domingo, 6 de julio de 2014

Los Portadores - 381 al 390


381. El Portador de lo Desconocido.

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro de reinserción a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio principal, dile al recepcionista que deseas hablar con El Portador de lo Desconocido. El trabajador tomará un respiro profundo, se pondrá de pie y te llevará hasta el sótano. Una vez entres, la puerta se cerrará de golpe; sin embargo, podrás aún mirar el exterior. Verás en un monitor, por medio de una cámara, la institución y a todos sus ocupantes, con extraños flagelos semitransparentes adheridos a sus cráneos que se interconectan como telas de araña con otras personas y objetos. Ellos no parecen verlos o darse cuenta de que los llevan, pero ahí estarán, entrelazándose pero nunca enredándose.
Camina por el sector. Es un diseño de caracol, cuya arquitectura es inusual, pero empinada. Afírmate del pasamanos mientras desciendes: las superficies están resbalosas y una caída supone arrastrarse hasta el abismo debajo, donde verás cosas desconcertantes y nunca antes pensadas que destrozarán tu mente a la primera mirada.
Mientras bajas, verás más monitores que dan a muchos lugares, quizá puedas reconocer algunas ciudades y/o personas. Todas y cada una de ellas parece llevar los mismos flagelos, desplegando una gran red de cables, como si estos proveyeran de cierto grado de relaciones interpersonales. Nadie se da cuenta de ellos, pero tú los verás sin dificultad. Sigue descendiendo, pero ten cuidado al final: habrá un pasillo, pero unos metros más abajo el caracol termina, sin barandas ni apoyos, por lo que deberás ser ágil para no caer.
Llegarás a un salón enorme, lleno de pantallas que muestran aún más lugares y gente aglomerada entre la telaraña. Una entidad, sosteniendo con una gran cantidad de brazos lo que parecen ser miles y miles de ganchos con hilos sujetos, como si fuera un titiritero colosal, adosará un poco de ese cableado en ti, con el que podrás verle la cara a él y a sus bestias.
Míralo a los ojos. En ellos sólo encontrarás una imagen perturbadora, pero es lo único que te protege ahora. Sin dilación alguna, debes preguntarle: ¿Por qué nadie supo de esto?
El Portador comenzará a contarte sobre las cosas desconocidas de este mundo, aquellas que desde la antigüedad el hombre ha intentado inútilmente explicar, y tú verás las verdaderas respuestas a estas interrogantes. Así también, sabrás por qué la especie humana desconoce la realidad de los Objetos o el peligro que suponen, hecho esto con el fin de que nadie se atreviera a detenerlos. Se advierte que muchas de estas revelaciones son demasiado para la mente humana, y tú estarás en peligro de volverte más insano de lo que nunca se pensó posible. Pocos sobreviven a esto sin azotar sus cabezas instintivamente hasta la muerte, pero si tu mente es fuerte, el Portador procederá a revelarte un último secreto:
Pronto, te verás con muchos flagelos saliendo de tu cuerpo en todas direcciones. Esos hilos representan las conexiones entre seres humanos y la existencia: los enlaces que unen a cada individuo con otros y con el mundo material. Llámalo destino, casualidad, uniones predeterminadas, representan la comunión de cada persona y su entorno y por lo tanto, son inalterables.
Algunos de tus hilos brillan de un resplandor azul, son los Objetos que están unidos contigo. Estos lazos son mucho más fuertes que los demás, pero a su vez consumen a los otros, explicando por qué los Buscadores se desconectan del exterior y se embelesan en sus búsquedas. Todo está planeado por esta entidad, y no hay forma que lo puedas cambiar. Esto quitará toda esperanza de abandonar tu proeza y te sumirá en depresión. Luego, parecerá que algo te succiona desde la nada. No te resistas, pero mantén los ojos cerrados.
Saldrás a un lugar extraño con aspecto de caverna, y oirás sonidos sobrenaturales emerger detrás de ti. Delante, una entidad con aspecto de bruja está siendo sometida a una reacción caótica que es mejor no ver. Tantea su rostro y extrae su ojo, luego lánzate hacia atrás. Parecerá que eres encerrado en una caja.
Abre los ojos. El Portador tomará el ojo, lo examinará y lo implantará en tu frente. El dolor será insoportable, pero luego de un rato, podrás controlarlo como cualquiera de tus otros ojos. Sólo podrán verlo aquellos que ya hayan renunciado a su destino, por lo que no necesitarás ocultarlo de la gente normal. Este ojo te permitirá ver la telaraña de flagelos y podrás controlar sus uniones con excepción de las tuyas con tus Objetos. Sin embargo, cada vez que reordenes la red, perderás algo conectado a ti; un ser amado, una reliquia apreciada, un fruto de esfuerzo. Tus Objetos nunca se perderán de esta forma.
El Ojo de la Telaraña es el Objeto 381 de 538. Todo parece estar oculto a la vista.


