Permítenos presentarnos.
Somos los Caídos; los olvidados, los muertos y el pasado.
Nosotros, como tú, Buscador, hemos tomado decisiones que han impactado a otros,
elecciones que cambiaron vidas, y tomado oportunidades que nos han dejado sin
nada. No somos tan diferentes, dirigidos por la misma avaricia, guiados por el
mismo deseo. Ahora no tenemos edad, amor, ni la más pequeña pizca de esperanza.
Es decir, hasta que llegaste tú, querido Buscador.
Nosotros una vez viajamos por instituciones mentales y
otros lugares como lo has hecho tú, preguntado las cosas que tú has preguntado,
y obtenido lo Objetos que tú llevas ahora. Ahora residimos en un lugar
indefinido. Un vacío, cuya ubicación nunca permanece constante.
Cuando llegues a la institución mental que escojas, susurra
al recepcionista que quieres ver a El Portador de los Hallados. Él o ella
se moverá hacia atrás, como si estuviera gravemente herido, derribando
colecciones de bolígrafos y lápices, bandejas de papeles, el pequeño reloj y su
marco de fotos, los cuales chocarán en el suelo, rompiéndose en mil pequeños
fragmentos repartidos. A medida que su cuerpo ahora ennegrecido poco a poco
comienza a deslizarse por la pared detrás, mira a sus ojos vacíos. La oscuridad
– el vacío – de sus ojos lentamente te consumirá, dejándote ausente de
pensamientos o acciones. Ahora estás Perdido en la Oscuridad.
Cuando tu cuerpo se rematerialice, te encontrarás en un
lugar muy inquietante. El Vacío dominante en el que estás es un corte profundo
en la existencia, la vacuidad de la realidad. La fuerza vital que sustenta tu
alma se habrá comenzado a escapar de ti, disminuyendo lentamente la longitud de
tu vida, mientras comienzas a envejecer rápidamente. No te quedes demasiado
tiempo. Cerca de ti verás un mar de esqueletos, desesperados por alcanzar cualquier
atisbo de vida con la cual mezclarse. Si una de tus piernas es alcanzada, tu
cuerpo la seguirá, hundiéndote entre el mar de huesos, y tu transformación se
completará, uniéndote a nuestras filas, junto a los Caídos.
Si puedes evitar esta muerte extemporánea, el Sol Oscuro
sobre ti iluminará con un tono sombrío de rojo una sección del mar de
esqueletos. Un ruido sordo empieza a vibrar el Vacío aparentemente inamovible,
y un gran esqueleto se levantará. Lentamente aproximándose a tu ubicación,
notarás que no se trata de un esqueleto ordinario. Sus colosales huesos se han
tornado negros como el polvo, una maldición de épocas antiguas. Sus ojos
parecerán lagos de nada, atacando con desesperación mientras llama por tu alma.
Permanece atento, pues estarás ante la misma Muerte. Antes de perderte a ti
mismo en el trance malvado del coloso, pregúntale: ¿Cómo pueden ser
encontrados?
La muerte entonces comenzará su terrible y espantosa
carcajada, aplanando el mar aterrador por debajo de ti, resonante de la misma
la nada que es su Vacío. Toda esperanza debería dejarte por ahora, dejándote
sólo con desesperación. Mirando directo en tu alma, la Muerte te explicará cada
historia sobre la caída de cada Buscador antes que ti, que tan horrenda fueron
sus muertes, y cómo ahora residen con Él. Pero con este conocimiento, no serás
permitido escapar de estos dominios. Él estrechará su dedo huesudo hacia tu
cuerpo ya débil y frágil. Sé advertido: sólo un toque suyo te matará al
instante, uniéndote al mar de muertos que presenciaste. La única forma de
escapar de sus garras es reunir los restos agonizantes de tu fuerza vital para
sostener el Noveno Objeto. Su
dedo se detendrá, pues la Muerte sabe que tu fallecimiento no será llevado a
cabo por su propia mano. Todo se desvanecerá en negro, y tu última mirada será
el rostro de la Muerte.
Estarás en una celda de la institución mental, atrapado en
una camisa de fuerza. A tu lado, una bola de cristal agrietada, desgastada y
manchada de sangre.
Esa bola de cristal es el Objeto 401 de 538. Cuando llegue
la hora, responderemos tu llamado. Los Caídos nos alzaremos una vez más.
402. El Portador de la
Esperanza Perdida.
El siguiente extracto fue escrito sobre una nota
ensangrentada, encontrada en un baño público:
“Mi nombre es Zacarías, y soy un Buscador. No tengo mucho
tiempo, ellos vienen por mí. Sólo cometí un pequeño error, y ahora están tras
de mí. He dedicado mis últimos respiros para asegurarme que nadie más
enfrentará mi destino. Al menos nadie que sea tan tonto como para buscar la
Esperanza Perdida.
