Si te has encontrado con un auténtico vendedor ambulante, jocoso y
humorístico, quizás ya los desprecies. Desafortunadamente para ti, Buscador,
tendrás que superar este odio. Para siempre.
Primero, necesitarás el Objeto obtenido del Portador del Aislamiento.
Segundo, no busques a uno de estos hombres por tu cuenta. Si lo haces, nada pasará y no tendrás otra oportunidad para obtener este Objeto. En vez de eso, deja que ellos vengan a ti, incluso si esto toma varios años de tu vida.
Segundo, no busques a uno de estos hombres por tu cuenta. Si lo haces, nada pasará y no tendrás otra oportunidad para obtener este Objeto. En vez de eso, deja que ellos vengan a ti, incluso si esto toma varios años de tu vida.
Cuando la hora llegue finalmente, alguien tocará a tu puerta, y será un
hombre de treinta y algo en un traje barato y con un portafolios de cuero
falso. Deberás esperar pacientemente, mientras él te da su perorata entero.
Podría tomar un rato, dependiendo de lo que te ofrezca. Tendrás que verte
interesado todo el tiempo, pero sin dar un sólo comentario, o fracasarás.
Perder el interés también te hará fracasar, así que sé cuidadoso.
Cuando parezca que no tiene nada más que decir, deberás decirle: “Bueno señor, seguro que son grandes
artículos, pero no es realmente lo que estoy buscando”. Podría lanzar
otra perorata desesperada, pero inevitablemente preguntará qué es lo que
buscas. Sin cambiar tu expresión, dile: El
Portador de los Compañeros.
Si lo hiciste todo bien, el hombre se verá repentinamente nervioso;
sudará profusamente, moverá sus ojos de lado a lado, humedecerá sus labios…
esto podría continuar por un minuto antes que se recupere y te lleve a su auto
(aunque no tenga uno) y abra el portafolio en el capó, donde comenzará a buscar
entre las cosas, furioso. Si miras dentro, el hombre no encontrará nada,
suspirará derrotado, y se irá conduciendo sin siquiera mirarte. Si su
voluntad de vivir es muy fuerte, va a sobrevivir a la depresión desesperante
para venir y olvidar todo sobre ti.
No mires. Una eternidad pasará mientras el vendedor busca entre sus
cosas. El tiempo fluirá como agua a tu alrededor, y todo se volverá borroso. Si
tratas de permanecer consciente en este flujo de tiempo, envejecerás tan
rápidamente, que quizás no te des cuenta cuando el pasar del tiempo te lleve
ante la muerte.
Luego de un rato, todo será diferente. El vendedor, el portafolios, el
auto, todos tus alrededores serán reemplazados por una zona abandonada de la
ciudad en un lugar desconocido. No hay plantas o animales a la vista, sólo
inmensos monolitos de concreto mirándote con ojos ennegrecidos. Ten cuidado con
esos edificios, pues las criaturas que yacen allí son grotescos arácnidos de
inmenso tamaño, como algún pariente infernal del lobo araña. El sólo hecho que
estés allí provoca su ira… Afortunadamente, están casi completamente sordas.
Permanece en absoluto silencio mientras caminas entre los edificios y no serás
descubierto: si te ven al menos una vez, un terrible grito se alzará entre los
monolitos, y las arañas no descansarán hasta que hayas sido el alimento de
millones de sus crías.
Comienza a caminar y eventualmente llegarás a una rotonda que rodea una
estatua despedazada, la única cosa arruinada en la ciudad. De pie sobre los
escombros estará un hombre alto, de pelo grasiento y largo, vestido de un traje
a cuadros marrón. Estará sosteniendo un portafolio de felpa, pintado como vaca,
en su mano derecha, y sonriendo de oreja a oreja con sus dientes amarillos. Sus
pantalones están cortados bajo sus rodillas, y no lleva zapatos. Sus pies están
recubiertos con un barro de desagradable tono negro que nunca se seca, y si
miras más de cerca, verás a un puñado de bichos que pululan sin rumbo por el
lodo. Alrededor de su cuello tendrá un colgante de dos botas de vaqueros.
Acércate a él, pero no hables. Y no lo mires a los ojos; sólo la locura
y la muerte te esperan en sus perlas negras.
Poco después de que te acerques, dejará escapar un largo suspiro y
preguntará en un exagerado acento vaquero, “¿Me has estado buscando a mí?”. Su voz será hipnotizante y de
otro mundo, pero si le das forma a su encanto permanecerás allí para siempre,
bloqueado bajo su mirada y la de los monolitos… y eventualmente en la de las
arañas.
Hay sólo una cosa que podrás hacer a este punto: mostrarle el Objeto
126, y mirarlo directamente a sus ojos. Si no está llorando, serás hipnotizado
y caerás presa de las arañas.
Pero si lo está, permanece donde estás. Por tentador que parezca, no
tomes su portafolio con estampado de vaca, ni siquiera lo toques; él dejará de
llorar y lo golpeará contra tu cabeza con el impulso de un camión en una
autopista: Es su medio de vida, después de todo. En lugar de eso, pregunta
cortésmente: ¿Por qué razones Ellos se
esconden?