382. El Portador de la Blanca Luna.

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier iglesia o lugar de culto a donde puedas entrar. Busca al padre o al líder de culto y pregúntale por aquella que se hace llamar El Portador de la Blanca Luna. Si una sonrisa amplia cruza su rostro, has llegado al lugar adecuado. Serás guiado hacia una puerta, tallada en roca lunar pura, con un tallado de luna creciente de plata. Sólo necesitas empujarla para entrar.
Estarás ante un cielo nocturno, sin importar la hora a la que entraste, y no habrá suelo a tus pies. No entres en pánico, o caerás desde el cielo directamente a un pozo de lava. Sin embargo, si logras estar calmado, comenzarás a ser dirigido hacia una gran nube blanca. Dentro de ella, verás al Portador, una hermosa criatura, híbrida entre una elfa y un ángel. Arrodíllate y baja la cabeza ante esta entidad sagrada, pues sólo aquellos de alma pura pueden acercarse a ella.
El Portador te sonreirá y posará su mano en tu cabeza, luego te hablará.
“Que comience la prueba”.
Instantáneamente, serás dejado en tu propio Infierno personal. Todos tus miedos más oscuros te atacarán a la vez, todos tus seres amados sufrirán muertes horribles y llenas de dolor. Sin embargo, deberás permanecer fuerte ante estas imágenes de excelso horror, pues si tu corazón flaquea, todo se volverá realidad. Si no cedes, serás traído de regreso a la nube. El Portador se sentará en su trono. No te pongas de pie o te muevas, hacerlo es una falta de respeto. Ella te hará una pregunta.
“¿Qué puede brillar a través de la oscuridad de la noche más negra?”
Deberás responder: La luz de la Blanca Luna.
Si no lo haces bien, sugiero que te lances de la nube antes que ella te alcance. Si respondes correctamente, ella te pedirá que te levantes y colocará un colgante alrededor tuyo. El collar es de cuentas de malaquita blanca y pura con suaves rayas grises. Caerás dormido, y despertarás en el lugar de culto al que fuiste. Ahora podrás manejar la luz de la luna, pero te debilitarás ante la luz del sol.
Este colgante es el Objeto 382 de 538. Eres el guardián de la Blanca Luna, cuidado con su gemelo oscuro.


383. El Portador de la Miseria.

Una cosa, si has tenido suerte, no habrás enfrentado en tus viajes a tu propia muerte. Prepárate para que eso cambie.
En cualquier cuidad, en cualquier país, ve a cualquier funeraria o morgue a la que puedas llegar por ti mismo. Encuentra al jefe del establecimiento y pregúntale si puedes ver a El Portador de la Miseria. Una mirada de dolor puro podría surcar el rostro del hombre, y te guiará dentro del edificio. Si, en cualquier momento, el hombre comienza a hablarte sobre las mercancías que vende, ve inmediatamente al ataúd más cercano sin decir una palabra. Si eres afortunado, cuando abras el ataúd, no habrás sido transportado al Vacío.
Si efectivamente entraste en el ataúd correcto, aparecerás en un gran dormitorio. Éste dormitorio tendrá el mismo aspecto que el que está en el lugar al que llamas hogar, así que siéntete libre de familiarizarte con este espacio. Porque, por ahora, sólo tendrás felicidad de esto.
Luego de lo que podrían parecer unos pocos días, escucharás un fuerte ruido, gimiendo perpetuamente desde atrás tuyo. Cuando te des vuelta para ver qué causa tal sonido, encontrarás una gran variedad de herramientas.
Sólo hay una lista de herramientas que ha sido compilada, sin embargo, se ha perdido. Aunque hay rumores de que las cosas que allí están sólo pueden ser usadas de una forma.
Toma la primera herramienta, cualquiera que elijas, para este Portador hay mucha indulgencia en cómo él debe ser entretenido. Con esta herramienta, deberás atacar rápidamente a la única cosa viviente en la habitación: Tú mismo. Este Portador exige su entretenimiento y tú eres su fuente primaria. Si eres sabio, harás que valga la pena su tiempo. Tu muerte es lo único que cumple sus requerimientos.
Despertarás. Te encontrarás en el mismo dormitorio otra vez, la única diferencia es que una herramienta en la lista ha desaparecido. Para este entonces, sabrás lo que tienes que hacer. Debes destruirte secuencialmente con cada una de las herramientas para mantener contento al Portador. Reza para que puedas sobrevivir a tus propias muertes. Tú y tu cordura.
Despertarás por última vez. Aparecerás en el dormitorio que, a este punto, estará mojado en tu propia sangre. En el centro de la habitación estará sentado un hombre pequeño, un poco calvo, con una peineta. Si tiene una mirada de decepción en su cara, estarás forzado a revivir todas las muertes dolorosas por toda la eternidad, como castigo por la falta de buen entretenimiento.
Pero si se entretuvo lo suficiente, tendrá una mirada de aprobación, o mejor aún, de placer, en su cara. Te felicitará por tu buen trabajo y te permitirá hacerle una pregunta: ¿Por qué debemos actuar para ellos?
Sonreirá, y comenzará a decirte por qué. Será una historia enloquecedora, dirá cómo cada persona ha contribuido a la exhibición, cada suicidio, cada asesinato y cada locura realizada. En este punto, si todavía estás en tu sano juicio, te darás cuenta de que estará burlándose de sí mismo. De repente, las herramientas reaparecerán una vez más. Él te dirá: “Continúa el ciclo, como me gustaría verlo”
Toma la primera herramienta que usaste, vuélvete al hombre y responde: “Continuaré el ciclo, pero no formaré parte de él” y rápidamente mátalo. Se reirá histéricamente en este punto, y caerá muerto.
La próxima vez que despiertes, estarás fuera de la funeraria o morgue a la que entraste, y la herramienta que usaste primero en tus manos.
Esa herramienta es el Objeto 383 de 538. Todo el mundo es un escenario. ¿Harás tu parte, o la de alguien más?