Fui donde un indigente y le pregunté si conocía a alguien
llamado El Portador
de la Esperanza Perdida. No necesariamente debe ser un indigente,
puede ser cualquier persona que haya perdido, ya sabes, toda esperanza, como
alguien que haya intentado suicidarse. De cualquier forma, la persona asentirá
y señalará una puerta detrás de él.
La puerta dará paso a una gran ciudad. Al menos lo fue en
un momento; ahora son tierras devastadas. No sé qué ocurrió con ella o sus
habitantes, pero no creo que haya sido muy bonita. La cuidad era un poco
laberíntica, como todas, y no sería prudente ir allí sin saber a dónde
ir. Había encontrado direcciones en un libro impoluto. No tengo el tiempo
para dárselo a ustedes, así que tendrán que encontrar el libro por su cuenta.
Eventualmente, la direcciones me llevaron hacia un
departamento. Entré y me dirigí directamente a la habitación 402.
Dentro, había un anciano sentado en un escritorio
escribiendo sobre un pedazo de papel. Estoy dispuesto a apostar que la pluma
con la que estaba escribiendo era el Objeto 402, aunque no estoy completamente
seguro. Se veía y sonaba amable y gentil, así que bajé la guardia.
Al contrario de muchos de los demás Portadores, este hombre
conversará contigo, y pasarás un buen momento parlando con él (añado que este
no fue mi error, si es lo que estás pensando). Luego de una hora, pronuncié la
pregunta que tenía que hacer: ¿Hay esperanza?
La respuesta del hombre podría haber vuelto loco a mucha
gente. Diablos, hubiera deseado haber enloquecido ante ello, porque eso
significaría que las cosas me persiguen no son reales.
Fue cuando terminó el momento en el que hice mi error
fatal. Hagas lo que hagas, bajo ninguna circunstanc…”
No se ha encontrado ningún cuerpo.
403. El Portador de los Muchos.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier
teatro o cine a donde puedas llegar. Cuando llegues a la boletería, pregunta
por ver a El Portador
de los Muchos. Si la sonrisa del trabajador se torna en una mirada
de incredulidad, dile: “Mi audiencia me espera, y su paciencia se agota”.
Entonces comenzará, como si saliera de un trance y señalará
una puerta en la cabina. Cuando la abras, será recibido por un corredor
sombrío, así que asegúrate de cerrar la puerta despacio una vez
entres. Avanza por el pasillo, caminando con paso firme. No desfases tus
pasos, pues una hueste creciente de condenados comenzarán a seguirte.
No te atrevas a mirarlos, y no hables. Si llegaras a
reconocerlos de alguna manera, estas bestias caídas comenzarán a murmurar;
siseos oscuros en una lengua hace mucho muerta. La única manera de salvarte
ahora es decir en voz alta y clara: “Cuando todos hayan llegado, todos recibirán la oportunidad
que se les debe”.
Si lo dices mal, o permaneces en silencio, deberás correr.
Corre y reza a quien sea por que el final del pasillo esté cerca. Allí habrá
una puerta. Mientras te acerques, un completo silencio te rodeará. Entra.
Un hombre te estará esperando, un uniforme de un viejo
acomodador colgando de su cuerpo enflaquecido. No rompas el silencio, pues él
tiene el poder de arrancar la carne de los huesos. Sin hacer sonido alguno,
apuntará hacia unas escaleras cercanas. Asciende a través de ellas. Saldrás
sobre un escenario iluminado, frente a una audiencia masiva. Cada miembro
de esta innumerable multitud aparece sin vida, desecado. Todos se centrarán en
silencio sobre ti.
Deberás actuar. No puedo decirte qué hacer para influir en
ellos, porque cada acto será único para el que lo crea. Que sepas esto: será la
expresión más pura de la inspiración jamás concebida, o será tu muerte. En caso
de fallar, la gente acometerá sobre el escenario, gritos de furia que el mundo
espere nunca se conozca resonarán desde sus rostros congelados. Ellos te
rodearán y torturarán tu alma por toda la eternidad, con el asco y repugnancia
grabadas en sus rasgos sin vida.
Cuando termines, haz una reverencia y cierra los ojos.
Espera que ellos te hayan aceptado. Si tuviste éxito, los Muchos se levantarán
y comenzarán un ensordecedor aplauso que te sacudirá hasta el interior. No te
muevas. Ellos son seres volubles, y moverse es invitar a su ira. Luego de un
rato, los aplausos cederán, provocando un silencio tan profundo como el
ruido que te inundó.
Mira al mismo acomodador ante ti. Te dará un micrófono;
tómalo. Responderá con una triste sacudida de su cabeza. Debes ahora mirar a
los Muchos y preguntar: ¿Por qué deben ser tantas las piezas?