A través de sollozos el hombre explicará en detalle la crueldad y el
sufrimiento eterno que cada Portador restante experimenta cada día, hora y
segundo. Esto podría tomar varias horas, así que ponte cómodo, si es posible…
Muchos Buscadores que llegaron hasta aquí han caído en la locura durante su
triste historia, condenados a vagar eternamente por este cementerio de
concreto. Ni siquiera las arañas terminarán con su sufrimiento.
Mientras termina, comenzará a llover gotas de agua salobre,
incluso si el cielo estuvo claro cuando llegaste. Su expresión volverá a ser su
usual y nauseabunda sonrisa, aunque las lágrimas todavía fluirán desde sus ojos
negros. Luego de otro suspiro largo, él desatará su colgante sacudiendo las
manos y te lo dará. Asintiendo, te dirá: “Es
todo tuyo, Tigre. Hazte cargo de él ahora… Es muy frágil”. Finalmente,
se dará la vuelta y se alejará con sus piernas arqueadas.
Una inmensa sensación de vértigo sobrecogerá a tu cansada mente y te
encontrarás sentado en el asiento del copiloto de un auto destrozado por el
lateral, en un tramo aleatorio de alguna carretera de tu ciudad. A tu lado
estará el cuerpo del vendedor. Cada hueso de su cuerpo ha sido destrozado, y él
estará cubierto del mismo barro que había en los pies del Portador. No te
preocupes mucho por esto… lo más probable es que no sea extrañado.
El colgante de plata en tu mano es el Objeto 291 de 538. Mantenlo
seguro, pues mientras lo lleves contigo, tu voz llevará una resonancia
encantadora que hipnotizará a cualquier a que la oiga. Desafortunadamente,
ahora los vendedores ambulantes serán atraídos a ti como moscas sedientas a un
cuerpo en descomposición. Para siempre.
Ese Objeto es la brillante epítome del deseo humano por tener compañía…
Y créeme cuando te digo que Ellos la están esperando con sus brazos abiertos.
292. El Portador
de las Visiones.
En cualquier ciudad, en cualquier país, visita cualquier institución
mental o centro de reinserción social a donde puedas llegar. El trabajador
sentado detrás del escritorio estará vistiendo un traje andrajoso, su pelo será
grasiento y descuidado, y en sus ojos residirá el brillo apenas perceptible de
la locura. Pregunta a este hombre si puedes visitar a quien se hace llamar El Portador de las Visiones.
El hombre se reirá exageradamente. “Oh, no otro de los tuyos”, dirá de buen humor. Su carisma te
atraerá, y preguntará si en vez de eso no quieres acompañarlo al bar y beber
algo. No aceptes su oferta, o serás guiado hacia un callejón, donde serás
destripado antes de ver el cuchillo. Pregunta otra vez por el Portador, y su
rostro cambiará. Su sonrisa se desvanecerá y la locura de sus ojos se mostrará
otra vez. “¿Por qué no vienes
conmigo?”, dirá. “Ahora”.
Haz lo que te diga, y serás llevado alrededor del edificio hacia una
puerta de servicio. Será abierta para ti, y deberás caminar dentro sin miedo.
Del otro lado de la puerta habrá una habitación débilmente iluminada, y las
paredes tendrán respiraderos extraños cerca del suelo. La puerta será
bloqueada, y los conductos de ventilación sisearán. Un extraño vapor llenará el
lugar. Aguanta la respiración, golpea la puerta, o incluso grita, si quieres,
pero no vas a durar mucho tiempo.
Es mejor buscar un punto confortable en el suelo para recostarse y
respirar profundamente. En algunos momentos perderás la consciencia, y las
visiones comenzarán. Nadie ve las mismas cosas. Visiones de tus grandes
triunfos se entremezclarán con las de tus grandes fracasos. Verás el júbilo y
la pena, la furia y la paz, el amor y el odio; todo esto y más pasará frente a
tus ojos, mientras oscilas entre estados de éxtasis y horror.
No importa cómo, debes estar concentrado y lúcido, y recuerda que esto
no es realidad, sólo sueños e ilusiones. En caso que te quedes demasiado
absorto en estas visiones, aunque sea por un momento, quedarás atrapado para
siempre en ellas mientras se vuelven progresivamente más terribles, y consumen
tu cordura.
Si te las arreglas para permanecer concentrado luego de lo que parecerá
una eternidad, entre tus visiones verás un camino recto y plano, extendiéndose
tan lejos como se puede ver en una llanura cubierta de hierba, bajo un cielo
nublado y gris. Tu alucinación te guiará por ese camino, hacia un hombre
vestido con ropaje oscuro, con una gorra de béisbol negra, de pie al final de
la carretera. Cuando estés a cincuenta pasos de él, sentirás que dices en
voz alta la pregunta: ¿Han estado
juntos antes?
De repente, tu sueño cambiará, y en un instante verás una visión del
caos. El sueño se convertirá en una pesadilla de absoluta destrucción tan
completa, tan terrible, que incluso imaginarla demasiado descuidadamente te va
a volver loco. Si, luego de esta rigurosa prueba, tu salud mental está intacta,
despertarás boca abajo en un callejón. Tu cabeza se sentirá como si hubiera
sido golpeada con algo pesado y contundente, y tu billetera se habrá perdido.