384. El Portador de Lo Que Nunca Fue.

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hospital o clínica grande a donde se te permita la entrada sin problemas. Pregunta a la primera persona que te ofrezca ayuda por El Portador de Lo Que Nunca Fue. Su comportamiento calmado desaparecerá, y apuntará a una puerta que no estuvo allí antes, que podría estar situada en medio de un pasillo vacío, o dirigiéndose al suelo. Mientras examinas la puerta, la persona con la que hablaste se irá.
Entrar por esa puerta causará que sientas una inmensa amalgama de emociones. Culpa, pena, y remordimiento inundarán tu mente. El alivio y el éxito llegarán después. No sabrás qué sentir, pero no dejes que esto te retrase. Nada de lo que sientas importará mientras no dejes de caminar. No sentirás que lo haces. No podrás ver nada más que tu propio cuerpo; rodeándote no hay nada que parezca un pasillo terrenal, sino un vacío que no está ni iluminado ni ensombrecido. Lejos a la distancia verás una figura moviéndose lentamente hacia atrás y adelante en una mecedora gastada. Se trata de un hombre barbudo, vestido con jeans y una camiseta blanca.
Mientras silenciosamente te acercas, una voz como la de un hombre anciano se hará audible. Se ríe, recordando cosas que no tendrán sentido para ti. No reflexiones ni preguntes sobre lo que habla. El hombre sólo te mirará y asentirá cuando intentes comunicarte con él. Él se reirá y se encogerá de hombros. Es casi reconfortante.
Sólo hablará coherentemente si le haces la siguiente pregunta: ¿Cómo se convirtieron?
El anciano dejará de moverse y te mirará a los ojos. Mantén la mirada o nunca abandonarás este lugar.
“¿Puedes sentirlo? Seguramente lo habrás sentido antes. ¿El arrepentimiento? ¿Las decisiones? ¿No saber lo que pudo haber sido?”
Él se reirá, y suspirará. Entonces sacará de su bolsillo un frasco aparentemente vacío.
“Se trata del suspiro colectivo del mundo … el reflejo de lo que es en la ficción, en la memoria falsa”.
Él se hundirá de nuevo en su silla y suspirará otra vez.
“¿Te acuerdas? ¿Lo rememoraste? No puedes. Ya lo sabes y no lo sabrás. Aquello nunca fue, es, ni será”.
Se reirá, agitando su cabeza, con calma meciéndose en la silla. Traerá una sonrisa a tu rostro.
Despertarás en el hospital, sobre una cama fría. A tu izquierda verás el frasco con su líquido, junto a una nota en un papel. En ella, aparecerá la pregunta: “¿Qué hubiera ocurrido si nunca hubieras conocido los Objetos?” junto con algunas imágenes de aquello que habrías sido si nunca hubieras emprendido tu búsqueda. Cada vez que mires una fotografía, ésta se desvanecerá, pues nunca existió. La amalgama de sensaciones regresará a ti. Trata de aprender a sobrellevarla.
El líquido del frasco, el Suspiro Colectivo del Mundo, es el Objeto 384 de 538. Nunca debieron haber existido.


