante como cualquiera de los otros números, y te darás cuenta que su
existencia hace que prácticamente todos los algoritmos matemáticos utilizados
en la actualidad sean inútiles.
Segundo, este
número sólo puede ser escrito en una superficie a la vez. Si es escrita en dos,
el lugar donde haya sido escrito antes será destruido en una cadena de
acontecimientos aparentemente aleatorios.
Tercero, este
número nunca abandonará tu mente. Pensarás en este número indefinidamente,
intentando desmontar y rearmar las matemáticas modernas en un esfuerzo por
corregir lo que ahora sabemos es un error gigantesco. Si no eres capaz de
controlar tus pensamientos sobre este número, eventualmente caerás en la
locura, por siempre buscando la verdad y nunca encontrándola.
Cualquier
superficie donde este número esté escrito es el Objeto 140 de 538. Su
reencuentro es mucho más que una realidad.
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