Te sentirás adolorido y con náuseas, y tu extrañamente familiar gorra de
béisbol negra se inclinará torpemente sobre tu cara.
La gorra es el Objeto 292 de 538. Ya pasó una vez, y puede ocurrir de
nuevo.
293. El Portador de la Supresión.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier lugar donde
prevalezca la presencia de computadores. Puede ser un cibercafé, un centro de
copias, una concentrador de red, cualquier lugar donde hayan muchos
computadores. Pregunta a quien veas allí por hablar con El Portador de la
Supresión. Si los ojos de la persona se ensanchan de
incredulidad, has encontrado el lugar correcto. Si cualquier otra reacción
ocurre, vete por tu alma y no mires atrás. Ya estarán buscándote.
Serás guiado por un pasillo del edificio que parece no usarse hace ya
mucho tiempo. Mientras caminas por allí, verás que los aparatos tecnológicos
parecen volverse cada vez más anticuados, hasta que finalmente llegarás a una
habitación con un solo computador.
Lo primero que notarás de este computador es que no está conectado a la
fuente eléctrica. Será de una generación mucho más antigua de la tecnología que
estamos acostumbrados a ver en este tiempo, pero por alguna razón aún
funcionará como si estuviera nuevo. Esta es tu última posibilidad para volver
atrás. Habrá un mensaje en la pantalla que requiere que ingreses algún comando.
Siéntate en la silla al lado y escribe: ¿Donde
están Ellos ahora?
La habitación se desvanecerá y te encontrarás en un vacío. El computador
se manifestará frente a ti como una brillante forma de malla de alambre de sí
mismo, enlazando cables que no tenía antes con lo que podrás percibir como tu
cerebro. Los datos fluirán entrando a tu mente, contándote de cada fracaso que
haya tenido lugar como resultado de la tecnología, trascendiendo el espacio y
el tiempo, los eventos futuros no escapan de este Portador. Cada pedazo de
información borrada, desde la más insignificante hasta la más importante y
crucial golpeará tu mente, y cada horrible consecuencia será mostrada en
horripilantes detalles. Sólo aquellos con la fortaleza del calibre necesario
sobrevivirán a este torrente de datos sin llegar a ser parte del inagotable
suministro de energía del ordenador para siempre.
Te darás cuenta que en este vacío se encuentra todo lo que alguna vez
fue borrado, ya sea de forma inadvertida o con un propósito, y rápidamente te
harás parte de todo. Sólo el poder de tu imaginación, procedente de tu
interior, será tu salvación si decides buscar este Objeto. Trata de hablar o
nombrarte a ti mismo de nuevo en existencia; este computador sólo entiende
ciertos aspectos sobre el fenómeno conocido como vibración, como la que tu voz
interior produce.
Si tu imaginación es lo suficientemente fuerte, te manifestarás frente
al ordenador. El monitor estará apagado y una de las teclas estará en tu mano
izquierda. Abandona el lugar inmediatamente, Alguien podría necesitar
llevarse algo a cambio…
Si deseas que algo se desvanezca permanentemente (incluso otras
personas, si eres realmente sádico y malvado), sólo piensa en ello y pulsa la
tecla que ahora posees; ello dejará de existir. Pero si la usas demasiado, sin
embargo, todo lo que quedará serás tú y los demás Objetos, poco a poco
uniéndose, incluso si ya lo has intentado usar en otro Objeto. No creas
que impedirlo iba a ser así de simple, ¿verdad?
La tecla de suprimir es el Objeto 293 de 538. Poderosa como pueda ser,
aún debes encontrar otra forma de prevenir Su reunión.
294. El Portador de la Decisión.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier lugar donde se
realicen fotografías. Cuando llegues al escritorio principal, pregunta por
hablar con El Portador de la Decisión. La
persona allí se dirigirá hacia la máquina y quitará una foto de ella, dándotela
a ti. Mientras hace esto, no digas nada: no hagas nada que haga que ellos sepan
de tu presencia. Son bastante elocuentes, y van a tratar de persuadirte de
no llevar a cabo esta tarea.
La foto que te han dado es una imagen simple de la sala donde estás
ahora, con un anciano vestido con un delantal de cuero parado en la esquina. Si
miras al lugar, no lo verás allí, así que no intentes buscarlo. Algo en el
hombre te invita a seguirlo. Ve donde él estaba parado, y encontrarás otra foto
en el piso, esta vez de un corredor muy largo. Dos puertas de hierro estarán al
final, marcadas con los números 1 y 2 respectivamente. Cuando mires atrás, el
corredor estará frente a ti, más largo que el tamaño del propio edificio en el
que entraste. Seguramente, ya estás acostumbrado a tales rarezas por
ahora, sin embargo, haz tu camino hacia las puertas.
Frente a la puerta con el número 1, habrá otra foto. Mostrará la puerta
abierta hacia una habitación pequeña, cuya única luz proviene desde una ventana
distante. Cuando levantes la vista, la puerta estará abierta de la misma manera
que en la imagen. Ve por allí, y la puerta se cerrará de golpe, con el óxido
ondeando. Cuidado con pensar demasiado sobre la puerta número 2, no hay
nada de beneficio para ti detrás de ella.