385. El Portador de la Plaga.

En tan sólo una ciudad especial, en algún país que aún no hayas visitado, ve al motel más barato situado en el centro de la ciudad. Lo reconocerás por el olor y su deteriorado aspecto. Cuanto estés seguro de estar solo en el vestíbulo, aproxímate al escritorio principal, no digas nada y desliza hacia el recepcionista un pedazo de papel que tenga escrito: “Solicito una audiencia con El Portador de la Plaga”. Si alguien entra en el vestíbulo mientras este intercambio toma lugar, tu vida se desechará.
Una vez lea el trozo de papel, una mirada de piedad cruzará su rostro, así como su piel comenzará a burbujear y ampollarse, sus ojos se volverán negros como el vacío, e insectos no identificados empezarán a salir por todos los orificios. Entonces levantará su mano y apuntará hacia una serie de puertas en el muro. Espera que el pus negruzco haga erupción de su dedo, y éste te indicará la puerta correcta. Sólo debes dirigirte allí. No mires de regreso al recepcionista si quieres que sobreviva.
La primera cosa que notarás mientras cruzas la puerta, es el hedor putrefacto que atacará tus fosas nasales. Respira profundamente estos aromas de muerte, decaimiento y pudrición, pues imbuirán tus sentidos con la fuerza que necesitarás para enfrentar aquello que buscas. Segundo, verás que los muros, piso y techo estarán hechos con carne infestada de gusanos, elásticos y blandos bajo tus pies. Comenzarás a oír el sonido seco de la descomposición biológica, amplificado y acelerado mil veces, para depredar tu cordura como un enjambre de insectos anidando en tus oídos. Mientras te adentras más en este Salón de la Repugnancia, lloverá sangre maloliente desde el techo. No trates de limpiarla, pues provee de otra barrera que te mantendrá seguro de los peligros del Portador.
Pronto, llegarás ante una puerta hecha de piezas desmembradas de cuerpos. Posa tu mano en ella y enfoca tus pensamientos sobre el Portador que buscas. Cuando tu llamada sea respondida, la puerta se desmoronará pieza a pieza, desde la parte superior y hará ruidos sordos apagados y húmedos al caer sobre el manchado suelo de sangre, peinado de gusanos y carne. Ahora puedes entrar en el Oubliette de la Infección.
Flotando a unos metros por encima del suelo, suspendida en el aire por un enjambre de langostas funestas, una ennegrecida forma humanoide tiene espasmos a velocidad preternatural. “La proximidad a la muerte se encuentra siete veces entre lo cercano y lo lejano. ¿En qué lugar te dejaremos?”. El Portador de la Plaga te preguntará, su voz sonará más bien inhalada y exhalada misteriosamente, procedente de las paredes en lugar de su rostro. Algunos de sus esbirros insectos aterrizarán a tus pies y comenzarán a arrastrarse por tus piernas a este punto, pero no les pongas atención. Sólo intentan distraerte.
Ve hacia el Portador, pon tu mano en el centro de su pecho, y con una voz fuerte, grita: Estoy en Su camino. No me dejarás en ninguna parte. Siempre que hayas tomado tu tiempo en controlar la sobrecarga de tus sentidos mientras recorrías el Salón de la Repugnancia, habrás recibido suficiente sangre que te proteja de la infección del Portador y su peste, por el que explotará en una cegadora cascada de tinieblas. Si no, morirás de una forma lenta y exquisitamente agonizante, mientras te vuelves parte de la estructura viva del reino del Portador.
Regresa por donde viniste, corriendo tan rápido como puedas. Ve a tu hogar, toma un baño y duerme. Cuando despiertes a la mañana siguiente, encontrarás una huella de una mano color verde oscuro sobre tu estómago, que se encuentra bajo tu piel, de una forma diferente a como se vería un tatuaje. Se contrae a voluntad, enviando una sensación violenta de picazón a tus terminaciones nerviosas cada vez que lo haga.
Has encontrado el Objeto 385 de 538. La Marca de la Corrosión es ahora tuya para hacer su llamamiento cuando sea necesario.


386. El Portador del Fin Viviente.

¿Lo entiendes? Los Objetos han sido separados en 538 partes, y buscan reunirse. ¿Por qué los Buscadores no entienden que su participación no es por su propia voluntad, sino más bien, simplemente haciendo su parte en este juego, para que puedan reunirse?
Y estoy seguro que sabes lo que pasará si se reúnen. Yo lo sé, claro. Y sé que no puedo detenerlos. Nadie puede hacerlo. Nosotros somos, después de todo, fichas en un tablero. Títeres atados a cuerdas. Personajes de un juego grotesco. Y debemos jugar, nos guste o no.
Lo que yo sé, sin embargo, es lo que ocurrirá después. Aquello que pasará una vez Ellos se junten. Y esa es la razón por la que debo dejar que se reúnan. El por qué debes encontrarme.
Sabes que debes buscarme. Debes hacer tu parte. Irás al centro de rehabilitación más cercano, así como hiciste para conseguir los 385 anteriores. Preguntarás por mí. La persona en el escritorio hará su parte. Temblará. Gimoteará. Y él te guiará a mí. Aquí es donde yo hago mi parte. Voy a obstaculizar tu progreso. Oscureceré tu camino, y te cegaré con la nada. Susurraré en tu oído las voces de los condenados, esperando que te vuelvas loco. Te invitaré a seguir adelante y hacer caso omiso de la oscuridad que te envuelve. Vas a hacerlo, porque esa es tu parte. Y tienes que cumplir con tu parte.
Llegarás al final de tu viaje. Este viaje hacia el vacío cobrará en ti, y sentirás como si estuvieras en las últimas etapas de tu vida. Pero no caerás. No debes. Sentirás algo delante de ti, y te darás cuenta que es una puerta. Empújala. Tienes que abrirla, pues tu vida no es lo único que depende de ello, sino también la historia. Y la función debe continuar.
Entonces te cegaré con luz, y te encontrarás en una sala con un anciano y una mesa. Ese anciano, por cierto, soy yo. No mires mi rostro, o te volverás loco. En su lugar, mira la mesa frente a ti. Verás un tablero de ajedrez abandonado en esta mesa. Te sentarás en la silla frente a ella, y entonces moverás la primera pieza.
Deberás derrotarme en este juego. Si no lo logras, morirás en la oscuridad del exterior. Tu victoria, sin embargo, será moviendo la reina con la cual me harás un jaque mate. Me declararé vencido y te daré la mano.
No debes darme la mano. Pregunta en su lugar: ¿Qué ocurrirá después del Fin?
Actuaré sorprendido. Te contaré lo que sucederá. Aquello después que se reúnan. Luego de los sucesos apocalípticos que desatarán. Te contaré de la Resurrección, Su Resurrección. Del Ciclo de la Vida y la Muerte. De cómo se dispersarán los Objetos para una nueva generación de hombres y mujeres desesperados por encontrarlos. Y de cómo Ellos se alzarán y acabarán con todo. Te contaré todo esto, y escucharás. Debes escuchar, pues está en tu parte hacerlo. Entonces entenderás el significado de todo.
Mantendrás tu compostura, y tendrás un sentido más profundo de comprensión de este universo fugaz. Sabrás lo que yo sé, pues eres digno. Estás destinado a conocer. Podrás llevar contigo la Reina con la cual me venciste, y saldrás de la habitación. Te encontrarás en la oscuridad, y despertarás fuera de donde viniste. Tendrás la Reina en tus manos.
Entonces tendrás el Objeto 386 de 538. Las piezas han sido movidas, y es sólo cuestión de tiempo el que sus partes sean llevadas a cabo.