Involuntariamente, comenzará a ver cada acto malvado que
haya ocurrido en el nombre del entretenimiento, No llores, no derrames ni una
lágrima, por hórridas que puedan ser estas cosas. Porque si interrumpes tu
actitud calmada entonces cada cosa que has presenciado te va a pasar, una y
otra vez, por toda la eternidad. Cuando el torrente de imaginería finalmente se
detenga, estarás frente al cine o teatro a donde hayas ido, ahora mal cuidado,
rodeado de mala hierba y abandonado. A tus pies estará una máscara tragicómica.
Tómala; para bien o mal, ahora es tuya.
Esta máscara es el Objeto 403 de 538. Los Muchos están
observando cada uno de tus pasos: Mantenlos entretenidos.
404. El Portador de los
Desaparecidos.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier
institución mental o centro de reinserción social a donde puedas llegar. Con un
rostro y actitud llenos de confianza, acércate rápidamente a la recepción de la
institución y pide los archivos de una persona – cualquier persona, el nombre
no importa – y espera un momento. Si el nombre que diste existe actualmente en
los registros, inmediatamente vete del lugar. Cuando el empleado te diga que no
se encontraron los archivos, insisten en que siga buscando, al cabo de unos
minutos de probar su paciencia, pídele ver a su supervisor o a una persona de
mayor autoridad.
Serás llevado ante el supervisor, un viejo y canoso hombre
cuya calva parece como si estuviera pulida. Te preguntará por tu propósito, y
deberás de inmediato preguntar por ver a El Portador de los Desaparecidos.
Cuando pronuncies la última palabra, sentirás un escalofrío, como si ojos
invisibles se giraran a mirar hacia ti. Esta sensación no te abandonará durante
esta búsqueda. El anciano mirará a tus ojos por un momento y te pedirá que lo
sigas. A dónde te dirija dependerá si fuiste considerado digno o no; te llevará
a través de la puerta por la que entraste si no es así, y no sería prudente
volver a intentarlo.
Si eres considerado digno, serás llevado a una habitación
en la parte posterior del edificio, pasando muchas puertas, bajando por un gran
corredor con vueltas agobiantes extrañamente situadas. Deambular por este
camino causa mareos, pero no te dejes caer. Eventualmente, el hombre
abrirá una puerta que conduce a una habitación cuyos muros están alineados con
estantes de madera, cubiertas en frascos de vidrio de variados tamaños, llenos
de varias sustancias, etiquetadas con los nombres de varias personas que
podrías o no haber oído, algunas de las cuales contendrán lo que parecen ser
órganos; aunque estaría en apuros para encontrar cualquier estudioso que
pudiera identificar a la criatura de las que provienen. Él te señalará que
entres; hazlo rápidamente. Desde el momento en que tu pie golpee el piso del
interior, sentirás un poderoso viento soplar desde detrás tuyo, cerrando la
puerta y dejándote dentro.
Las diferentes sustancias mantenidas en los frascos
comenzarán a rezumar lentamente hacia fuera de las tapas, como si se
desbordaran; algunas de ellas gorjearán los ruidos más grotescos que jamás
hayas oído. Algunos de estos sonidos nunca te abandonarán, por siempre grabados
en tu oído interno. Los frascos se sacudirán en los estantes, cayendo al piso;
las sustancias derramadas devorando el suelo mientras se propagan. Los hedores
y gases soltados harán dificultosa la respiración, y el fango en el piso
asumirá colores más viles y repugnantes que los que la mente humana puede
imaginar. Si eres abrumando por el hedor y la vista, serás cubierto y consumido
por la mugre rastrera.
Deberás encontrar el único frasco vacío, uno que está etiquetado
con tu nombre y nada más. El frasco en sí es probable que esté a tu derecha,
pero eso no está garantizado. En la parte inferior de la tapa de este frasco
estará pegada una llave, que es la de la puerta cerrada detrás de ti, hacia tu
libertad. Una vez abras el frasco, desatarás el dolor más horrible e intenso
sobre tu cuerpo, se sentirá como si todos tus órganos internos estuvieran
siendo cortados y arrancados de tu interior, tus pulmones se sentirán como si
estuvieran siendo exprimidos hasta ser vaciados, tu corazón y tu pecho
quemándose con una violencia terrible, y es probable que vayas a toser una
sustancial cantidad de sangre. Tu visión se volverá borrosa, y sólo observarás
puntos y manchas. No importa lo que ocurra, si sientes como si fueras a vomitar,
hazlo en el frasco; no debes permitir que ninguna parte de ti se pierda de esta
sala.