Un reloj estará en un aparador cuyos detalles no podrás distinguir. Su
forma será difícil de identificar debido a la oscuridad, pero podrás ver que
marca las 9:45. Levante el reloj, y quita cinco fotos se esconden debajo.
Foto uno; el reloj está sobre el mostrador marcando las 9:48. Tu ser más
querido estará hablando con la persona en el escritorio principal.
Foto dos; el reloj marca las 9:50. Tu ser más querido va por el corredor
junto a la persona del escritorio. Mantiene la puerta número 2 abierta para tu
ser querido.
Foto tres; el mismo reloj se ve sobre una casi idéntica cómoda, marcando
las 9:53. Dos personas se muestran haciendo males indecibles a tu ser querido.
Sus rostros inmundos se retuercen en placer lascivo y erótico. Tu ser querido
no parece compartir su júbilo; de hecho, llora, rindiéndose a su destino.
Foto cuatro; el reloj marca las 9:49. Te muestra tomando el reloj de la
cómoda y yendo hacia la ventana para continuar con tu búsqueda.
Foto cinco; y el reloj está destrozado. Se muestra una combinación de
Objetos, el reloj destrozado incluido, en las manos inmundas de las dos
personas. Los cuerpos de tu ser querido y el tuyo yacen mutilados sobre el
suelo.
Una vez termines de ver las fotos y entiendas su contenido, sin importar
cuánto te hayas tardado en esto, mira el reloj; serán las 9:49.
El reloj es el Objeto 294 de 538. Ellos han tomado muchas decisiones, y
ahora debes hacerlas tuyas: ¿Tomarás el reloj de su Portador como es de
esperar, o intentarás en vano de salvar a tu ser querido?
295. El Portador del Immolare.
Immolare es un verbo transitivo cuyo
significado es “sacrificar”.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier restaurante a
donde puedas ir. Alcanza la entrada, y un garzón se acercará a ti, su
arrogancia y desinterés en ti es notoriamente obvio. Si no es así, entonces aún
no has sido considerado digno y deberás regresar luego de que hayas obtenido
otro Objeto. De lo contrario, dile en un tono elegante que deseas una mesa en
la parte de atrás y que no quieres ser molestado. El camarero te mirará de
arriba abajo y se irá; su falta de respeto será exasperante, pero debes
quedarte quieto y sólo verlo. Eventualmente, se volteará, hará sonar los
dedos y te indicará una mesa. Pasará por delante de ti y deberás darle las
gracias educadamente antes de sentarte. No responderá, pero el no agradecerle
le incitará su gran furia.
Luego de unos pocos minutos, el garzón se acercará a tu mesa, esta vez
viéndose muy ansioso; gotas de sudor serán apenas perceptibles en su frente y
sus ojos se mantendrán mirando hacia la puerta. Sigue su mirada hacia la
puerta, donde verás a dos hombres robustos bloqueando la salida, con los brazos
cruzados. Estarán mirando al camarero.
Te mirará y dirá: “¿Qué desea
servirse?” toda su altivez anterior habrá desaparecido de su voz.
Sólo responde con: “Deseo cenar
con El Portador del Immolare”. El garzón se estremecerá visiblemente, e
intentará persuadirte por otro lado con tentadoras descripciones de cada
artículo en el menú, pero debes ser persistente. Rogará por que pidas algo para
comer, pero no lo hagas. Cuando te susurre al oído, exige tu comida alzando la
voz forzosamente. Esto captará la atención de los otros dos hombres, quienes
caminarán y tomarán al camarero de sus hombros antes de arrastrarlo fuera,
hacia la puerta de la cocina.
Momentos después, un hombre vestido con pantalones de traje y un chaleco
asquerosamente sucio, sosteniendo un plato de comida, saldrá de la cocina y se
sentará a tu lado.
“Cuéntame de Immolare”, él ordenará, pero
no respondas a menos que quieras ser su próxima merienda. Eventualmente,
dejará su plato sobre la mesa y te dará permiso para comer. En este plato
estará la pierna de un bebé, casi quemada. Come con prisa: tú eres la estrella
de su show, y todos estarán mirando. La menor señal de repulsión conducirá a
los espectadores a un frenesí asesino antes que tu tarea esté completa.
Cuando termines de comer, el hombre tomará tu plato y te pedirá que lo
sigas; debes hacerlo. Serás llevado al centro del lugar donde estará una silla.
Siéntate y espera. Una multitud se ha reunido a tu alrededor ahora, todos sus
ojos ansiosamente hacia ti. En ese momento, las puertas de la cocina se
abrirán, los hombres en la puerta aparecerán con un carro ornado, provocando
expresiones de júbilo infantil en los espectadores. En ese carro estará el
camarero; desnudo, atado, con cadáveres frescos y desmembrados de bebés y fetos
en cada orificio. Sus ojos estarán cosidos, su patética lucha todo lo que
queda de su cordura.
Si miraste a tu alrededor, habrás notado que el restaurante sigue
llenándose desde que comiste, la multitud ahora se esparce de muro a muro y se
hace más grande, cada ser clamando por una mejor vista. Ocurrirán pequeñas
escaramuzas mientras la lucha por conseguir una mejor vista se vuelve más
literal.
