En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a
cualquier institución de salud mental o centro de reinserción social a donde
puedas llegar. Cuando alcances el escritorio principal, pon tu mejor cada de desesperación
y angustia, aférrate en el borde de la recepción y murmura las palabras: “¡Me he perdido! ¿Puede él ayudarme a
encontrarme?” a la criada del mostrador. Si ella se muestra con un
semblante de amor maternal y trata de consolarte, ellos te han encontrado, y
sus palabras de compasión serán las últimas palabras de bondad que escucharás
antes de tu macabra muerte.
Si ella pone una cara de asco y suelta una cruel y
fuera de personaje réplica: “¡No
soy tu madre, ve a buscar a alguien a quién le importe!” has tenido
éxito en esta parte de tu búsqueda. Mantén tu mirada y responde: “¡Bien! ¡Iré a donde me quieran!”
entonces inmediatamente date la vuelta y camina hacia la puerta. Si hay alguna
variación de esta conversación exacta, será mejor que termines con tu vida en
el momento, porque ningún vehículo te llevará lo suficientemente lejos como
para huir de las oscuras bestias que el portador ha soltado para ti.
Cierra tus ojos y aprieta el mango de la puerta.
Piensa en tus recuerdos más cálidos con tus seres queridos, y abre la puerta y
ve delante. Una vez pases por la entrada, mantén tus ojos cerrados fuertemente
por once segundos, ni más ni menos, entonces ábrelos. Estarás en el lugar donde
dio lugar a tu recuerdo, y te verás allí, en tercera persona. Rápidamente busca
cobertura, no querrás que tu yo del pasado te vea. Sabrás si lo hiciste bien si
luego de permanecer escondido durante treinta segundos, fuiste visto; si así
fue, el tejido de la realidad se hará pedazos, y tanto tú como tu ser del
pasado serán arrancados de sus vidas y absorbidos por el vacío, siendo borrados
de los corazones y memoria de todos aquellos que los recuerden.
Una vez te hayas escondido, deberás esperar en
silencio. Eventualmente tu recuerdo variará de lo real, y en este punto deberás
gritarte a ti mismo desde donde estás: “¡Tú
eres una ilusión! ¡Toma tu verdadera forma!” Luego, tus alrededores se
desvanecerán en oscuridad y todo lo que quedará serán tú y tu ser del pasado,
sus ojos ahora ardiendo de odio ya que has echado a perder su diversión. Lo
mejor es que hayas traído un arma, o que conozcas algún tipo de arte marcial,
pues serás atacado por tu ser del pasado con una fuerza improbable, que sabes
que no tenías en ese tiempo.
No deberás sucumbir ante este asalto. Espera a que
esté a más o menos un metro de distancia, entonces arremete y golpea al demonio
en la garganta. Si fallas, serás descuartizado, extremidad a extremidad, por
tus propias manos del pasado. Si tienes éxito, la criatura colapsará contra el
suelo, inconsciente, a pesar de si tu golpe era capaz o no de provocar tales
daños. Deberás acercarte a tu ser del pasado y susurrar esto y sólo esto: ¿Cuál es la pérdida que uno debe sufrir para
tener éxito?
Si susurras cualquier otra cosa, la aparición
recuperará la conciencia y te tomará de los tobillos, derribándote y
procediendo a destriparte con sus propios dientes. Sin embargo, si preguntaste
correctamente, la ilusión de ti mismo se desvanecerá para tomar la forma real
del Portador: un hombre pálido sin cara. El hombre se levantará, y deberás
mirarlo a donde se supone que debería tener los ojos. Si tu mirada se
tambalea, tu castigo por tu falta de respeto es indescriptible para la lengua
humana.
Una vez el hombre se levante, comenzará a hablar, y
oirás su ronca voz desde cada ángulo, tentándote a buscar la fuente del sonido,
pero debes resistir. Él te contará de cómo los hombres fallaron durante el
comienzo de la era de los Objetos, olvidándose a sí mismos en su búsqueda de
poder. Te contará de cada hombre que perdió su alma por su codicia, y qué llegó
a ser. Este conocimiento no será traumático, pero te perseguirá por el resto de
tus días, trayendo depresión incuestionable a cada minuto de tu existencia.
Luego que termine, deberás responder con: “No llevaré codicia, perderé todo antes que
perderme a mí mismo”. Ante esto, cada hueso el hombre se quebrará y él
se plegará en un montón, cuya carne reformará el suelo donde estás. Luego de
ver esto, sin importar tu fuerza mental, vomitarás, todo se apagará, y
colapsarás dentro del retorcido charco de carne y sangre.
Cuando despiertes, estarás fuera de la casa de tu
ser más querido, y en tu bolsillo habrá una billetera hecha de la carne del
hombre pálido. Ábrela, y encontrarás una identificación sin nombre, en cuya
foto aparecerás tú con el hombre sin rostro.
Esta identificación es el Objeto 161 de 538. Con
ella de tu lado, nunca te olvidarás de ti mismo.
162. El Portador de las Náuseas.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a una
institución mental u hospital, dirígete al escritorio principal y pregunta por
visitar a El Portador de las Náuseas.
El trabajador se estremecerá y comenzará a sudar profusamente, tendrá arcadas y
arañará su piel. Él te llevará por un largo pasillo blanco y te sentirás tan
enfermo que tu dolor se duplicará. Te sentirás afiebrado, tu nariz sangrará y
tus ojos se nublarán con infecciones. Vomitarás y te ensuciarás de forma
abundante y lo único que querrás será caer con tus ahora sucias ropas, pero no
debes sucumbir ante las náuseas o perderás el camino y estarás condenado a
recorrer ese pasillo blanco, sufriendo la enfermedad por toda la eternidad.