Haz tu camino hasta la puerta, rápidamente inserta la llave
y gírala. Cuando escuches el mecanismo del seguro, empuja la puerta (el pomo no
girará) y estarás en la calle opuesta donde estaba la institución. Mira el
frasco, ahora en vez de tener escrito tu nombre, dirá “404″ como si hubiera
sido garabateado a toda prisa con un marcador permanente de color rojo sangre.
El frasco es el Objeto 404 de 538. Mantenlo vacío: lo que
alguna vez contuvo debería permanecer siempre ausente.
405. El Portador de la Pereza.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier
institución mental a donde puedas llegar, precisamente en el solsticio de
invierno. Debes ir a medianoche. Si has llegado al lugar correcto, la puerta
estará abierta para ti. Entra despacio y camina hacia el escritorio principal,
haciendo sonar la campanilla tres veces. Un miembro de personal en pijama
aparecerá y, con clara somnolencia, te dirá que ya ha terminado el horario de
visitas. Te pedirá que te vayas. Entonces deberás decir que deseas visitar a un
paciente el cual es llamado El Portador de la Pereza.
El trabajador tomará una pausa, y soltará un suspiro. Será
uno muy largo y profundo, el cual alcanzará tus oídos y sentirás las pesadas
cadenas del sueño tirando de tu mente, amenazando con arrastrarte abajo hacia
la oscuridad. Resiste todo lo que puedas si quieres volver a ver la luz del
sol. Será una prueba inmisericorde mantenerse despierto, y si lo logras, el
trabajador te llevará hacia un oscuro pasadizo que conduce hacia abajo.
Cuando alcances una pesada puerta de metal, la abrirá y una
vez estés dentro, la cerrará. Este lugar es aún más oscuro, con puertas de
celdas en ambos lados, cuyas ranuras enrejadas en ellas no revelan nada
más que el infinito vacío negro. Al final se encuentra la última celda, aquella
que buscas. Si hay aunque sea una tenue luz sobre la puerta, tu suerte ha
acabado. A menos que tengas las piernas de un corredor olímpico, no podrás
escapar a tiempo de la instalación; tu tormento nunca acabará.
Si la puerta está oscura, podrás entrar. La celda estará
vacía, excepto por una mesa redonda en el centro, la cual estará iluminada, sin
importar que no haya una fuente de luz existente. Sobre ella estará sentada una
adolescente de piel pálida y cabello blanco, con un gran collar en su cuello,
encadenado a la mesa. Ella te mirará lastimosamente, pidiendo piedad. Ten
cuidado, esto a resquebrajado a muchos Buscadores que han llegado hasta aquí.
Pregúntale: ¿Van a dejar de buscarnos?
Ella se levantará y te contará una historia. Te hablará
sobre todas las horribles cosas que han ocurrido a lo largo de la historia del
mundo, las cuales han sido evitadas por la apatía y la inacción de la humanidad.
Todos los más viles crímenes que han quedad ignorados y sin castigar. Cada
tétrico detalle saldrá de sus labios, explicando también sobre las grandes y
majestuosas cosas que los humanos habrían logrado si lo hubieran intentado
mejor, en detalles tan íntimos que sólo alguien que tenía conocimiento
innegable podía hablar de ellos. Estas son maravillas y logros que podrían ser
celebrados por gente de todas las razas y credos, si tan sólo la gente se
hubiera esforzado más.
Si logras mantenerte cuerdo, serás uno de los pocos, pero
aún no ha terminado tu prueba. La chica se acostará y te pedirá que la dejes
sola, pues la historia que ha contado ha drenado sus huesos de energía. Ahora
deberás tomar la cadena y tirar. Se soltará fácilmente de la mesa, pero permanecerá
firme al collar. Tira con todas tus fuerzas, ya que la chica pesa más de
lo que parece.
Ella gritará y se resistirá, mientras la arrastras fuera de
la mesa y de regreso por el corredor, pero no le prestes atención. Ella se
clavará al suelo hasta el punto en que sus dedos serán destrozados, pidiéndote
que la dejes en su celda, sollozando la crueldad que has demostrado sacándola
de su lugar seguro. Mientras avanzas por el pasillo, trozos de carne serán
arrancados de su cuerpo mientras se desliza sobre el suelo, y sus gritos de
agonía perforarán tu alma. Sus tejidos se arrancarán de sus huesos y dejarán un
rastro de sangre, pero debes alcanzar la puerta a toda costa, nunca soltando la
cadena de tus manos.
Cuando llegues a la salida, todo lo que quedará de ella
serán un cráneo y su espina dorsal, cubiertas de sangre. Finalmente, el collar
se romperá, liberándote de los restos ruinosos. Ponerte el collar es asegurarte
que nunca más serás movido de nuevo.
El collar es el Objeto 405 de 538. Aunque intentes construir
una fortaleza para protegerte de Ellos, sólo habrás erigido tu última tumba.