Uno de los hombres quitará una pequeña bolsa de cuero de sus pantalones,
la deshará y tomará un gran pedazo de una mezcla toscamente molida. La multitud
caerá silenciosa ante esto, y él rociará la mezcla sobre el camarero. El
indefenso garzón será golpeado, mientras la mezcla quema profundamente su piel,
haciendo que el humo se levante, y sus gritos no serán nada comparado con los
tormentosos aplausos y arrebatados gritos de alegría de la multitud. En poco
tiempo, la lucha va a romper de nuevo, pero esta vez la gente estará trepando
no para ver, sino para comer – corriendo hacia el indefenso camarero para
devorar su carne aún viva. Sus gritos de angustia nunca se levantarán por sobre
el lujurioso grito de la multitud mientras lo hacen pedazos, hartándose sobre
la ofrenda. El festín se tornará en una orgía; una masa retorcida de
cuerpos desnudos se revolcarán el suelo, chorreando de sangre al camarero y a
sí mismos.
Luego de un instante, la multitud caerá en silencio como un sueño
profundo los envuelve. El hombre de la puerta te preguntará: “¿Fue de su agrado?”
“Yo quiero el Immolare”, es todo lo que
puedes decir.
Si quieres el Immolare, deberás tomarlo: En el momento en que declares
tu deseo, el hombre correrá hacia ti. Haz lo mejor que puedas para esquivar sus
dientes, pues son bastante afilados, y estarán tan podridos que seguramente te
infectarán. Termínalo de cualquier forma que puedas, o enfrentarás el mismo
destino que los otros Buscadores, aquellos que has visto devorar al camarero,
atrapados y queriendo nada más que tu próxima comida.
Una vez lo hayas derrotado, toma la bolsa y ponla sobre tu cabeza. La
horda estará durmiendo con agitación, vaciando sus contenidos sobre sí mismos.
La mezcla quemará hasta tu alma, un dolor punzante recorrerá a través de
tu cuerpo mientras la multitud se vuelve febril, la cantidad excesiva de mezcla
los volverá furibundos, y ellos se despedazarán unos a otros para cenar sobre
ti.
Despertarás en tu hogar, con la bolsa en tus manos, cubierta con
quemaduras y mordidas, y una pequeña cantidad de la mezcla quedará dentro.
La Mola Salsa
es el Objeto 295 de 538. No importa cuantas veces sean alimentados, Su
hambre nunca podrá ser satisfecha.
296. El Portador del Lazo.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución
mental o centro de reinserción social a donde puedas ir. Cuando llegues al
escritorio principal, pregunta por visitar a quien se hace llamar El Portador del Lazo. Si el
trabajador te ignora, vete. Aún no es tiempo. Pero si el trabajador se desmaya,
inmediatamente cierra los ojos. La conmoción de los otros miembros de personal
serán oídos al instante. Las voces te atacarán, preguntándote qué ha pasado.
Mantén tus ojos cerrados y no respondas, no querrás sufrir un destino
inimaginable. Cuando todo caiga en silencio, será seguro. Abre tus ojos. Si
tuviste éxito, deberías estar frente a unas escaleras.
Sube por allí. Mientras haces esto, voces pidiendo ayuda resonarán
debajo. No las ignores, sólo diles con calma: “No hay ayuda para ustedes ahora”. Si los gritos continúan,
detente y acepta el horroroso destino que te aguarda. Si los gritos cesan,
prosigue. Llegarás hasta una puerta grabada con un único símbolo. Bajo la
puerta habrá una daga. Para poder acceder dentro, deberás tallar el mismo
símbolo en una de tus manos. Una vez hecho, toca el pomo con esa mano. La
puerta debería abrirse. De lo contrario, reza por que alguien con mejor
habilidad que tú llegue antes que desaparezcas. No regresarás a casa.
Cuando la puerta se abra, serás recibido con la vista de una chica, un
chico y un lazo. Ignora a la chica, y pregúntale al chico: ¿Qué pasó con los otros? Di otra cosa,
y estarás por siempre arrepentido de no ahorcarte en el lazo cuando podías.
El chico te contará sobre cómo los otros “visitantes” se perdieron a
través del tiempo. La historia hará que tu alma sienta tanta piedad, disgusto,
e indignidad que comenzarás a debatir si debes o no matarte en ese momento, con
el fin de estar salvo de los posibles errores en el futuro. Cuando haya
terminado, la chica te preguntará si quieres saber algo más. No le prestes
atención. Cuando esté claro que no dirás nada más, el chico te ordenará que te
des la vuelta. Desobedece sus órdenes. En vez de eso, mira mientras
él procede a levantar el lazo y a forzar la cabeza de la chica a pasar a través
de él. Todo el tiempo, ella gritará pidiendo ayuda con lágrimas corriendo por
sus mejillas. Acércate con la daga en la mano y dáselo al chico, liberando toda
la esperanza de la chica.
Una vez esté todo hecho, el chico cortará un trozo de pelo de la chica y
lo traerá en un broche grabado con el mismo símbolo que sangra en tu mano
y en la puerta. Sal por donde viniste, y estarás en el mismo punto del
vestíbulo donde llegaste. Aunque ahora, no habrá nadie alrededor, y el
trabajador seguirá desmayado.
El pasador con el pelo suelto es el Objeto 296 de 538. No quites
los cabellos, pues ellos representan tu vida.