El asistente, ahora cubierto en pústulas y quistes,
colapsará y serás tomado por enfermeras sin rostro, siendo llevado ante una
puerta de metal, manchada con sangre fresca. La puerta llevará a otro pasillo
blanco, con luces fluorescentes zumbando y pintura desescamada. Será tan largo
que no podrás ver el final. No pienses en el asistente, pues él esta ya más
allá de toda ayuda ahora.
A medida que vas por el pasillo, verás puertas
aparecer a cada lado conteniendo variados quirófanos. Médicos con rostros
pálidos, contorsionados y sin ojos, mutilando quirúrgicamente a pacientes que
una vez fueron humanos, pero ya ha sido reensamblados en otra cosa. Los
pacientes, gritando, en pedazos, con elaborados vendajes y decayendo sobre las
mesas de operaciones serán tan espantosos que será difícil apartar la mirada.
Sin importar esto, no debes permitir que tus ojos entren en contacto visual con
los pacientes, o te convertirás en uno de ellos, todos Buscadores que
fracasaron, tu sufrimiento será eterno y más agudo que la muerte de un
millar de pacientes con cáncer.
Si te sientes absorbido por una fuente invisible
hacia una de las habitaciones, toda esperanza se habrá perdido. Resígnate a
estar en una de las mesas de operaciones, extendido, inmortal, completamente
consciente y experimentando el infierno que es una cirugía estando despierto
todo el tiempo. Si ocurre esto, tus únicos rezos serán para que esto termine
alguna vez.
Si te las arreglas para llegar al fin del pasillo
sin volverte loco o volverte uno de los pacientes, alcanzarás otra puerta de
metal, con incrustaciones de sangre café coagulada y vísceras.
Se abrirá. Ábrase camino a través de la corteza
alrededor de la estructura y camina a través de la puerta. En el interior
estará una habitación pequeña, impecable y brillante que apesta a anestesia,
desinfectante y sangre vieja. El único sonido que escucharás además de tu
corazón latiendo serán las zumbantes luces fluorescentes, que, en combinación
con la terrible sensación que otorga ese lugar, será suficiente como para
conducirte a la locura.
En medio de la sala, prominentemente fijada, estará
una camilla de alta tecnología, rodeado por todo tipo de equipos. En la camilla,
estará atado fuertemente un niño pálido, con sus ojos de color azul brillante
mirando hacia la luz, aterrorizado. Él llora amargamente, y ruega para que le
ayudes a escapar. Debes resistir las ganas de ayudarlo, pues de otro modo,
él se convertirá en el doctor y tú en su paciente. Sólo debes preguntarle: ¿Qué yace adentro? El niño
convulsionará en miseria y comenzará a llorar más lastimeramente que antes.
Deberás buscar el Objeto. Toma un escalpelo y corta
donde quieras, lo que buscas yace en alguna parte dentro del niño. Él estará
completamente consciente, y sus gritos de dolor harán eco a través de la sala
tan fuerte que pronto la sordera y la locura comenzarán a afectarte. Trabaja
rápidamente.
Corta a través de los huesos, quita los órganos y
levanta capas de mucosa y vísceras para encontrar este Objeto. Comenzará a
cambiar de forma a medida que operas en él. Se convertirá en un viejo amigo, tu
hijo, tus padres, tu esposa o incluso en ti mismo, pidiéndote que pares. No
debes parar, ni siquiera por un segundo, porque sus órganos y carne se
regenerarán y si logra hacerlo completamente, prestará atención a su
atormentador.
Busca en cada milímetro. Husmea cada contorno de
sus intestinos, corta en su cerebro y busca en cada grieta, haz tu camino en
cada capa de músculo y arranca cada órgano dentro hasta que encuentres algo con
forma de huevo del tamaño de un ojo.
Cuidadosamente, quita la membrana para revelar un
pequeño tumor negro, cubierto de pus blanco y amarillo que olerá horrible,
pulsará y chorreará todo tipo de líquido pútrido. Quema la membrana y asegúrate
de dejar el tumor en algún lugar donde nunca sea tocado con las manos desnudas
o su hedor sea inhalado.
Este tumor es el Objeto 162 de 538. Mantenlo
en cuarentena o se esparcirá.
163. El Portador de la Decadencia.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a
cualquier institución mental, hospital o centro de reinserción social a donde
puedas llegar, camina hacia el escritorio y pregunta por visitar a quien se
hace llamar El Portador de la Decadencia. El
asistente te mirará con una expresión de angustia y comenzará a estirar su piel
creando grandes y supurantes agujeros, mientras un fluido verde se filtra de su
nariz y su boca. Te llevará por una puerta corroída y limosa en la profundo de
la institución y se irá rápidamente, rascando su piel y maldiciendo hasta
desaparecer por el pasillo dejando un rastro de mucosas.
Entra por la puerta para ser asaltado por un
enfermizo miasma de podredumbre. Da un paso adelante y mira alrededor. Un salón
de paredes pegajosas que destilan una sustancia asquerosa no identificable, y
cada pared estará llena de cuerpos podridos y otra materia orgánica en
descomposición, retorciéndose con insectos y parásitos. Con tantos insectos, el
sonido será ensordecedor, el sonido húmedo y fétido de mandíbulas, patas y el
del consumo de la decadencia.