406. El Portador del Desde
Entonces.
Cualquier niño que tenga el más mínimo atisbo de
imaginación, capricho y la fantasía ha tenido algún tipo de contacto con el Portador
del Desde Entonces. Sólo existe en el dominio de un universo compacto creado a
partir del enfoque combinado y la imaginación de millones de niños de todo el
mundo; un universo creado por pura inocencia antes de su pérdida a la
realización de los horrores de este mundo que viene con la madurez.
Para entrar en el reino, tienes que esperar hasta la
medianoche de Halloween o Navidad, que son las únicas fechas en las que la
imaginación de los niños corren salvajes, libres y sin inhibiciones que puedan
crear una conexión lo suficientemente estable desde nuestro mundo al del Portador.
Ve a cualquier lugar que evoque tus más preciados recuerdos
de infancia, ese lugar especial que, como niño pequeño, fue tu santuario, tu
refugio, donde tu imaginación gobernó sobre todo lo demás. Trae un pizarrón
contigo y ponlo en el centro de la zona. Sobre sus bordes, dibuja estrellas,
cohetes, lo que tu imaginación genere. Debes realmente disfrutar de este acto,
disfrutando de los mejores recuerdos de tu infancia. Es de suma importancia que
nunca traigas pensamientos negativos, por razones explicadas más adelante.
Cuando estés lleno a rebosar de alegría infantil, escribe
sobre el pizarrón: Como niño, yo creía, pero la madurez transformó mis
sueños en pesadillas. Me gustaría volver a soñar. A continuación,
coloca la tiza en la pizarra y cierra los ojos. Espera hasta oír el rasgueo de
la tiza en la pizarra y espera a que cese por completo antes de abrirlos.
La pizarra responderá: “Sueña conmigo y lo verás…”
Frente a tus ojos, verás muchas cosas perdidas hace tiempo
en los lugares más recónditos de tus recuerdos de infancia, atrayéndote,
llamándote. No prestes atención, y procura dormir. No importa qué tan
tentadores sean, ofrecen promesas de revivir tu mundo de infancia, pero sólo desean
engañarte. Si no logras dormir, nunca más podrás disfrutar de una noche de
sueño reparador por el resto de tus días. Sólo soñarás con las muertes que
ocurrirán a todos los que amas y nunca serás capaz de salvarlo. No intentes
tratar de hacerlo, eso sólo tiende a hacer esos sueños más probables de ocurrir
en realidad.
Si logras quedarte dormido, reaparecerás en tu cama, una
hora después de tu viaje. Tendrás mucho sueño. Si realmente disfrutaste la
experiencia, evocarás los más eufóricos momentos de tu infancia, aquellos
instantes donde no existía la maldad. En cambio, si permitiste dejar pasar un
sólo pensamiento negativo durante ésta, tendrás pesadillas sobre los momentos
más terribles de tu vida, aumentados diez veces. Considérate afortunado si logras
sobrevivir al paro cardíaco que con gran probabilidad podrían provocarte antes
de despertar.
Independientemente de esto, a la mañana siguiente
despertarás para encontrar sobre tu pecho una primera impresión original del
libro Alicia en el País de las Maravillas. En sus páginas están garabateadas
numerosas ecuaciones matemáticas de origen y propósito desconocidos.
El libro es el Objeto 406 de 538. En él se encuentran los
destinos de todo lo que existe en el universo. ¿Te atreves a encontrar el tuyo?
407. El Portador de la Fortuna
Buscador:
Yo soy aquél que buscas ahora. Debes saber que, pase lo que
pase, nunca deben ser reunidos, pues el mundo como lo conocemos depende
únicamente de ti. Fui como tú una vez, cazando estos Objetos sin siquiera una
pista de lo que pasaría luego de cada prueba. Mi coraje se desvaneció poco a
poco mientras que mi viaje se extendió durante años. Me tienes que encontrar,
Buscador, porque yo sigo siendo humano, aún sano, a la espera de alguien que me
sustituya o termine con mi vida.
Debes ir a un banco, cualquiera servirá, pero sólo diez
minutos antes de su cierre. Todos menos uno de los trabajadores se quejará por
tu llegada tan cerca del cierre. Es con él con quién debes hablar. Buscador, tu
género importa; pues si el trabajador es de tu mismo género, te arrastrará al
Infierno cuando te acerques. Deben ser de géneros opuestos. Inicia una
conversación jovial relacionado con cualquier cosa. Hazle sonreír y
pronto, reirá con deleite. Todos los trabajadores se irán, dejándoles solos. La
conversación morirá pronto y tu interlocutor se volverá desconfortado con tu
presencia. Entonces deberá preguntarle por verme, tu siguiente Portador.
Esto no le parecerá extraño, y te llevará a la bóveda.