297. El Portador de la Luciérnaga.
En cualquier país, ve a cualquier caverna profunda a donde puedas
llegar. No es necesario que sea alta como para entrar de pie en ella, pero si
como para caminar dentro y quedar envuelto en su oscuridad, y al mirar atrás,
no se vea rastro de la luz exterior. Una vez estés en esa situación, dale la
espalda a uno de los muros y golpea el techo seis veces. Espera cinco segundo,
y golpea seis veces más. (Si el techo está muy alto para alcanzarlo, puedes
golpear la parte más alta del muro que alcances, aunque no está garantizado que
funcione del todo).
Serás llevado a la parte profunda de la caverna que todas tienen;
aquella que siempre esconde un secreto. Una vez allí, deberás mirar y caminar
rápidamente y avanzar decididamente en la oscuridad. Si tropiezas o miras
en otra dirección, serás atrapado en la negrura que te envuelve y te perderás
para siempre.
Eventualmente, voces comenzarán a cantar a través de la caverna. Será
una canción en constante cambio, y cada movimiento invocará una sensación
diferente; a veces emocional, otras física. Es esencial que sin importar la
sensación, desde furia hirviente o dolor paralizante, hasta depresión
abrumadora y pasión febril, debes continuar, firme e inquebrantable.
Cuando hayas pasado la cámara de las canciones, llegarás ante una gran
estatua de una serpiente devanado alrededor de un farol de gas grande. Desde
allí, el farol emanará un tenue brillo verde. Ve hacia la estatua hasta que
estés delante de la cabeza de la serpiente. Entonces pregunta con corazón
valiente la siguiente pregunta: ¿Qué ha
hecho caer la luz que guiaba?
En respuesta, la serpiente se desenrollará en el farol, y la fuente de
la luz será revelada como un pequeño colgante de vidrio, de color verde, aunque
sin cadena. No tomes el colgante, ya que es simplemente un señuelo, y decaerá
el brazo del pobre Buscador que lo tome. En vez de eso, tira el farol al suelo.
Esto aplastará a la serpiente, la cual convulsionará violentamente por un rato,
mordiendo todo lo que tenga cerca.
Una vez la serpiente esté muerta, abre su boca y quita uno de sus
colmillos. Comenzará a derramar algo de su veneno, el cual pronto se evaporará
en miles de pequeñas luces amarillas.
El Veneno es el Objeto 297 de 538. Te guiará por tu búsqueda, pero no
puedes encontrar el destino a tu gusto.
298. El Portador
de la Comunidad.
En cualquier ciudad pequeña de cualquier país, ve a cualquier edificio
gubernamental que puedas encontrar. Una vez allí, acércate al escritorio
principal y pregunta cortésmente por ver a El Portador de la
Comunidad. Una mirada de miedo con los ojos abiertos
entrará en los ojos de la secretaria, y mirará tu rostro, sin pestañear. De
repente, sonará el teléfono y ella se encogerá, mirándote como si fueras una
víbora venenosa. Descolgará el auricular y lo pondrá en su oído. Mientras ella
escucha a La Voz
hablarle, el color se drenará de su cara. Mantén el silencio si deseas
continuar con tu búsqueda, pues interrumpir a La Voz es invitar a su furia.
Pronto, ella colgará el teléfono y dejará su cabeza en sus manos,
llorando. Pon tu mano en su hombro y pregunta otra vez por ver al Portador. Con
angustia en sus ojos ella te mirará, e indicará enmudecida a la puerta por
donde entraste. Abandona el edificio. El durmiente pueblo que viste antes yace
en ruinas. Humo corrosivo llenará tus pulmones al inhalar el hedor de la
muerte. Escóndete rápidamente, pues no es un buen momento para estar en el
exterior. Grupos de horrendos demonios acecharán a los sobrevivientes de esta
atrocidad, y serás más alimento para satisfacer su inacabable hambre. Haz
tu camino hacia el edificio más alto que veas, ya que es la única forma de
salir de este lugar maldito.
Si en cualquier punto de tu viaje ves aparecer a una figura solitaria,
escondida en oscuridad que tus ojos no pueden atravesar, deberás correr
rápidamente, y esperar a que no te haya visto. Él es el Opresor Oscuro de este
pueblo, y los que no logran escapar de su ojo siempre vigilante sólo
tienen un corto periodo de tiempo para lamentar su error, antes de descender
sobre ellos, rechinando los dientes, desgarrando el alma del cuerpo y la carne
de los huesos.
Si logras llegar hasta el edificio, entra rápidamente, y arma una
barricada en la puerta con cualquier cosa que tengas al alcance. Tan pronto como
entres, comenzarás a oír La Voz ,
susurrando en tu mente. Será sibilante y seductora, llamándote hacia sí mismo.
No te resistas, pues en cualquier minuto puede llenar tu mente con un terrible
ruido que hará que tu grito más fuerte sea como un susurro comparado con la
tormenta de su fuerza. Síguela, y serás llevado ante una puerta sin
pretensiones. Endurécete y entra.
La puerta se cerrará de golpe detrás de ti, y te encontrarás en la
oscuridad sin alivio tan lejos como alcanza la vista. El silencio habrá descendido,
y La Voz se ha
ido completamente. No hables, excepto para preguntar: ¿Por qué los adoran?