387. El Portador de la Incredulidad.

Me temo, Buscador, que no me queda mucho tiempo. He estado corriendo demasiado, y me parece justo permitir que lo que me está persiguiendo me atrape. Después de todo, soy un criminal.
Permíteme explicarte:
Fue una terrible noche tormentosa en Roma, pero mi determinación fue sólida como una piedra. Decidí si era ahora o nunca. Era entonces un Buscador.
El día anterior, era un ciudadano normal del Imperio Romano. Los tiempos están mejorando, nuestro gran imperio bajo el gobierno de Julio César nunca había tenido mejor aspecto. Lo único que me preocupaba era saber donde iría a comprar la comida para alimentar a mi familia. Por mi bella esposa, cuya larga y rubia cabellera que aún puedo recordar, que sopla con tanta gracia con el viento, por mi hermoso niño, que aspiraba a ser igual que su gran padre, y para mi hija hermosa, tan joven, pero cuyo futuro podía ver que era muy prometedor. Era un buen día. El mercado enloquecía entre negocios, risas, gente bailando, música alegre haciendo eco en las calles de piedra. Las cosechas nunca se habían vendido mejor.
Al salir felizmente, poco a poco trotando por el boulevard soleado después de un buen trato por trigo y cebada, un hombre se me acercó.
Podía sentir oscuridad irradiando de ese hombre alto, una sensación de muerte inminente, casi. Las sonrisas de otros quienes se cruzaban en nuestro camino se desvanecían, deben haberlo sentido así. Su rostro se asemejaba a la sensación de nulidad, con los ojos vacíos y no emite emoción perceptible de su presencia. Su pelo gris llamativo brillaba con una luz opaca y potente. Una palabra para describirlo sería “sin emociones”. Sin embargo, él me saludó, y me contó una historia.
Me dijo que yo era especial. Me dijo que yo era capaz. Me dijo que juego un cierto papel en esta historia, y que mi tiempo se acercaba para actuar.
Curioso como solía ser, mi mente se plagó de preguntas. Él lo sabía. Se cernió sobre mí, me dijo que tenía una agenda muy apretada. Se inclinó cortésmente, y me sonrió, luego se fue. Nunca olvidaré esa sonrisa malvada.
En mi mano, dejó un pergamino. Me dijo que lo abriera tan pronto llegara a mi hogar, y lo leyera muy en secreto.
Lo que me lleva a la noche de tormenta. Salí de mi casa, en las calles muy concurridas de Roma. Cuando llegué a la avenida principal, miré hacia los cielos. Parecía como si los dioses no estuvieran satisfechos; tormentas eléctricas golpeaban el suelo, elevándose sobre las montañas en la distancia. Arrastrando los pies a través de la fría y erosionada calle de piedra, se formaban charcos por todas partes. Mi capucha de tela y una capa pronto absorbió la lluvia, dejándome en un estado de ánimo terrible, y muy desconfortado.
Genial, puedo decir que me encantará esto de “buscar”.
Con la luz que la luna me podía proveer, encontré el pequeño camino al lado de la avenida que indicaban mis instrucciones. Enclavado entre dos establecimientos de clase baja, pronto encontré la tienda del alquimista. Extraño, nunca había visto esta tienda antes. Ya era medianoche, y sus velas estaban encendidas, indicando que estaba abierto.
Poco a poco pasando por debajo de la puerta baja, me quité la capa húmeda. Después de todo, no la iba a necesitar hacia donde tenía que ir. Tal como se describía en el pergamino, busqué a la vieja ciega en el mostrador. Y por suerte, pude oler el incienso quemándose en la mesa. Dice que si no está encendido, entonces mi viaje pronto llegaría a su fin.
Después de mucho mirar alrededor, finalmente pregunté a la bruja: “Muéstrame el artículo que he venido aquí a buscar, porque nadie aquí sabe de mi deseo”. Una mirada de incredulidad emergió de su rostro, aparentemente dejándola paralizada. Ahora fue cuando tuve que actuar, como describía el texto. Rápidamente entré a la cámara posterior y me senté en el cojín de la bruja, en su cámara de meditación. Una sensación de cansancio al instante se apoderó de mí.
Un temblor me despertó. Miré alrededor, para ver los estantes destrozados y sacudidos, como si un huracán hubiera pasado por acá. Busqué mi pergamino, pero no lo encontré. Tal como había sido explicado.
Me arrastré bajo el marco de la puerta roto dentro de la tienda. El incienso se ha ido, y la bruja no estaba. Las velas seguían encendidas, con todos los productos en sus lugares. Curioso, salí lentamente del lugar.
Decir que estaba listo para lo siguiente sería mentir.
A medida que abría la cortina, estuve boquiabierto, mirando al cielo. Las nubes habían crecido a tamaños monstruosos, hinchándose. Desprenden una luz roja en la tierra.