Podría ser imposiblemente pequeña, o grotescamente grande, pero sólo importará
que escojas bien la llave que te darán. El trabajador te acompañará dentro y se
irá después de bloquear las puertas.
Las sombras que podrías ver te estremecerán hasta los
huesos, como hicieron conmigo, pero no les prestes atención; ellos pueden
materializarse usando tu fuerza vital. No hay nada como correr de algo que
temes en la oscuridad, debería saberlo, como deberías tú también.
Si miras al suelo, caerán monedas y se alinearán en el
suelo. Sigue las monedas de menor valor; ellas te guiarán a mi puerta. Usa la
misma llave que tomaste previamente para desbloquear la puerta. Los demonios no
pueden tocarme ahora, y pronto, entrando en mi habitación, deberías estar bien,
pero nunca lo olvides, aún están cerca, esperando que cometas un error.
El Portador de la Fortuna anterior es un hombre obeso
mórbido, vestido con un traje de lujo, comiéndose un banquete que podrías
alimentar a un ejército. Parecía engordar más con cada mordida y su traje
estaba manchado en exceso con migajas y refresco. La mesa en la que está
sentado está sobrecargada de licores y comestibles que no podría describir, por
lo antiguos que se veían.
Él habló con humildad entre bocado y bocado, y me preguntó
sobre mi mayor deseo, la misma pregunta que debo preguntarte, Buscador, cuya
respuesta no debes proporcionarme, pues tu vida depende de ello, al igual que
la mía. El gordo sonrió de oreja a oreja, y todo lo que recuerdo es que estaba
sentado en su mesa, ahora vacía, esperando a que mi vida a menguara en nada más
que una chispa.
Una vez entres, verás la mesa vacía y a mí, el nuevo Portador.
No estoy vestido en un traje, y estoy en el cenit de la desnutrición, pero
continúo viviendo miserablemente. Mis ropas consisten en harapos que podrían
confundirte, pero mantén tu coraje. Yo te saludaré con una sonrisa tímida,
y te haré la pregunta que decidirá tu destino. No hay palabras que deban salir
de tus labios: ganarás mi deber. Voy a sonreír, pues ya has pasado. Por favor,
toma mi vida una vez que lo recibas. Te lo ruego, Buscador.
Sigue las monedas de más alto valor en el banco
rápidamente; las sombras ahora serán bestias sin temor a atacarte, pues están
hambrientas. Nunca regreses a ese banco. Hacerlo te vaporizará, y te
convertirás en el nuevo Portador.
Por
favor, Buscador, debes continuar, pues tu camino no está cerca de terminar.
El Objeto
que has recibido es una moneda sin valor. Es el 407 de 538. Mantenlo cerca,
Buscador, podrías necesitarlo pronto.
408. El Portador del Mañana.
En
cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución mental o centro
de reinserción social a donde puedas llegar. Cuando alcances el escritorio
principal, pregunta por visitar a El Portador del Mañana. Una mirada de
total confusión debería abrumar al trabajador, y de una forma muy tosca, sacará
del mostrador una pequeña y oxidada llave dorada, señalándote un casillero
igual de oxidado en la esquina del vestíbulo. La llave calzará perfectamente,
pero el casillero por si mismo pondrá algo de resistencia. Dentro de él debería
haber una flauta, en perfectas condiciones pero aún así pareciendo tan antigua
como el tiempo mismo.
Una vez
tengas la flauta, vete del edificio. Para tu sorpresa, verás que no hay ningún
edificio tras de ti una vez salgas. Sin embargo, te encontrarás entre los más
altos acantilados áridos, contemplando el azul profundo del cielo que cubren el
desierto sin fin ante ti. Un vendaval soplará, arrancando todo de las raíces a
tu alrededor. Busca seguridad o el poderoso vendaval te arrastrará hasta el
infinitamente largo acantilado, donde enfrentarás horrores en los que ningún
mortal debería posar sus ojos.
Verás que
mientras el tiempo pasa, el vendaval se hace más fuerte. Quizás disminuya en
media hora, o en cinco horas. Nadie sabe qué afecta la duración de estos vientos,
pero sólo una cosa es cierta: la flauta sólo resonará sus notas a lo largo y
ancho del paisaje ante ti si las tocas cuando la ventisca esté en su clímax. Si
lo haces correctamente, las notas resonarán a través del cañón por leguas. Los
vientos te levantarán, sin importar cuánto te resistas, y serás elevado a
través del cielo. A la deriva en una capa de aire caliente, la escena azul
profunda trascenderá a una noche negra estrellada, aunque completa en su
oscuridad, relajante. En algún lugar, más allá de las estrellas, una figura se
forma, en su blanca presencia, iluminando la noche, descendiendo hacia tu
refugio.