Camina un poco más cerca del centro del salón hasta
que veas el cadáver desnudo y con manchas verdes de una mujer colgada,
iluminado por una fuente invisible de luz. Tan pronto como la mires, miles de
insectos rastreros se moverán por los muros, por el cordel hasta llegar a la
mujer. Miles de gusanos, ciempiés, milpiés, tijeretas, lepismas e incontables
criaturas no identificables la cubrirán, levantarán su purulenta cabeza y
abrirán sus ojos, revelando gusanos parásitos retorciéndose dentro de sus
membranas.
Otros insectos te cubrirán y no deberás reaccionar
de ninguna forma. Ella levantará su brazo, con miles de zarcillos, y tu rostro
será alcanzado por un centenar de tentáculos, patas y antenas. Si muestras
aunque sea la más leve señal de incomodidad o asco, serás condenado
a pudrirte allí por toda la eternidad, siendo devorado por los
insectos, completamente consciente. Sólo deberás preguntar: ¿Por cuánto tiempo te pudrirás? y
ella abrirá su boca tanto como su propia cabeza, revelando en el interior una
gran cantidad de ciempiés rojos. Deberás mantener tus ojos abiertos desde acá.
Si los cierras lo suficiente como para parpadear, tu sufrimiento hará que ella
se vea agradable en comparación. Ella introducirá tu cabeza en sus grandes y
oscuras fauces y dentro oirás un agonizante cuento sobre la decadencia,
mientras los ciempiés pican tu carne, se meten en tu boca, nariz y orejas,
y sientes sus patas afiladas raspar tus globos oculares.
Cuando termine, ella te soltará y te permitirá
buscar entre la podredumbre y los insectos por el Objeto. Los insectos
comenzarán a reproducirse a una tasa muy alta, y si llegaban a tus tobillos,
ahora llegarán a tus rodillas y más arriba. Comenzarán a devorarte por dentro y
se enterrarán entre tu piel, amenazando con consumirte completamente. Deberás
usar tu sentido del tacto para hallar el Objeto rápidamente. Ten cuidado de no
caerte sobre la corrupción a tus pies; si lo haces, no habrá ninguna esperanza
de que puedas escapar de ese lugar.
Si tienes la suficiente suerte como para encontrar
lo que buscas antes de ser devorado y sofocado por la creciente legión de
bichos, deberás consumirlo inmediatamente. Cualquier duda te hará
fracasar.
En una pequeña caja de vidrio estará un largo
intestino podrido lleno de insectos y parásitos rezumantes, con vómito
incluido. Consúmelo completamente, y te encontrarás en la calle, seguro de todo
daño, pero vomitando profusamente. Si sobrevives luego de esto, el Objeto ya es
tuyo.
Éste es el Objeto 163 de 538 y lentamente irá
pudriendo tu interior por el resto de tu vida.
164. El Portador de la Devoción.
Encuentra el burdel más antiguo de tu ciudad. No
será una tarea fácil o agradable, pero sólo funcionará si vas al lugar más antiguo.
Una vez estés allí, dile a la primera persona que veas que tienes una cita con El Portador de la Devoción. Si
lo hiciste bien, la persona te mirará sin comprenderte, como si pasara por un
lapsus, y entonces caminará dentro del burdel sin decir nada. Deberás seguirlo
por un largo pasillo envuelto en oscuridad.
Mientras caminas, oirás murmullos seductores en tu
oído sobre placeres jamás contados, y mientras te adentras, sus manos
intentarán llevarte a alguna de los dormitorios en ambos lados del pasillo.
Bajo ninguna circunstancia te dejes ser conducido a ninguna de esas
habitaciones, pues las voces que escuchas, aunque son femeninas, no son
humanas, y el placer que prometieron no será dado sin cargos; un precio que
ningún hombre está preparado para pagar.
Finalmente, llegarás al final del pasillo ante una
fina cortina, y la persona la que seguías no estará en ninguna parte. Cuando
estés listo, atraviesa la cortina, hacia una habitación espaciosa, cuyos muros
estarán cubiertos de cortinajes y el piso lleno de cojines. A medida que tus
ojos se acostumbran a la tenue luz de las velas y tus sentidos quedan
entumecidos por el espesor del incienso en la habitación, serás capaz de
distinguir a una mujer perezosamente apoyada sobre cojines en el otro extremo de
la sala, con el rostro totalmente cubierto por un velo. Te hará una seña para
que te acerques con un sensual movimiento de su dedo y deberás aproximarte a
ella sin dudas en tu mente. Cuando estés frente a ella, podrás sentir cómo te
examina desde detrás de su velo. Espera a que te considere digno, por que si
no, ella levantará su velo revelando su rostro y tu mente será destruida en el
acto.
Si eres considerado digno, te señalará que te
quedes a su lado. Hazlo, y en segundos ella estará sobre ti. Sentirás como si
miles de manos acariciaran desesperadamente tu cuerpo, trayéndote deleites
bizarros fuera de este mundo, pero justo antes de volverte loco, debes
preguntarle: ¿Nos necesitan como
nosotros a ellos?
Si lo hiciste correctamente, mientras te apareas con
ella, tu mente presentará visiones inefables perdidas hace largo tiempo, de
adoración corrupta y sectas prohibidas, mientras que un placer profano tiembla
a través de su cuerpo. Logra mantener tu cordura hasta el final, y un poderoso
orgasmo te liberará del trance y tu mente recuperará la claridad. Debes
aprovechar este momento para arrancar del lugar tan rápido como puedas, ni
siquiera te detengas para tomar tus ropas. Tienes pocos segundos antes de
perder la conciencia, y debes asegurarte de estar lejos, muy lejos, cuando esto
ocurra.