Siendo ese el tema siguiente.
Como ya he salido de la carretera, entré en la avenida principal, miré alrededor para contemplar escombros y saqueo. Nadie estaba presente. Todas las tiendas al lado del camino habían sido partidas en dos o completamente destruidas, reducidas a ruinas. Como recordé, la nota decía que debía ir al punto más alto de la ciudad. Mirando hacia el Gran Edificio Legislativo, poco a poco empecé mi travesía a través del desastre.
Me di cuenta que mientras más me acercaba al edificio, las sombras crecían. Anormalmente grandes. Casi parecía como si estuvieran en movimiento. Arrojando ese pensamiento fuera, continué por el camino. Estaba silencioso, sólo se oía el viento que azotaba malvado por el boulevard.
Nada especial ocurrió hasta que llegué a las masivas puertas frontales. Las una vez brillantes puertas doradas habían perdido su brillo, reflejando una luz apagada que con dificultad iluminaba tres metros. Al entrar en la puerta principal, preparándome para entrar en el edificio, escuché un movimiento pequeño de guijarros.
Mi corazón se aceleró mientras rápidamente me volteaba. Las sombras que había creído que crecían, realmente lo hacían. Y ahora, a medida que surgían, sabía que un final agradable no me esperaría si me quedaba. Con mi corazón latiendo fuerte, entré en el edificio medio destruido.
Fue un largo viaje hasta la parte superior, subiendo por una aparentemente interminable escalinata. Pero el punto culminante del viaje fue cuando vi la trampilla por encima de mí, lo que me llevó a la cima. La luz comenzó a desvanecerse, y mientras miraba atrás, escuché sonidos impíos, pertenecientes a los seres-sombra que había reconocido en el suelo.
La trampilla se abrió de golpe. Un balcón me esperaba, con un telescopio posado en el borde, apenas tambaleándose, apuntando hacia unas nubes rojas. Mientras me acercaba, oía al cielo abrirse, casi ensordeciéndome con el golpe del trueno que le siguió. Podía sentir la fatalidad inminente de las sombras al acercarse. Sin perder tiempo, con las manos temblorosas, agarré el telescopio y observé en él.
A través de un quiebre entre las nubes negras, observé un peculiar conjunto de estrellas alineadas casi perfectamente como un ser humano. Este se veía muy viejo. Las estrellas salieron a la vida como un viejo y encorvado ser, con una barba plateada y una capucha oscura, trotando alrededor de los cielos. Por fin se detuvo, mirándome a los ojos.
Las nubes tronaron de nuevo, y sin presentación alguna, me contó una historia. Una gran batalla del Universo en que la humanidad vivía tan ciegamente frente a ella. Me contó de todo, cada detalle, cada pequeña cosa que haya ocurrido hasta este punto, pero lo peor de todo, lo que con seguridad pasaría si Ellos son reunidos.
Cuando el sabio terminó de hablar, me hizo una pregunta: Ahora que sabes de los Secretos, debes guardar en silencio este concilio. Pero, ¿actuarás? Y con esta declaración, las estrellas regresaron a su disposición normal, y las nubes se extendieron violentamente sobre el cielo.
Me quedaba una sola tarea pendiente. Tomé el telescopio y lo quité de sus fijaciones. Sobre el balcón, miré abajo. Miles de sombras sobre la ciudad se aglomeraron en mi posición. Sentí una presencia maligna entre ellas. En ese preciso momento, la trampilla se abrió de golpe.
Y salté. Y miré atrás.
Nunca olvidaré esa sonrisa retorcida.
Desperté a la mañana siguiente en mi cama, con el telescopio firmemente sujeto en mis brazos. La locura lentamente comenzó a corromper mi una vez sana mente. Mis visiones cubrían mis pensamientos. Me perdí dentro de mí mismo. Hubo sangre en los muros, formando runas misteriosas que no puedo describir hasta estos días. Reuniendo todo lo que aún quedaba de fuerza en mí, caí de la cama, arrastrándome a mi puerta ensangrentada. Agarrando el asa, poco a poco me levanté, con las piernas temblando, completamente ausente de color.
Nunca olvidaré lo que me esperaba del otro lado.
Mi amada esposa, mis hijos, fueron tirados al suelo con sus muñecas cortadas, sangre brillando casi como el pelo gris del hombre, un ausente, pálido brillo. Sus rostros llevaban cuchilladas y cortes, así como desgarros. Me derrumbé, llorando sobre mi familia una vez amada.
Qué he hecho.
Soy un criminal ahora, corriendo, pero pronto me cansaré. Arranco de mí mismo, de la sombra en mi mente, porque yo sé que no puedo hacer frente a mis visiones. No puedo hacer frente a las consecuencias de mis acciones.
El telescopio es el Objeto 387 de 538. La cordura es un bien preciado, ahora lo sé. ¿Te atreves a arriesgarlo por la verdad?