“Es algo, ¿no?” El hombre blanco dirá en tu oído. No te engañes por
su naturaleza amistosa, pues eso quiere que creas. Por dentro, el sólo desea
que te confíes para que pueda atacarte cuando menos te lo presentes,
consumiendo tu alma y dejando tu cuerpo como una cáscara por el resto del
tiempo, vagando en la vacuidad de su reino. En vez de eso, vuélvete a su rostro
brillante y pregúntale: ¿Y qué hay del Mañana?
Su
esencia lentamente se tornará a un grotesco cadáver negro, ausente de toda vida
y luz, y como un títere sin vida encordado, será dirigido hasta los cielos,
hasta la estrellada imagen sobre ti y dibujará con ellas todas las
posibilidades de Su regreso y las catástrofes del mundo del mañana. Ten en
cuenta que las imágenes te darán pistas vagas de lo que el mundo puede traer.
No interpretes esos mensajes, pues el mero conocimiento de aquello que no
existe te volverá loco. Los vientos que te sostienen cesarán, dejándote a
merced del abismo a tus pies. Antes de enfrentar tu oscuro fin, toca la flauta
con toda la fuerza que te permitan tus moribundos y vacíos pulmones. Mientras
te aproximas al suelo, las notas harán eco y resonarán, formando una inmensa
oscuridad a tu alrededor. Mientras caes en esta oscuridad, cierra tus ojos y no
respires, pues ahora existes en el Oscuro Vacío.
Volarás
por la nada, la cual te rodeará y amortajará tu visión, la flauta comenzará a
brillar e iluminará un camino más allá. Mientras la luz alcanza el final del
oscuro túnel, la flauta será destruida por la completa oscuridad, cuyos
fragmentos estarán por siempre esparcidos en el Vacío. Estos cristales se
perderán en la negrura absoluta, pero uno regresará, teñida con la oscuridad
que la trajo. Con el sólo hecho de mirarla te hipnotizarás, pues tan profundo
como mires la nada podrás ver que hay algo más allá de ti.
El
fragmento infinitamente oscuro del Vacío es el Objeto 408 de 538. Aunque
intentes mirar a través de él tanto como puedas, los secretos del Mañana nunca
se revelarán a ti por sí mismos.
409. El Portador de la
Humedad.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier hospital a donde
puedas llegar. No entres. Debería haber un exuberante jardín frente al
edificio. Si no es así, entonces busca otro Objeto en este lugar. Si hay una
jardinera trabajando, habla con ella, cualquier cosa que digas estará bien.
Tomará una rosa roja y te la dará. Ahora podrás entrar. Si la flor es de
cualquier otro color, no entres bajo ninguna circunstancia, o tu muerte será
inminente.
Pregunta al trabajador de recepción por ver a El Portador de la
Humedad. Sonreirá e intentará darte la mano. No le des la
satisfacción de regresarle el saludo o sonreír; permanece sin emociones. El
trabajador perderá su sonrisa rápidamente y te guiará a ti y a la jardinera a
una puerta que conduce hacia un pasillo bien iluminado. La puerta será de un
azul brillante, diferente a las otras puertas de la instalación. Se abrirá, y
la jardinera entrará antes que tú. El trabajador cerrará la puerta. Espera
cinco minutos exactos en ese lugar sin hacer ningún ruido. Si la jardinera
habla, no respondas. Hacerlo provocará una resonancia en tu carne que la
desgarrará de tus huesos, mientras tu voz se convierte en el verdugo de tu
miserable pérdida por el resto de la eternidad. Entra por la puerta una vez
haya terminado la espera.
Este nuevo pasillo estará iluminado sólo en su centro, sigue la luz. Los
muros están recubiertos de moho y el suelo está resbaladizo por agua oscura. El
techo está filtrándola constantemente. Si una gota cae sobre ti o sobre la
jardinera, regresa por donde viniste, de no hacerlo el techo colapsará,
ahogándote en un sin fin de líquido sombrío, drenando tu ser y transmutando tu
sangre hasta hacerla parte de más de esta agua. Ahora bien, si el agua los
rodea, continúa hacia la luz.
El camino llegará a su fin y no habrá puerta del otro lado. Un vaso de
agua clara estará encima de un escritorio. Toma la rosa de la jardinera y ponla
allí. Procura que el agua no se ponga oscura, pues será tu sentencia de muerte.
Hórridos y frenéticos especímenes del inframundo vendrán por ti, desesperados
en una hambruna ciega por devorar cada pedazo de tu cuerpo hasta dejar tu
esqueleto impoluto. Pero si el agua permanece clara, quita la rosa y lánzala a
la pared detrás, quebrándola como si fuera vidrio. La jardinera avanzará a
través de los escombros y te señalará que vayas adelante. No tomes su mano,
pero síguela de cerca.