A la mañana siguiente despertarás en tu cama,
preguntándote si todo fue acaso un mal sueño. Algún día te darás cuenta que has
quedado completamente estéril…
…Y algún día, exactamente 9 meses luego de tu
aventura, despertarás en medio de la noche, alguien estará golpeando la puerta.
Cuando la abras, encontrarás una cuna pequeña con una recién nacida bañada en
sangre.
Levanta a tu “hija” cariñosamente, pues ella es el
Objeto 164 de 538. Nunca articulará palabra o sonido alguno, pero sus grandes y
adorables ojos te mirarán, siguiendo tus movimientos. Mientras la tengas a tu
lado, nunca te sentirás solo o deprimido y nunca tendrás tiempo para otro tipo
de amor o compañía. Sin embargo, por el bien del mundo y el de tu miserable vida,
bajo ninguna circunstancia le permitas vivir para ver su cumpleaños número 14.
Buena suerte matando con tus propias manos a quién se ha vuelto tu propia
personificación del amor.
165. El
Portador de la
Investigación.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a
cualquier laboratorio o lugar de aprendizaje a donde puedas llegar. Ve al
escritorio principal y pregunta a la secretaria si puedes asistir a la
siguiente clase que dictará quien se hace llamar El Portador de la Investigación. En
caso de que deje de hacer todo lo que estaba llevando a cabo y te mire como si
fueras un extranjero, has ido al lugar correcto.
Gesticulará al científico más cercano para que se
acerque. Reza por que sea un hombre, pues una mujer te someterá a experimentos
considerados desde hace mucho … innecesarios. Si es un hombre, te pedirá que
vayas al ascensor. Hazlo, y presiona el botón para ir al piso más bajo del
complejo. Cuando llegues a ese piso, no bajes del elevador, o caerás en un pozo
sin fondo. En vez de eso, espera a que las luces de los botones se tornen
rojas, y desciendas seis pisos más. Cuando se detenga esta vez, espera que el
científico salga primero.
Te guiará por un pasillo esterilizado lleno de
paneles de vidrio en cada lado. A través de esos paneles verás gente haciendo
experimentos, nada inusual para un laboratorio. Lo que será inusual es que a
medida que avanzas, los experimentos se volverán progresivamente más
primitivos. Verás gente intentando probar la existencia de agujeros negros, y
otros tratando de probar que la tierra gira alrededor del sol. Desde personas
produciendo una fisión nuclear, hasta aquellos que estudiaron las estrellas
para construir las pirámides. Y, como es típico en estas aventuras, no te
sorprendas si ves un demonio o dos caminando por el pasillo. Si ves alguno,
salúdalo asintiendo con la cabeza; los habitantes de este lugar no disfrutan
siendo ignorados. Además siempre exigen
nuevos sujetos.
Sabrás que has llegado al final cuando puedas ver
en los paneles a gente vistiendo pieles de animales, destripándose unos a otros
para estudiar la anatomía humana. Más allá, encontrarás una puerta de metal, y
tu guía la abrirá para ti. Este lugar será del futuro. Imposiblemente blanco y
limpio, dentro verás monstruos repugnantes preservados en tanques en los muros,
y aunque este lugar debería estar en el subsuelo, a través de las ventanas
verás que estás a varios metros de altura.
Sentado en un escritorio en el centro de la
habitación habrá un hombre pequeño, con gafas y una bata de laboratorio, escribiendo
nombres, fechas, números y resultados de sus experimentos en su diario a una
velocidad cegadora. Espera a que este hombre te note antes de decir nada.
Él te preguntará: “¿Conoces a mi
colega, el Portador de la Ciencia?” Esto
es una trampa. Hayas visto o no a tal Portador, responder a este hombre sólo
provocará que seas lanzado a uno de los tanques en los muros, donde serás
convertido en un monstruo. En lugar de ello, muestra un Objeto. Cualquiera
servirá.
A la vista del Objeto, uno de los tanques se
romperá, revelando un enorme monstruo. Debería ser humanoide en su forma, pero
con cuernos, cuatro brazos (tres pequeños, uno extremadamente grande), y una
corpulencia que ningún humano podría poseer. Tendrá cinco ojos, esparcidos de
maneras retorcidas, y curvos y filosos dientes. Una de sus piernas será delgada
y larga pero aún así musculosa, la otra estará cubierta por un montón de carne.
Si este es el especimen que ves, estarás seguro. Si es cualquier otro,
prepárate para tomar su lugar en el tanque.
El humanoide golpeará al hombre con su brazo más
largo, y luego lanzará su cadáver por la ventana. Deberás hacerle una, y sólo
una pregunta: ¿Cómo puede la ciencia
detenerlos?
Él entonces te contará de cada error que ha
ocurrido, con el avance de la ciencia como justificación. Justo cuando acabe de
responder tu pregunta, escucharás que golpean la puerta: Ellos ya te han
encontrado. El humanoide te preguntará si necesitas ayuda; acepta, pues él
puede manejar la situación por su cuenta. Te dará el diario del hombre, y te
lanzará por la ventana justo en el momento en que ellos irrumpan en el lugar.
Despertarás en el césped en el laboratorio. A tu
lado estará el diario, abierto en la segunda página. Ésta dirá,
Querido
Buscador:
Lo
siento, yo no fui capaz de ayudarte.