388. El Portador de la Beatitud.

En el lugar que llamas hogar, asegura todas las puertas, ventanas y cualquier punto que permita entrar o salir. Quita todos los espejos y objetos que produzcan reflejos de sus lugares y déjalos en un sitio oscuro. Ahora circunda tu hogar, siguiendo el muro exterior. Si en algún punto cruzas un sector de calor intenso, vete. No intentes recuperar tus posesiones, ya se han perdido. Sin embargo, si lo que cruzas es un punto frío, podrás proseguir.
Di con fuerza: “Deseo ver a El Portador de la Beatitud “. Habla clara y consistentemente. Si no escuchas una respuesta audible, regresa todo como estaba antes, pues has fallado. El Portador no será una amenaza para ti, pero recomendaría que no lo intentaras de nuevo. En cambio, si escuchas: “Soy aquél que buscas”, entonces responde al tope de tus pulmones: ¡Entonces muéstrame el camino!
Inmediatamente, sentirás una extraña sensación:
“…el frío golpe de la anestesia me invadió, una ola que comenzó en la punta de mi nariz, recorriendo a través de mi rostro hacia mi cabeza, descendiendo desde mi cuello hasta mi pecho, golpeando en una cálida explosión dorada en mi estómago, mi ingle, una sensación más allá del apogeo orgásmico y el alivio de la náusea, como si cada músculo de mi cuerpo se hubiera relajado y mi cabeza colgara suavemente en mi hombro, todas las sensaciones desenrollándose, sin la carga de un peso aplastante de dolor que ni siquiera sabía que tenía: prisa, ola, muerte, cielo, terminación. Durante horas y horas. El gran golpe. Sensual ultimátum…”
Despertarás, y te darás cuenta que todo está como antes. Los espejos en sus posiciones y la casa impecable. Busca todos los espejos, pues uno yacerá roto en el suelo, con sus piezas esparcidas. Encuentra aquella en la cual no te veas a ti mismo.
El fragmento es el Objeto 388 de 538. Desde este día en adelante, los colores los verás menos vivos, la comida te sabrá más insípida e incluso la más bella pieza musical parecerá un zumbido sordo. Nada se sentirá igual.

389. El Portador del Magnetismo.

En cualquier ciudad, en cualquier país, dirígete a cualquier hospital a donde puedas llegar. Necesitarás una cita de atención para una resonancia magnética, a la cual deberás ir sin ninguna posesión salvo la ropa que usarás. Cuando estés en la sala de imaginería, procede como se haría normalmente. La máquina comenzará a operar mientras lentamente ingresas en el tubo. Una vez dentro, cierra los ojos y sólo concéntrate. Si todo sale bien, notarás que el tiempo se detiene, percibiéndolo como un declive en el tono del sonido a tu alrededor y una disminución en la luz. Pronto todo se volverá oscuro. Perderás la consciencia.
Despertarás en un foso, el cual estará cubierto de esferas pequeñas de metal, que se adherirán a ti a toda prisa. La fuerza con la que lo harán te dejará irremediablemente malherido, quizá con algún hueso roto o hemorragias internas. Sin embargo, deberás continuar. Quedarte acá implicaría alargar la agonía eternamente. Comienza a caminar hacia cualquier dirección donde veas una luz verde que se aleja. Síguela y no la pierdas de vista.
Mientras avanzas, ten mucho cuidado. Todo lo que veas aquí es metálico y por ende, susceptible a ser atraído hacia ti. Verás sierras circulares, cuchillos, flechas de hierro, miles de ellas, tambaleándose mientras te mueves bajo la pesada fuerza de atracción a la que el suelo te tiene sometido. Si alguna de ellas te alcanza, el dolor que sentirás será infinitamente mayor al que tu propio cuerpo tiene como umbral, por lo cual querrás evitarlo. No puedes morir aquí, pero si por alguna razón ya no puedes continuar, serás llevado hasta una infernal maquinaria poseída por almas torturadas, y ellas harán contigo lo que tanto han anhelado en vida: venganza. Cada parte de tu cuerpo será transmutada en horrible descripción a metal, y tus fibras nerviosas, silentes pero vivas, soportarán el dolor de ser moldeadas lentamente a formas metálicas cuyo único propósito es causar daño.
En algún momento, cuando la luz verde deje de moverse, sabrás que has llegado. Verás una cinta transportadora, sube a ella. Lentamente te moverás dentro de un horror industrial complejo e imposible que destruirá tu mente si no tienes cuidado a donde miras. Tus párpados magnetizados serán forzados a estar abiertos, y tus manos pegadas a la cinta, de manera que no podrás bloquear tus sentidos. Tendrás que resistir todo el circuito mientras observas invenciones prohibidas y reliquias blasfemas, diseños macabros y funcionamientos impíos.
Al final de la cinta, caerás en un salón blanco con una silla de dentista en el centro, sólo que en lugar de dispositivos de ortodoncia, habrán muchos brazos con terminaciones eléctricas y brillarán de un color azul. Siéntate en la silla, y el Portador aparecerá.
Tendrá el aspecto y los rasgos de cualquier físico que haya existido o existirá. Nunca es el mismo para cada Buscador, pero él te pondrá una máscara en la cara. Respira profundamente, este éter te aliviará del dolor por el que has pasado, y te preparará para lo que sigue. Cuando te mire a los ojos, deberás preguntarle: ¿Qué fuerza los atrae?
Una vez dicho esto, el Portador pondrá en funcionamiento la silla en la que estás, y hará una incisión en tu estómago. No podrás ver lo que ocurre claramente, pero siempre se trata de otra experiencia dolorosa e inmisericorde. El Portador procederá a contarte sobre lo que atrae a los Objetos, las energía que se generan en cada Buscador al iniciar su búsqueda, y la magnitud de las fuerzas que los unirán una vez estén juntos. La historia no amenazará tu mente, pero quizás no quieras saber tanto.
Tendrás dos imanes en cada mano. Cuando escuches un ruido eléctrico, júntalos. Tu estado magnético desaparecerá, aunque el ataque que sufrirás será suficiente para dejarte inconsciente una vez más.
Cuando abras los ojos, estarás saliendo del tubo, y el médico a cargo indicará que hay un injerto extraño en tu estómago. Pasarás al quirófano, donde se te extraerá con anestesia local. Una vez lo quiten de tu cuerpo, deberás descansar por la noche. Al otro día, recibirás el desayuno, junto a un extraño imán de color azul. Llevarlo te concederá poder telequinético por sobre cualquier objeto metálico, pero es una habilidad que tendrás que entrenar.
El imán es el Objeto 389 de 538. La atracción de los Objetos te hace uno con Ellos.