El césped en este nuevo ambiente está brillando por el rocío y está
rodeado de flores y follaje de todo tipo, pero el aroma emitido huele a muerte
y pronto, cada gota de rocío se volverá rojo sangre. La jardinera encontrará tu
mirada, pues ella es el Portador de la Humedad. No quites los ojos de ella cuando te
pregunte si vas a ayudarle a atender el jardín. Responde con otra pregunta, ¿Qué será de mí después de mi viaje?
Ella fruncirá el ceño, pues ve tu futuro sombrío, y evitará tu pregunta
completamente. Has comenzado a agradarle desde que comenzaste esta búsqueda y
teme que si te cuenta de tu futuro podrías renunciar a todo. Ella entonces te
contará de los Objetos perdidos y cada uno de sus Portadores con detalles
horribles que te mantendrán desplazándote hacia la locura. Los horribles detalles
se filtrarán en tu alma y se mantendrán anquilosados en tu interior hasta que
termine. No apartes la mirada de sus ojos hasta que ella te pregunte qué
piensas de ella. Sólo debes responder “Gracias”. Si cualquier otra cosa deja tus labios, su furia será
asesina. Ella se convertirá en una criatura infernal y la tierra te tragará
como demonios tirando de tus pies.
Ella va a decirte adiós con un beso ligero mientras coloca un frasco de
agua en tus manos que sacará del bolsillo de su abrigo. Aférrate a él con
fuerza porque una ola masiva de agua fluirá detrás de ella, golpeando tus pies
y dejándote inconsciente. Despertarás en el exterior del edificio; el
exuberante jardín se ha ido, así como toda la vida desde el interior.
El frasco de agua clara es el Objeto 409 de 538. Nunca va a saciar
su sed.
410. El Portador del Progreso.
En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier
institución mental o centro de reinserción social a donde puedas llegar. Habla
con cualquier trabajador que veas dentro y pregúntale si puedes ver a El Portador del Progreso. El
trabajador debería dejar escapar un suspiro de exasperación y comenzará a
reprenderte por tu tardanza. Una vez que haya terminado, te dirigirá hacia un
oscuro pasillo que termina en una escalera de hormigón. El trabajador dirá
entonces: “Ellos
han estado esperando por ti”, dará media vuelta y se alejará. Sigue
las escaleras.
Mientras desciendes dentro de lo que parece ser el sótano,
un pequeño ruido de metal siendo moldeado comenzará. Este sonido estará acompañado
del silbido del vapor y un gran calor. Eventualmente, las escaleras terminarán
en una plataforma con un conjunto de puertas dobles. Aquí, el sonido y el calor
serán mayores, casi llevándote a la locura. Una vez entres por las puertas, te
encontrarás en una fábrica sin personal ni materiales en bruto, sólo maquinaria
trituradora.
En tu camino por la fábrica, encontrarás a un hombre ciego
desesperado por reparar una máquina rota. Te sentirás abrumado por las ganas de
ayudarlo. No te detengas a prestar ayuda, en el momento que lo hagas no
desaprovechará la oportunidad de arrancar tus sesos con sus herramientas.
Luego, encontrarás a un segundo hombre atrapado en una máquina, lenta e
inexorablemente siendo arrastrado hasta su muerte. Otra vez, la incitación de
asistirlo vendrá, y deberás negarla. No dejes que nada te refrene continuar
avanzando. No lo ayudes si no quieres tomar su lugar. Finalmente llegarás a un
gran horno, donde un hombre intenta abrir la escotilla para echar carbón con la
pala. Tres veces te pedirá ayuda, y deberás ignorarlo las tres veces. En el
segundo que lo ayudes, la escotilla se abrirá sola y estarás envuelto en
llamas.
Luego de la tercera vez, el hombre se irá disgustado,
gentilmente intentando abrir la escotilla. Si no la abre, vete de la fábrica,
tomando exactamente la misma ruta por la que viniste. Si la abre, aléjate del
horno y grita, ¿Quién los impide?
Inmediatamente, la fábrica se detendrá y reinará el
absoluto silencio. Las llamas en el horno arderán y tu mente será sacudida con
visiones sobre cada hombre, mujer o niño que buscó y buscará los Objetos para
prevenir que sean reunidos. Recuérdalos y témeles, pues ellos no se detendrán
ante nada para prevenir su Reunión, ni dudarán en liberarte de cualquier Objeto
que poseas. Una vez que las visiones hayan disminuido y las llamas hayan
muerto, dirígete al horno y toma la rueda dentada de plata que debería estar
entre el carbón ennegrecido. Deja la fábrica lo más pronto posible.
Ningún objeto o artilugio mecánico le fallará nunca al
portador de la Rueda
Dentada de Plata, de esa forma su viaje nunca será retrasado
o impedido.
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