Mucha
suerte.
Y luego un nombre que no es de este mundo. El
Diario es el Objeto 165 de 538. Su última página contiene la única forma en que
la ciencia puede detenerlos.
166. El Portador de lo Etéreo.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a
cualquier salón de conciertos donde puedas entrar. Una vez dentro, encuentra al
jefe de mantenimiento y pregúntale por ver a El Portador de lo Etéreo. Pestañeará un par de veces, como si no
estuviera seguro si lo que preguntaste fue en serio. Reitera tu pregunta. En
caso que continúe parpadeando, podrás cerrar tus ojos y tapar tus oídos antes
de ser testigo de cómo tus entrañas son masticadas por demonios hambrientos.
Sin embargo, si él sacude su cabeza y se marcha, sigue adelante y déjalo ir,
pues tu pedido ha sido concedido.
En este momento, todo lo que puedes hacer es
esperar. Te darás cuenta que el salón se irá oscureciendo muy, muy lentamente,
pero no podrás distinguirlo hasta que haya pasado un cierto tiempo. Tan pronto
esto pasa, los sonidos tenues, casi inaudibles de una canción comenzarán a
reproducirse. Este sonido se hará más y más fuerte, también muy lentamente. No
obstante, debes esforzarte para no escucharla, pues esto hará que se
desvanezca, y tus oídos serán arrancados de tu cabeza. Debes considerarlo como
un ruido de ambiente y nada más, a pesar de que será la canción más bonita que
hayas escuchado jamás.
Pronto, un coro se alzará para unirse con la
canción. La letra de la que habla será más vil que cualquiera que puedas oír en
la Tierra ,
pero al igual que la canción, no debes concentrarte en ella. Junto a una
melodía desgarradoramente hermosa, cantarán una canción sobre cada asesinato,
cada violación, cada historia de amor falsa y rota que el mundo haya conocido
jamás. En caso que te hayas enfocado en oírla al menos un segundo, te
encontrarás con la miseria descrita en la letra, cien veces más terrible, hasta
que el día en que enloquezcas o mueras.
Luego de lo que podría ser un largo tiempo, la
canción se irá desvaneciendo, pero las luces continuarán tornándose negras, con
la excepción de un lugar a pocos metros, habitado por sombras levemente
iluminadas. No las mires muy de cerca, pues si lo haces, caerás en la demencia
a la vista de las criaturas que acechan por allí. Luego de un rato, una figura
sin ojos vestida con un atuendo formal estará de pie en ese punto, llevando a
su lado un viejo violonchelo podrido, tan alto como él. Se sentará sobre una silla
enmohecida que gradualmente tomará forma junto a las sombras también. Estará
listo para tocar, pero no lo hará hasta que le preguntes: ¿Por qué Ellos cantan? Sonreirá
tristemente y te preguntará: ¿Qué
pensaste de mi canción?
Cuando te haya preguntado eso, sólo deberás
responder con: “No he venido sólo para
escuchar antiguas bellezas”. Suspirará y comenzará a tocar otra melodía,
a la vez alegre y fuerte, caprichosa y conmovedora. Sin importar qué hagas, no
podrás tampoco escuchar esta melodía, sino todo se desvanecerá y en un parpadeo
estarás frente al mismísimo Satanás, escuchando sus lamentos por toda la
eternidad.
La figura comenzará a hablar lentamente, pero en
profundidad, acerca de por qué cantan, sobre sus intentos por ahogar sus penas
y nostalgia con música. Te dirá cómo es que la música es la única cosa que
puede calmar su furia y su sed de sangre, incluso aunque estén condenadas a
cantar las cosas más horribles imaginables.
Una vez termine de hablar, su melodía se detendrá
también. Si no es así, tu muerte será rápida e indolora, y te unirás a él en su
coro para siempre. De otro modo, él levantará y guardará su violonchelo, y te
lo dará. Lentamente se mezclará con la nada, como si nunca hubiera estado allí.
El instrumento que dejó atrás es tuyo ahora.
Aquel violonchelo es el Objeto 166 de 538. Hacer
música con él calmará las profundidades de tu alma, pero cada vez que lo toques
harás que el coro vuelva a subir su volumen. Deberías ser cuidadoso, no sólo
por hacerlo más fuerte y numeroso conforme pase el tiempo, sino también porque
mientras más lo toques, más cerca estarás de reunirlos…
167. El Portador de la
Paleta.
Una paleta es
una superficie rígida, plana en la que un pintor arregla y mezcla
las pinturas, generalmente de madera, plástico o de
otro material duro no poroso, y puede variar mucho en tamaño y forma.
En cualquier ciudad, en cualquier país, encuentra
cualquier tienda de suministros de arte o estudio de pintura a donde puedas ir.
Mira dentro y ve si hay alguien trabajando en alguna pieza de arte. Si está
empezando, no lo molestes hasta que esté a punto de terminar. Una vez este casi
listo, pregúntale si puedes ver una pintura de El Portador de la Paleta. El
artista debería congelarse, y cuando te mire, notarás una mirada de incredulidad
en su rostro. En caso que sea cualquier otro aspecto, como aburrimiento, o peor
aún, hambre, entonces el objeto ya ha sido obtenido, y sólo tendrás unos cortos
momentos antes de volverte la nueva fuente de tinta roja del artista.
Él comenzará a pintar marcas bizarras en su
pintura, terminando con un ademán que hará que te caiga pintura en los ojos.