Lentamente La Voz
regresará, un zumbido que se convertirá en un grito silencioso. Esto continuará
hasta que sientas que no puedes aguantar más, y de pronto, cesará. Fuera de la
oscuridad vendrá una pequeña sombra. No aparecerá como luz, sino como una
pequeña disminución de la eterna penumbra que te rodea. Hablará, sonando como
la voz de tu más querido amigo de la infancia. Describirá en espantoso e
insoportable detalle, toda la decepción y la tragedia, las mentiras y los
derramamientos de sangre que han venido junto a las almas erradas que usaron
los Objetos para su beneficio personal. Esta historia parecerá durar años, y la
voz espiritosa se volverá más triste cada vez, hasta que tu corazón quiera
llorar por su pérdida. No lo hagas, La
Voz todavía domina, y aunque se resistió, por ahora, no desea
nada más que destruir tu mente y dejarte balbuceante en la oscuridad por toda
la eternidad.
Cuando el espíritu termine, cierra tus ojos y espera hasta que sientas
el concreto contra tu espalda. Ábrelos, y te encontrarás en los cimientos del
edificio. El sol se asomará sobre tu rostro, y la maldita ruina quedará
relegada a las pesadillas de sus ciudadanos desprevenidos. Sobre tu pecho
estará una pequeña bola de vidrio, en su interior estará un modelo
infinitamente detallado del pueblo donde estás. Cuando lo dejes sobre tu mano,
una vez más escucharás a La
Voz. Tú eres su maestro ahora.
La bola es el Objeto 298 de 538, La Voz nunca mentirá, pero siempre se esforzará para
engañarte.
299. El Portador de la Sed de Sangre.
En cualquier cuidad, en cualquier país, ve a cualquier institución
mental o centro de reinserción social al que puedas ir por ti mismo. Allí en el
escritorio principal, pregunta por El Portador
de la Sed de
Sangre. El trabajador se tornará tan blanco como una hoja de papel, y te
guiará hacia una puerta. La puerta en sí misma parece normal, excepto por una
pequeña mancha de sangre en la parte inferior. Entra por la puerta y te
encontrarás en la más infernal batalla que pueda haber sido concebida por
hombres o dioses.
El suelo estará cubierto por cadáveres en descomposición y la sangre
correrá espesa y profunda. Muy cerca de allí, debería haber un objeto grande
con tres soldados amontonados detrás. Te ignorarán a menos que les preguntes: ¿Por qué deben haber derramamientos de
sangre?
En ese momento, los soldados caerán muertos, y una voz ronca dirá tu
nombre desde detrás.
Date la vuelta y verás a un hombre. Estará sangrando de varias heridas
en su cuerpo, y llevará consigo una gran hacha de guerra de doble filo.
Pregúntele acerca de la batalla, y él se retractara de la
destrucción causada por los objetos reunidos. Pregúntale por los
Objetos y se reirá de ti. Pregúntale una vez más lo que a los soldados, te
llamará “tonto” y clavará el hacha en un pedazo de piedra. A continuación, se
hará a un lado y deberás quitar el hacha. Si no la sacas lo suficientemente
rápido, se volverá a ti y te asesinará de la manera más horrible posible. Sin
embargo, si la quitas, él te dirá: “Mi
sed de sangre ha sido saciada; la tuya acaba de empezar”. En ese
momento, aparecerás fuera de la institución portando el hacha ensangrentada.
Esta hacha de guerra es el Objeto 299 de 538. Cuando todos se hayan
reunido, habrá sangre.
300. El Portador de la Aflicción.
“La noche miré de lleno,
de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.”
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.”
Edgar Allan Poe, “El Cuervo”.
En Baltimore, Maryland, ve al edificio 203 en la calle North Amity y
entra. Debe haber un tour pasando por el interior del edificio. Únete al grupo.
El guía te preguntará si deseas empezar el tour desde el principio. Aquí, debes
decir: “No, Simplemente quiero
ver a El Portador de la
Aflicción “.
El guía te dará una mirada burlona, y luego dirá que el grupo ya lo hizo
parte de la gira. Por ahora, si no has notado al grupo que guiaba, verás que
todos sus miembros parecen estar mojados en lo que parecerá ser su propia
sangre, y sangrarán de heridas abiertas un río de rojo como el que está debajo
de donde estás caminado. Sus ojos representarán canicas blancas rodando en sus
cabezas. Hace ya mucho abandonado el uso de su vista, estas personas
estarán buscando en la oscuridad por lo que los ha perdido. Sus lenguas cuelgan
fuera de su cabeza, una peste o plaga verde asquerosamente ataca el interior de
sus bocas y sus lenguas.
Y la inocente guía es la líder de estas almas malditas. No caigas en sus
trucos. Date la vuelta y sigue el rastro de sangre que los miembros del tour
dejaron atrás.
El rastro llegará a una puerta, con un pequeño charco que indica desde
dónde comenzó el profuso sangramiento. Golpea la puerta. Ya no hay vuelta atrás
en este punto, pero si tienes un deseo de arrancar, nunca podrás irte de
Baltimore, y mucho menos de esta casa en particular. Espera hasta que una
calmada y tranquila voz te llame. Si la voz es ruda y tersa, hoy es el día en
que los más grandes poderes han decidido que nunca debiste haber existido. Y
arreglarán su error usando la manera más dolorosa imaginable.