390. El Portador de las Ocho Direcciones.

En cualquier aeropuerto a donde puedas llegar, compra un boleto hacia donde quiera que El Portador de las Ocho Direcciones haya ido. El trabajador te pedirá un momento. Mientras mira hacia otro lado, verifica que a tu izquierda haya algo de color verde; no importa lo que sea, mientras sea verde. Si no hay nada, el Portador ya sabía que lo buscarías y actuará en represalia. Cuando el trabajador te mire con una expresión de comprensión, dile: “Estoy más allá de las dudas sobre esto. Por favor, llévame el vuelo”.
El trabajador te dará un boleto y un pase de embarque negro con letras rojas, mirándote como si no fueras humano. Toma el boleto y dirígete a la puerta especificada. Es una puerta diferente y un vuelo distinto para todos, pero si se trata de un avión de una línea aérea menor, pequeña, y no una de las más importantes, lanza tu pase de embarque tan lejos de ti como puedas y huye.
No importa en qué lugar te sientes, una señora de edad media se sentará a tu lado. Ella es el Portador. “Esto es tan bullicioso”, dirá ella. “¿Qué se necesita para llegar a donde sea cerca de aquí?” Mantén una sonrisa en tu rostro mientras ella está divagando. Con el tiempo se va a callar, pero no hasta después de que el avión haya despegado.
Incluso aunque el destino no lo especifique, será un vuelo transcontinental. La mujer a tu lado comenzará a contarte de ella, así que si no le prestas atención, quizás no notes cuando te pregunte a dónde vas, y tu vuelo te llevará a tu otra vida, si tienes suerte.
Debes decirle, “Busco las Ocho Direcciones”. Ella te sonreirá y preguntará, “¿Y qué harás con ellas?” Responde en forma condescendiente: Pues tomar una, por supuesto, porque eso es lo que realmente son.
Si hiciste todo bien, ella te dirá: “Con permiso, necesito ir al baño” y se levantará. Ahora esto es muy importante. Debes hacer este paso perfectamente, de lo contrario la mujer regresará pronto, algo que no quieres que suceda.
En el instante en que la veas darte la espalda, cierra tus ojos y cuenta hasta 390. Puedes hacerlo en silencio o en voz alta. No te saltes ningún número, no abras los ojos, y no vuelvas atrás, pues eso sólo te hará encontrar problemas peores a los que ya tienes. Recomiendo contar despacio; mientras más tiempo tengas los ojos cerrados, menos cosas verás.
Cuando llegues a 390, escucharás al piloto diciendo a los pasajeros que se preparen para el aterrizaje. Abre los ojos. Escucharás la puerta del baño abrirse, y la mujer se ubicará a tu lado otra vez. Abandonando toda pretensión, la mujer te preguntará: “¿Eres positivo?”
Con todo el sarcasmo que puedas reunir, muestra aspecto de considerar su pregunta por unos segundos, pero finalmente responde que si, casi como si estuvieras frustrado con su impaciencia.
Si hiciste todo bien, ella alcanzará su bolso y te dará una brújula que parecerá apuntar erráticamente a todas direcciones, a menos que sepas cómo funciona.

La brújula es el Objeto 390 de 538, y siempre apuntará hacia Su reunión.

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