Podrás gritar, el dolor no será como nada que hayas sentido antes que toma
contacto con tus ojos. Cuando puedas ver de nuevo, estarás en el paisaje que el
artista estuvo pintando. Serás libre de explorar tus alrededores, pero
tendrás que encontrar aquello que sea diferente a la pintura.
Luego de un rato, encontrarás algo, o quizás,
alguien. Será un anciano, con una paleta, un delantal usado cubierto en “pintura”
roja, y un pincel colorida, ocupado rellenando el desaparecido escenario. En la
paleta habrán globos oculares de varios colores, con excepción de uno. Camina
hacia el artista, y pregúntale: ¿Con
qué cosa Ellos proporcionan el color rojo?
El hombre comenzará a relatar, de forma muy
educada, la historia de los colores. Cómo cada uno obtuvo su nombre, su
composición química, en qué fue usado y por qué. No necesariamente terrible,
hasta que hable del color rojo. Comenzará a contarte el descubrimiento del rojo,
la sangre que fluyó en la confección de ese color, la forma en que se obtuvo
con diferentes fuentes y cómo difieren los colores. Podrías volverte loco y
pedirle al hombre que termine con tu vida, pero esto sólo te llevará a una
cantidad inexplicable de dolor siendo su sifón de su rápidamente agotable
fuente de rojo.
Él te mirará profundamente a lo ojos. Será
inevitable, y él encontrará el color que le falta. Si miras a los suyos, verás
que tendrá los ojos de exactamente el mismo color que los tuyos. Deberás
quitarle el pincel y clavarlo en uno de sus ojos, antes que él tenga la
oportunidad de hacerlo contigo. Quítale el pincel, y el hombre gritará de una
forma impía, agitando el mismo paisaje. Te atacará, y comenzará a arañar tus
ojos. No lo mates, pues hacerlo es tomar su lugar como el pintor del universo.
Arranca su otro ojo con el pincel, y empuja al hombre ahora titubeante
lejos de ti.
Dile sólo una cosa: “Por el maestro, no tengo ninguna simpatía. Por lo demás, la siento”.
Si él responde con: “¿Por qué no
compadezco a los dos?” entonces estarás condenado, y serás su nuevo
sujeto para un cuadro, siendo moldeado y deformado de maneras que incluso Ellos
se encogerían. Sin embargo, si él responde: “Ya no soy más el maestro”, entonces di: “¿Cuándo lo fuiste alguna vez?”
Te encontrarás frente a la pintura en que el
artista estuvo trabajando, con las marcas aún sobre ella, y la paleta que el
hombre usaba tirada en el suelo. Tómala y vete rápidamente, pues el
artista se preguntará por qué has arruinado su obra.
Esta paleta es el Objeto 167 de 538. Los colores en
ella prepararán el terreno. Sin embargo, sea cual sea el color que
utilices, el resultado final será rojo cuando Ellos se reúnan.
168. El
Portador del Celo.
Del bajo latin ‘zēlus’,
llámese ‘celo’ como una ferviente devoción y entusiasmo, a menudo extrema o
fanática en su naturaleza, hacia un movimiento religioso, causa política,
ideal, o aspiración.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve al
cementerio más grande dentro de los límites de la ciudad. Lleva contigo algún
otro Objeto, además de una pala, una brújula, y un reloj, así como también
alguna fuente de luz y algo para leer si te aburres muy fácilmente. Haz esto en
alguna noche de luna llena.
Ve al punto más alto en el cementerio, y
manteniendo la mirada en el reloj, espera a medianoche. Cuando la hora llegue,
párate y di: “Llévame ante El
Portador del Celo“. Una vez hayas
dicho esto, la luna llena menguará en oscuridad, dejando tus alrededores sin luz,
excepto por una tumba, que brillará pálidamente. Toma tus suministros y ve
allí. La lápida dirá: ‘El Portador del
Celo’, y en el epitafio: ‘A
través de la devoción todo es posible’. Comienza a cavar frente a la
tumba, y no te detengas hasta que hayas desenterrado completamente el ataúd
sellado abajo. Abre la tapa del sarcófago – debería ser fácil – y verás
que no contiene cuerpo, ni ninguna otra cosa salvo total oscuridad. Ésta es tu
última oportunidad de retroceder. Si continúas, la única manera de salir
de esto será para verlo hasta el final.
Ahora, despójate de todo lo que lleves, con
excepción del Objeto que hayas traído y la brújula (cualquier fuente de luz
saboteará tus esfuerzos por continuar, y todas las demás cosas no serán más que
un estorbo). Orienta tu brújula hacia el oeste, y posiciónate en el pozo de
manera que mires hacia la dirección de la flecha. Deberías estar apuntando
hacia el lado correcto del ataúd abierto. Ve delante y cuidadosamente
introdúcete en el ataúd. Caerás por unos pocos segundos, pero el aterrizaje
será indoloro. La oscuridad allí será total, pero tocando tus alrededores
podrás discernir que estás en un corredor de piedra, con un espacio de
aproximadamente 2 metros
y medio. Ignora la ausencia de cualquier luz, tu brújula brillará con la misma
luminiscencia tenue que la tumba que desenterraste, lo suficiente para que la
puedas ver. Camina hacia el oeste.
Desde ahora, hasta el final del túnel (sabrás
cuando llegues), no mires nada más que la brújula, no te muevas en ninguna otra
dirección que no sea hacia el oeste, sin desviarse del centro del túnel.