Abre la puerta. En la habitación verás un hombre pequeño y pálido
sentado en un escritorio, escribiendo en un diario. No importa a qué hora
entraste allí, el cielo a través de la ventana se verá oscuro, sin luna, y el
hombre trabajará con una lámpara de aceite. Además de estos detalles, no hay
nada más que seas capaz de ver, pues la luz de la lámpara de aceite no puede ir
tan lejos.
Entra. Ignora el sonido que tus pies harán al golpear el suelo, en un
sonido acolchado. No mires el color en que tus zapatos se han tornado. Bloquea
tus pensamiento sobre lo cálidos que se han vuelto. Y lo más importante, no
digas nada sobre el hecho de que existe algo en el suelo en primer lugar.
Cuando alcances al hombre, mira hacia lo que escribe. Será un lenguaje
incomprensible, no vale la pena echarle un segundo vistazo.
El hombre dirá mientras escribe: “¿Puedo
ayudarte en algo?”
Responde sólo diciendo: “Nunca
más”. Si dices algo más, él inmediatamente te atacará con un fuerza que
te causará dolor eterno en cada terminación nerviosa del cuerpo. La muerte
nunca te alcanzará mientras él lentamente tira de todo lo que una vez fue ser
humano y festeja, tomando su tiempo de masticar cada trozo de ti, además de
usar tu sangre para rellenar su pluma fuente.
Él sacudirá su cabeza. “Así
que, ¿Realmente lo quieres? ¿El Objeto que he custodiado por tanto tiempo? Pero
no he terminado con Él todavía”.
Responde con: “Nunca más”.
Suspirará. “Bueno. ¿Es todo lo
que puedes decir”
Otra vez, di: “Nunca más”.
Mirará su cuaderno, ya no a ti. “Ya
veo. Digo, necesito un poco de aportación en la historia que estoy escribiendo
y me preguntaba si puedes darme un minuto para que la puedas escuchar…”
Una vez más, di: “Nunca más”.
Luego de una corta pausa, él se levantará y caminará hacia la ventana. “Muy bien, voy a tomar eso como un si.
Bueno, empieza con…”
Y comenzará a contar una de las historias más perturbadoras que hayas
oído, secundada por nada ni nadie. Te contará de un infame criminal que escapó
de cierto asilo mental. ¿La razón por la que estaba allí? Él había
asesinado y comido a cada persona que estuvo en contacto con él antes de su
arresto, un total de 23 personas. Forzado a pudrirse en el asilo por 5 años, él
pacientemente esperó por la sentencia de muerte, balbuceando sobre su rescate
de una fuente divina y la colección que aún tiene que terminar. Luego, el día
de su dolorosa ejecución, un rayo fundió un agujero en la valla y se creó una
explosión tan poderosa que hizo un agujero en su celda, lo suficientemente
grande como para que se escabullera.
Él corrió hasta que no pudo correr más, y entonces continuó. Entonces
entró a otro asilo y preguntó al empleado por ver a alguien. Él entró y se fue
muy rápidamente, llevando un pequeño paquete en sus brazos.
El hombre continuó haciendo esto, matando y devorando parcialmente
a cualquiera que se interpusiera en su camino en una juerga alegre de
sangre, hasta que obtuvo un número de objetos aleatorios que fácilmente podían
ser quinientos. Entonces, desapareció, sin dejar rastro. Nadie volvió a
escuchar de él. ¿La moraleja de la historia? ¿Qué moraleja?
“Bueno”, entonces el hombre dirá: “¿Qué piensas?”
Responde con: “Nunca más”.
El hombre pausará. “¿Quieres
saber quién fue ese hombre? ¿El asesino?”
Responde: “¿Tú?”
El hombre se volteará hacia ti, su rostro cubierto en la oscuridad, y
mostrando sus rosados y ásperos dientes, iluminándose a sí mismo en la negrura.
“No…”
El hombre se acerará y susurrará: “…
eres tú”.
Ahora serás capaz de conseguir una buena mirada en su rostro. Parecerá
como si estuvieras mirando a un espejo, porque la cara de este hombre es una
copia casi exacta de la tuya, excepto que habrá rojo que baja por su barbilla,
y sus dientes se llenarán de rosado. Entonces el hombre sostendrá un espejo.
Siéntete libre de gritar. Todo lo que verás es el rostro del hombre, que
es ahora el tuyo. Los mismos dientes, la misma mirada salvaje en sus ojos.
La próxima vez que pestañees, estarás en una habitación de tu hogar, y
la hora será la misma a la cual entraste en el edificio. En tu escritorio habrá
un diario cerrado con una “R” rojo sangre en su portada. Tómalo, y ve al baño.
Sería una buena idea limpiar toda la sangre en tu rostro.
Este diario es el Objeto 300 de 538. Ahora tienes la inspiración para
traer la ruina a la vida como la conoces. Sin embargo, si decides escribir la
historia depende de ti.
“Y el impávido cuervo
osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!”
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!”
Edgar Allan Poe, “El Cuervo”.
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