Dejaste atrás el muro de piedra con el primer paso. El crujido bajo tus pies es
la trituración de fragmentos de huesos, y en ambos lados de donde estarás
habrán sólidas y espasmódicas masas de carne. Cosas muertas, alienígenas,
abominables, todos los tejidos vinculados en dos cuadros aborrecibles que serán
tus únicos compañeros en este estigio camino.
Escalofriantes insinuaciones e insanos secretos
serán susurrados, gruñidos coléricos juramentos, aullados terribles gritos, entre
una cacofonía de ruido menos reconocible. Ver estas monstruosidades fusionadas
con cualquier luz podría afectarte hasta lo más interno de tu ser, te
petrificarás el tiempo suficiente para que las extremidades deformes te
despedacen, añadiendo tus restos sanguinolentos a sus cuerpos
compuestos. Incluso ver sus retorcidas sombras te llenará de horror. Así
que, una vez más, no dejes de mirar la brújula, no te desvíes del centro, y no
bajes el ritmo.
A su tiempo, el aborrecible murmullo cesará tras de
ti. Cuando ocurra, mira arriba.
Estarás en un nicho no más amplio que el corredor
que dejaste. Los muros serán de piedra una vez más, fijados en ellos, en varios
lugares, lámparas que brillan con una extraña luz verde. El piso estará
dividido en baldosas de formas no euclídeas rodeando un estrado octagonal. Allí estará la
estatua de una deidad olvidada, cuya forma será tan horrible que sólo los más
devotos seguidores podrían mirarla sin sucumbir al terror. Mira a la figura
camuflada detrás de la estatua, dándote la espalda. En silencio, con la
cabeza inclinada respetuosamente, ve donde la figura y pregúntale: ¿Por qué debo creer en Ellos?
Una vez escuche estas palabras, el acólito se
pondrá de pie y responderá: Porque
Ellos creen en ti.
Volteándose para verte, el acólito levantará su
capucha, revelando un rostro sin ojos en sus órbitas, pero con uno en el centro
de su frente. Desde sus fosas nasales serpenteantes y boca sin labios, el icor fluirá incesantemente. Desde sus vestiduras sin forma,
incontables extremidades, como colas de escorpión, terminando en hojas
quitinosas, se deslizarán y estarán listas para despedazarte. No te defiendas,
en su lugar, toma el Objeto que trajiste contigo, y concéntrate completamente
en su forma, los recuerdos sobre la forma de su Portador, cómo lo obtuviste.
Pero no pienses en lo que está a punto de pasar.
Cuando te hayas perdido ante el Objeto, más allá
del poder de quién lo creó, el acólito comenzará con su tarea. El
dolor infligido será terrible, pero no debes ser distraído por éste.
Incluso aunque segmentos de tu cuerpo caigan al piso, no debes prestarle
atención. De cualquier modo, morirás, pero sólo a través de este ejercicio
supremo de la voluntad serás restaurado.
Si tienes éxito, despertarás en tu cama, en tu
dormitorio, y el reloj mostrará las 2:00 a.m. Ve al espejo más cercano, y
observa la red de líneas rojas a través de tu cuerpo. Estas cicatrices dolerán
un poco, pero el dolor se encenderá ante la presencia de otro Portador.
La red de líneas rojas son el Objeto 168 de 538,
las Marcas del Fanático. No dudes en tu camino, o Ellos te atraparán por toda
la eternidad.
169. El
Portador de la Mortalidad.
En una ciudad próspera que haya sobrevivido en su
lugar actual por más de tres siglos, alquila una habitación de hotel lo más
cerca del centro de la ciudad que sea posible. Si absolutamente debes tener el
Objeto de este Portador, entonces, ya has solicitado al gerente del hotel
para ver a quien se hace llamar El
Portador de la Mortalidad ,
y si ya has dicho esto, sinceramente espero que tengas éxito, pues la
imposibilidad de obtener este Objeto tendrá consecuencias que llevarían incluso
a algunos Portadores a la locura.
Permanece en esa habitación por tres días sin tener
contacto verbal con ningún otro residente en el área y sin siquiera pensar en irte, no importa cuántos cadáveres
solitarios lleguen a roer casualmente tu piel sensible. Si en cualquier
momento, un grito de auxilio escapa de tus labios mientras están en tu prisión
voluntaria, podrás hacer lo que sea para evitar tu inminente secuestro y
posterior sádica tortura. Tu cobertura se ha perdido en este punto, y los
hambrientos secuaces pronto liberados de tu propio subconsciente irán a la caza
de tu marcada y apetecible carne tanto tiempo como vagues por este mundo.
Si, por algún milagro del ingenio humano, te las
arreglas para estar en esa habitación por tres días sin perder la cordura,
felicitaciones, ahora vete de allí, tienes trabajo que hacer.
Muchas cosas han cambiado en el mundo exterior durante
tu estadía en esa habitación; verás a lo que me refiero una vez vayas más
lejos. Presta atención al comportamiento de la gente que te rodea; por ejemplo,
te darás cuenta que pareciera que entre todos se están alimentando de los
demás. No pasaría mucho tiempo observando a mis compañeros, sin embargo.
Sólo sigue caminando. Tu destino es el centro
absoluto de la antigua ciudad. Esperemos que el sol brille durante el
viaje, de lo contrario, vigila tus pasos: el Portador que estás a punto de
conocer tiene muchos dedos, y Él odia cuando se les pisa.
El centro de la ciudad será distinguible por dos
cosas: primero, un nido de pájaro en un árbol delgado y blanco; y
segundo, una horrible y enorme masa carnosa y apestosa retorciéndose
en el suelo. No te dejes intimidar por su tamaño o hedor, pues la más leve
sensación de duda o miedo en tu mente será todo lo necesario para que descubran
tu presencia… y tus motivos.
Los pasos restantes deberían ser fáciles si has
logrado llegar tan lejos sin una pizca de miedo interno, simplemente arrástrate
por la masa tan silenciosamente como sea posible y empuja algo afilado en su
vientre blando.
Si no lo has herido, entonces tu existencia en
aquél lugar será otro elemento de disuasión para los futuros Buscadores. Si lo
hiciste correctamente, un líquido amarillento y pálido saldrá de la herida
y estarás en gran parte fuera de peligro tan pronto como tu víctima se
desinfle y se encoja en una forma casi similar a la humana.
Él está ahora completamente indefenso (aunque aún
así, no pises sus dedos) y deberás estar seguro de preguntarle: ¿Él alguna vez morirá?
Deberás escuchar cuidadosamente su respuesta,
mientras sus labios son cubiertos por capas de piel arrugada. Su respuesta será
breve; cuando termine, siéntete libre de buscar a través del limo del Portador
por su Objeto. Mi sugerencia sería que cerraras la boca durante tu búsqueda,
así como cualquier otro orificio en tu cuerpo. No querrás que esté dentro de
ti.
El parásito es el Objeto 169 de 538. Mantenlo
alejado de tu estómago.
170. El Portador de los Siglos.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a
cualquier piscina pública. En la puerta principal, dile al cajero que deseas
ver a El Portador de los Siglos. Si responde, sin
importar lo que diga, vete inmediatamente, y nunca regreses allí. Si te ignora,
insiste. El cajero cerrará sus ojos por varios minutos, se pondrá de pie y te
guiará a través de la piscina. Te darás cuenta que tanto la piscina como sus
alrededores están repentinamente desprovistos de gente, y el agua estará
completamente quieta. El cajero se detendrá en la orilla de la piscina, y
silenciosamente te dirá que entres.
Sumérgete completamente en el agua, de manera que
ninguna parte de tu cuerpo se acerque a la superficie de la piscina. Cierra los
ojos y permanece así todo el tiempo que te permita dejar tu mente preparada.
Abre los ojos. Si no estabas preparado, aún estarás en el agua, pero incapaz de
moverte y rápidamente quedándote sin aire. Pero si estabas listo para enfrentar
al Portador, cuando abras tus ojos verás un oscuro e interminable estrecho
debajo. Deberás flotar suavemente a la superficie y mirar a tus alrededores. En
el horizonte, verás una isla. Cuando comiences a nadar hacia la isla te darás
cuenta que el agua ya no está quieta, y te empuja hacia atrás con gran fuerza.
Deberás nadar fuertemente contra la marea, pues tan pronto como te canses,
serás barrido, condenado a estar a la deriva para siempre, a través de este
estéril e infinito océano.
Si alcanzas la isla, sentirás un impulso casi
inevitable de parar y descansar. Pero deberás seguir adelante hasta que llegues
a un gran lago en el centro. Cada músculo de tu cuerpo gritará, sentirás tu
mente a punto de colapsar, pero no estarás seguro hasta que llegues al lago. Al
llegar, dirígete hacia el lago y bebe un poco de su agua cristalina. Tan pronto
como el líquido toque tu garganta, escucharás su voz extraña, llamándote desde
alguna parte bajo la superficie. Sus palabras serán extrañas e incoherentes,
confusas por las leguas de agua que los separan.
Debes mirar con firmeza delante de ti y preguntar: ¿Cómo llegó a esto?
Su voz repentinamente se volverá clara, sus
palabras resonarán en la superficie. Describirá los incontables siglos por los
que ha vivido, describirá cómo cada continente fue consumido por el océano,
cómo este grupo de rocas es la única tierra restante en todo el planeta.
Te dirá la forma en que
lloraba, constantemente, por todos esos siglos, creando este lago con sus
lágrimas, y te dirá lo que cada lágrima representa, en horrible detalle. Que ha
llorado por cada atrocidad cometida, cada muerte, cada mentira, todo ello en su
interminable llanto. Entonces dirá que tu muerte será la última lágrima que
derramará.
Deberás bucear dentro del lago, nadando hacia abajo
hasta que ya no haya más luz, hasta que tus pulmones se vacíen. Te convencerá
de que regreses, y vivas en la superficie para siempre. Si lo ignoras, tratará
de repelerte, lanzando chorros de agua hacia arriba. Si persistes, verás algo
sin forma definida, brillando en la oscuridad. Si eres lo suficientemente
rápido, lo alcanzarás justo cuando quedes inconsciente. Debes tocarlo, y te
liberará de esta vida.
Despertarás una vez más en la piscina pública,
sintiéndote frío y exhausto. Felicidades, el Portador te ha relegado todos los
siglos que vivirá, siglos que tú también vivirás ahora. Estarás vivo cuando los
continentes comiencen a hundirse. Estarás vivo cuando todas las demás formas de
vida hayan perecido en las hirvientes y congeladas aguas. Y todo ese tiempo
llorarás, llorarás por tus errores y por los del resto de la humanidad.
Esta inmortalidad es el Objeto 170 de 538. Estarás
condenado a esperar hasta que otro Buscador idiota venga por ti, comenzando un
nuevo ciclo.
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